Psicología evolutiva

Introducción

Hasta no hace mucho el personal sanitario se ocupaba principalmente del padecimiento físico de los pacientes. Hoy no se admite que sólo atiendan este aspecto pues ha quedado muy claro que condujo a una absoluta deshumanización de la atención sanitaria. La tecnificación permitió el diagnóstico precoz de muchas enfermedades, la mejora en los tratamientos, etc., pero también llevó a un abandono de aspectos importantes en la vida del individuo. El individuo (paciente) fue en muchas ocasiones atendido como una máquina que requería una puesta a punto.

La OMS concibe al individuo como un ser físico, psíquico y social. O lo que es lo mismo, un adecuado estado de salud se consigue sin olvidar ninguna de estas facetas del ser humano. Ésta es la razón por la que es imprescindible el estudio de las ciencias psicosociales por parte de todo el personal sanitario (médicos, ATS/DUEs, TCAEs ...).

Psicología

La psicología es la ciencia que estudia el pensamiento, el sentimiento y el comportamiento del ser humano.

Hoy en día la psicología es una ciencia que trata de dar respuesta a tres preguntas referidas a la especie humana: ¿Cómo pensamos? ¿Cómo sentimos? ¿Cómo actuamos?

Cada individuo tiene sus circunstancias, experiencias y situaciones propias. El único modo de poder ayudar al paciente de una manera eficaz es ser capaces de relacionar sus sentimientos y pensamientos con su comportamiento.

Para cualquier persona todo comportamiento tiene su razón de ser. Nunca debemos tomar a la ligera las reacciones de las personas por absurdas que puedan parecernos.

La psicología es una ciencia que tiene poco más de un siglo de vida. Un hecho que muestra su juventud es que el primer laboratorio de psicología se fundó en 1879 (Universidad de Leipzig, Alemania).

Después de desarrollarse a partir de otras disciplinas como la filosofía, la fisiología, la biología, la psiquiatría, la sociología, la estadística, etc., hoy en día la psicología goza de reconocimiento y autonomía.

Psicología evolutiva

Al igual que sucede en la mayoría de las ciencias, la psicología también tiene sus ramas o especialidades: psicología del aprendizaje, psicología social, psicología industrial, etc. Una de ellas es la Psicología Evolutiva.

La psicología evolutiva estudia los cambios y la evolución del comportamiento y del pensamiento a lo largo de nuestra vida. Es de todos sabido que no nos comportamos, ni pensamos, ni sentimos del mismo modo con quince años que con cincuenta y cuatro.

Como profesionales sanitarios saber determinados aspectos de esta rama nos permitirá realizar una mejor atención y comprensión de nuestros pacientes.

¿Nos comunicaremos de la misma forma con un niño que con un anciano? ¿Trataremos a un adolescente como si fuera adulto? Intuitivamente y sin necesidad de estudiar psicología, sabemos que no. Pero no basta con la intuición. Debemos conocer las líneas generales del comportamiento y del pensamiento a lo largo de la vida para poder comprender la situación en la que se encuentran y poder atender mejor a los pacientes.

Las etapas evolutivas y los aspectos a tener en cuenta

Para poder estudiar la evolución del individuo se consideran cuatro etapas principales en el ciclo vital:

  1. Infancia: es muy importante para el desarrollo posterior pero no tiene por qué ser determinante. Una persona con una infancia infeliz, si las condiciones cambian, puede convertirse en un adolescente pleno y realizado. Además, una infancia feliz no garantiza una buena adolescencia, adultez ni vejez.

  2. Adolescencia: supone cambios importantes y alteraciones psicológicas.

  3. Adultez: estabilidad emocional y ausencia de cambios.

  4. Vejez: algunas destrezas empeoran; deterioro mental y físico.

Todo ser humano debe pasar, si su proceso no lo impide, por estas etapas que determinarán su desarrollo. El desarrollo abarca aspectos fisiológicos, intelectuales, afectivos y sociales.

Para estudiar cada etapa distinguimos cuatro aspectos en cada una de ellas. Estos aspectos están íntimamente relacionados, de modo que unos influyen en los otros. Al igual que las etapas del ciclo vital son un continuo, tampoco podemos separar drásticamente los aspectos fisiológicos de los intelectuales, afectivos o sociales. Estas divisiones son útiles para poder estudiar a las personas pero no debemos perder de vista que la realidad es que el ciclo vital es continuo y la persona es “un todo”, es decir, no se puede separa en cuatro compartimentos independientes (físico, intelectual, afectivo y social).

Es muy importante que en el desarrollo el individuo pase ordenadamente por las distintas etapas. A medida que se va madurando en una se irá entrando en la siguiente. El ciclo vital no es rígido sino flexible. Cada individuo requiere su tiempo para madurar y desarrollarse. Este tiempo podrá ser mayor o menor pero lo importante es no saltarse las vivencias de cada etapa. Es decir, no es nada aconsejable que por ejemplo, un niño pase a asumir responsabilidades de un adulto sin haber experimentado las propias de la adolescencia.

El desarrollo de un individuo se verá influenciado por múltiples factores (biológicos, familiares, sociales, ambientales...). Los ejemplos están a la orden del día: es muy distinta la infancia de un niño en Sudán que en Suecia, el apoyo de la familia condiciona mucho las vivencias en la vejez, etc. El desarrollo se sucede por etapas que todos los individuos deben pasar en el mismo orden pero no necesariamente en el mismo momento.

La infancia

De todos es sabido que a lo largo de la infancia se producen cambios que son rápidos y muy llamativos. Por ejemplo, entre un niño de 3 meses y otro de 11 años las diferencias son inmensas y, sin embargo, todos esos cambios ocurren en un periodo de tiempo relativamente corto: diez años y nueve meses. Por eso, para una mejor comprensión, es necesario subdividir la infancia en etapas: de 0-2 años, de 2-6 años y de 6-11 años.

El niño de 0-2 años

De 0 a 2 años se producen muchos cambios y a gran velocidad.

Cambios fisiológicos

De todos los cambios que acontecen en el funcionamiento del organismo, los que destacan son los motores:

  • Los reflejos. Recuerda que el reflejo es una acción motora involuntaria. En el recién nacido se observan los siguientes:

    • Reflejo de succión. Al acercar un objeto o un dedo a la boca del niño éste comenzará a succionar como si de una mama se tratara. Evidentemente es un acto de supervivencia pues gracias a él son capaces de succionar de la mama o de la tetina.

    • Reflejo de garra. Cuando se coloca algo en la mano el niño enseguida tiende a flexionar los dedos para agarrarlo. Es la típica situación en la que al darle un dedo nuestro al bebé se aferra a él y parece no querer soltarse. El niño de 6 meses debe tender a “soltar la garra” y si no fuera así será conveniente masajear el dorso de la mano con el fin de promover la extensión de los dedos.

    • Reflejo de marcha. Al coger al niño por las axilas y apoyarlo sobre una superficie tenderá a levantar las extremidades inferiores y dar pasos.

    • Reflejo de Moro (apellido del que lo describió). Al levantar un poco la espalda del niño y hacer como si lo dejáramos caer el niño separa y extiende las cuatro extremidades e inmediatamente después las flexiona.

  • Control del cuello. A los dos meses e incluso antes, el niño en decúbito prono debe ser capaz de levantar la cabeza y mantenerla. El peso de su cabeza en relación con el del cuerpo es considerable. Cuando superados los dos meses no se ha conseguido, hay que tenerlo en cuenta, puede que algo anormal esté pasando.

  • Mantenerse sentado. La postura debe conseguirse sin apoyar la espalda y sin caer hacia los lados. Normalmente son capaces de hacerlo hacia los 6 meses.

  • Gateo. Esta conducta debe conseguirse a los 8-9 meses. El gateo es el primer acto de coordinación de todas las partes del cuerpo y estudios recientes han demostrado que es fundamental para el desarrollo mental.

  • Bipedestación. Es decir que el niño sea capaz de mantenerse de pie sin necesidad de agarrarse. Suele conseguirse al año.

  • Marcha y carrera. El niño debe ser capaz de caminar a los 14 meses y de correr, a los 18 meses.

Cambios intelectuales

En esta etapa el niño se adentra en el mundo de las sensacio nes porque todo lo que percibe es por medio de sus sentidos. Su actividad intelectual se “reduce” a intentar identificar lo que está experimentando: ruidos, música, caricias, colores ...

Todos estos estímulos y sensaciones son imprescindibles para un buen desarrollo men tal. Por ejemplo, un niño aislado acústica y visualmente no desarrollará su intelecto de la misma forma que otro que no lo esté. Simplemente en una incubadora puede darse la misma circunstancia. Por eso, cuando trabajemos con niños de estas edades que se encuentren hospitalizados es indispensable proporcionarles atenciones adecuadas en este sentido (hablarles, acariciarles, mostrarle diversos juguetes u objetos de colores llamativos, etc).

Cambios psicosociales (afectivos y sociales)

Hasta los 2 años el niño está más que ocupado en percibir sensaciones y en adquirir independencia motora, así que difícil mente podremos hablar de personalidad en este período.

Lo que sí existen son una serie de manifestaciones con la finalidad de establecer comunicación con el mundo que le rodea:

  • Sonrisa social. Aparece al mes de vida y no hemos de confundirla con una simple mueca. Se entiende por sonrisa social cuando el niño sonríe ante la presencia de alguien que reconoce como habitual (madre, padre, hermano).

  • Llanto. Es una manifestación de queja, petición o demanda (dolor, sed, hambre, incomodidad).

  • Risa. Como manifestación placentera.

  • Falta de permanencia de los objetos y personas. Para el niño todo lo que se esconde no sólo desaparece sino que deja de existir. En su mundo únicamente existe aquello que ve y siente. Cuando nos escondemos detrás de un mueble y luego abandonamos el escondite, el niño se pone contento porque para él hemos aparecido “como por arte de magia”. Por eso es una fiesta que alguien querido “aparezca”, pero vivirán muy mal que “desaparezca” porque es como si ya no existiera. Es por ello que en las plantas de hospitalización se permite pernoctar a uno de los padres con su hijo cuando es menor de 3 años.

El apego es una relación cariñosa y afectiva entre dos personas. Su característica principal es que el grado de cariño y afecto es mayor que el que se establece con el resto de las personas. Se trata, por tanto, de un vínculo afectivo intenso. Si reflexionamos un poco podremos comprobar que el apego no sólo se establece en el niño de 02 años sino que niños de otras edades, adolescentes, adultos y ancianos pueden mantener este tipo de relaciones.

Entonces, ¿por qué tratamos el apego justo en la fase de 0-2 años? Pues porque es cuando comienza y donde es más llamativo y evidente.

En esta etapa el niño escoge como figura de apego a la persona que le proporciona confort, cariño y seguridad. Esta figura podemos reconocerla en la conducta del niño porque aunque no rechaza las muestras de afecto de las demás perso nas, es patente que prefiere ser acariciado y cuidado por la figura de apego.

En la mayoría de los casos la figura suele ser su madre. La figura puede ser sustituida por otra, es decir, no se trata de un vínculo de sangre, sino afectivo. Este último aspecto nos interesa mucho porque en casos de hospitalización del niño, si por alguna circunstancia la figura de apego no puede acompañarlo (madre trabajadora, accidente familiar en el que ambos están hospitali zados, problemática social ...) nosotros podemos sustituirla temporalmente. La pérdida de la figura de apego durante un cierto tiempo tiene consecuencias en el desarrollo fisiológico, intelectual, afectivo y social y, por eso, hay que buscar el modo de sustituirla. El apego no sólo es normal sino que es necesario y fundamental para el correcto desarrollo del niño porque le proporciona seguridad.

  • Lenguaje. Durante este periodo el niño comienza emitiendo sonidos guturales para, posteriormente, emitir sílabas repetitivas (“tata”, “papa”). Al año ya es capaz de decir algunas palabras como agua, pan ... Pero lo más llamativo de esta etapa es que hacia los dos años se produce la explosión del lenguaje. De repente el niño pasa de decir palabra sueltas a hablar.

El niño de 2-6 años

Continúa su desarrollo en todas las facetas. Vamos a destacar los hechos más característicos.

Cambios fisiológicos

A partir de los 2 años hasta la pubertad el desarrollo físico es más lento. Este período se caracteriza porque poco a poco el niño va controlando su cuerpo (equilibrio, marcha coordinada, desarrollo de habilidades motoras ...).

Precisamente, a partir de los 2 años el niño debe empezar a aprender a controlar los esfínteres. El único modo de irlo educando en este sentido es colocarlo cada hora y media sobre la escupidera.

Cambios intelectuales

Si bien en el período de 0-2 años no podíamos hablar de personalidad del niño, sí que podemos afirmar que es a partir de los 2 años cuando comienza a construirla.

En un principio el niño no piensa con coherencia. Un ejemplo de esta “incoherencia” es que no reconoce la relación causa-efecto. Para comprender esto veamos una situación típica: el niño observa que la madre coge el paraguas y cuando sale con ella a la calle está lloviendo. Días más tarde, con un sol espléndido, al salir de paseo el niño pide a su madre que coja el paraguas porque como le apetece que llueva, cree que al coger el paraguas lloverá. No sabe que lo que ocurre primero es la lluvia y que como consecuencia de ello cogemos el paraguas.

Aunque no reconozcan la relación causa-efecto, eso no quita que sean muy curiosos. Nos acribillarán a preguntas que necesitan respuestas claras y acordes a su conocimiento.

Otra característica importante de esta etapa es el egocentrismo. El niño se considera el centro del mundo. Es incapaz de ponerse en el lugar de otros. En realidad lo que está ocurriendo es que el niño se está haciendo a sí mismo y necesita su tiempo para él. Es la etapa de “esto es mío”, típica frase de autoafirmación que no debemos confundir con el egoísmo.

Cambios psicosociales

Gracias al egocentrismo, el niño será capaz de comenzar a desarrollar el autoconcepto y la autoestima. Autoconcepto y autoestima se refieren a cómo se define y valora el niño a sí mismo (yo guapo, yo bueno, yo limpio, yo puedo hacerlo, yo subo solo a la bici, yo como solo ... ).

Otra característica de esta etapa son los famosos miedos y terrores nocturnos. Es frecuente que el niño se despierte con pesadillas y no sepa diferenciar la realidad del sueño. Es importante, por tanto, que los niños hospitalizados tengan la oportunidad de que un adulto de su familia pernocte con él. Si esto no es posible hay que tranquilizarlos y permanecer a su lado hasta que logren conciliar el sueño. No les convence eso de “no pasa nada, todo ha sido un sueño” y dejarlos solos.

Es en este período cuando debe aprender los hábitos básicos de higiene: dientes, aseo, vestido y comida. Ciertamente, como en el caso del control de los esfínteres, puede resultar mucho más fácil darle de comer, vestirlo, etc. pero de esa forma nunca aprenderá. Así que tendremos que resignarnos, dejar que ellos lo intenten por sí solos y estar preparados para algún que otro desastre.

Al final de esta etapa el niño es capaz de decir no sólo palabras sueltas sino oraciones complejas.

El niño de 6-11 años

Cambios fisiológicos

Sigue aumentando de peso y talla y va desarrollando sus habilidades y capacidades motoras.

Cambios intelectuales

Irá adquiriendo un pensamiento más lógico y, por tanto, acabará distinguiendo y comprendiendo la relación causa-efecto. Es capaz de pensar con lógica pero sólo sobre cosas concretas, observables y manipulables.

Aún le resulta difícil imaginar y pensar sobre cosas abstractas, no tangibles (fe, amor, Dios, justicia ...) pero lo curioso es que tiene un mundo mágico (Reyes Magos, Navidad, cumpleaños ... ).

En esta etapa le encanta desarmar y armar objetos (juguetes, aparatos...).

Cambios psicosociales

Es la etapa del colegio y de empezar a hacer amigos. Se hace más sociable, ya existen “los otros” y además, le interesa que formen parte de su mundo. De este modo se va resolviendo el egocentrismo. En esta etapa el niño aprende a jugar con reglas. Es decir, juegos en los que él no puede jugar sólo, hacen falta otros jugadores y todos, adultos y niños, se someten a las mismas reglas y deben respetarlas (el parchís, la oca, las damas, ....). Mediante la relación social el niño podrá compararse con los otros y detectar sus habilidades y dificultades.

La autoestima y el autoconcepto adquieren una notable relevancia. Es importante no utilizar adjetivos calificativos negativos. Es mucho mejor decir: “no eres muy limpio, deberías asearte un poco más” que “eres sucio”. Siempre es mejor negar una virtud (no limpio) que afirmar un defecto (sí sucio). Se transmite lo mismo y es mucho menos hiriente.

En esta etapa comienza a desarrollarse el pudor. A nosotros, los adultos, nos puede parecer una tontería que sientan vergüenza cuando se van a desnudar delante de otra persona ajena, pero ellos sí que la tienen y no lo pasan nada bien. Por eso es muy importante respetar su intimidad como si de un adulto se tratara. Puesto que hay que respetar su intimidad habrá que cubrirlo con sábana o toalla, proporcionarle un biombo y/o procurar hacer las cosas con tacto y disimulo.

La adolescencia

Es la etapa de la vida que se extiende desde el final de la niñez hasta el comienzo de la edad adulta.

En la actualidad el inicio sí parece estar claro pues coincide con los cambios físicos característicos de la pubertad (cambio de voz, vello axilar y pubiano, desarrollo de genitales externos, etc.).

Aproximadamente comienza a los 11 años en la chicas y a los 13 en los varones. Las edades son orientativas pues “cada uno comienza la pubertad en su momento”. Y podríamos decir que acaba cuando comienza la edad adulta.

Se considera que una persona es adulta cuando tiene independencia y autonomía económica, es capaz de ser responsable de sí mismo y de adquirir compromisos con la sociedad. Es decir, un ser autónomo y útil para la sociedad.

El adolescente es un ser que está inmerso en una gran tormenta hormonal que acaba reflejándose en su comportamiento y en la actitud ante la vida.

Cambios físicos

En la pubertad se lleva a cabo el proceso de cambios físicos en el cual el cuerpo del niño o niña se convierte en adolescente, capaz de la reproducción sexual.

El crecimiento se acelera en la primera mitad de la pubertad, y alcanza su desarrollo al final. Las diferencias corporales entre niños y niñas antes de la pubertad son casi únicamente sus genitales. Durante la pubertad se notan diferencias más grandes en cuanto a tamaño, forma, composición y desarrollo funcional en muchas estructuras y sistemas del cuerpo.

Cambios intelectuales

Lo más destacado es que el individuo ya es capaz de pensar con lógica sobre cosas intangibles. Es decir, surge el pensamiento abstracto. Esto les lleva a pensar sobre sus propios pensamientos, sobre los pensamiento de los demás, sobre lo justo y lo injusto ... Si algo destaca en esta etapa es que se piensa mucho y se intenta comprender todo (desarrollo del razonamiento), por lo que van a ser muy críticos consigo mismos, con sus padres, con la sociedad y .... en definitiva, con casi todo.

Cambios psicosociales

Podemos resumirlos en tres aspectos que el adolescente considera vitales:

  • La independencia personal. Los jóvenes buscan tener una identidad propia que los defina. Esto no es nada fácil y para poder clarificar su propia imagen se refugian en sus actividades, sus aficiones, sus aspiraciones y sus relaciones amorosas.

  • La sexualidad. Aunque el despertar a la sexualidad comienza en edades anteriores a la pubertad, en la adolescencia existe una particular actividad sexual. Decimos que la actividad sexual es particular no porque se hagan cosas extraordinarias sino porque se experimentan por primera vez (copulación en sentido pleno y orgasmo).

  • La independencia y adaptación social. Aquí se crea un conflicto porque de un lado se le exige al adolescente un comportamiento de adulto (físicamente es un adulto) y de otro, se le recuerda con bastante frecuencia que aún depende económicamente del ámbito familiar. No obstante, el adolescente busca su independencia separándose física, social y emocionalmente de su ambiente.

    • Separación física: se aleja del núcleo familiar y busca apoyo en el grupo de amigos (pandilla).

    • Separación social: abandona la escuela o el instituto y pasa al campo laboral o a realizar otros estudios.

    • Separación emocional: busca una relación emocional con otras personas fuera del ambiente familiar (primeros amores y... primeros desengaños).

Después de haber analizado los cambios principales en esta etapa del ciclo vital podemos llegar a la conclusión de que la adolescencia no es fácil ni para el que la está pasando, ni para los que le rodean. Con ello no queremos decir que necesariamente tenga que ser una etapa traumática, pero sí que es de gran inestabilidad emocional. Así que en el trato con los pacientes adolescentes tenemos que estar preparados para abordar a un ser humano con múltiples dudas, mucho pudor, cambios frecuentes de humor, algo rebeldes e inconformistas y una mezcla de actitudes y comportamientos que en unas ocasiones recuerdan a la infancia y en otras, a la adultez.

Uno de los aspectos a tener en cuenta en el trato del TCAE con los adolescentes es que en ellos el pudor puede llegar a su máxima expresión. Tengamos en cuenta que el adolescente necesita tiempo para acostumbrarse a su cambio de imagen.

La adultez

Al principio la psicología evolutiva sólo se ocupaba de la infancia y de la adolescencia porque se consideraba que una vez llegados a la edad adulta no se producían cambios. Hoy se sabe que, tanto desde el punto de vista físico como intelectual y social, el individuo continúa desarrollándose.

Cambios físicos

Podemos afirmar que hacia la mitad de la veintena nuestras capacidades físicas comienzan a declinar (fuerza muscular, esfuerzo cardiaco, tiempo de reacción, agudeza sensorial).

La pérdida de facultades físicas puede retrasarse con buenos hábitos (deporte, alimentación sana, evitar estrés ...) Además, no podemos perder de vista la menopausia con todas sus connotaciones psicológicas. No citamos la andropausia porque acontece en la vejez del varón.

Cambios intelectuales

Prácticamente no se detectan cambios importantes en la memoria, la inteligencia y la actividad creadora, puesto que si bien algunas capacidades intelectuales (memoria) pierden su agilidad, otras se potencian y desarrollan.

Cambios psicosociales

En este sentido hemos de diferenciar dos adultos: el joven y el maduro.

El adulto joven presenta una gran ilusión y ganas de abordar proyectos (formar una familia, tener un hogar, tener un trabajo digno y remunerado, promocionar en su trabajo, etc.).

En el adulto maduro estos proyectos prácticamente han culminado. Se puede presentar una apatía laboral (ya ha promocionado en su trabajo y quizá no puede ascender más, se va acercando la etapa de la jubilación, se lleva muchos años trabajando en lo mismo ... ). Por otro lado, también surge en ocasiones el síndrome llamado “nido vacío”. Los hijos están criados, “vuelan” de la casa porque son adultos jóvenes y tienen sus proyectos. La pareja se queda sola, sin responsabilidades y sin saber en qué ocupar su tiempo. El síndrome de nido vacío lo ha venido padeciendo principalmente la mujer porque era la que ejercía de ama de casa.

La vejez

La vejez comienza con la jubilación, es decir, aproximadamente a los 60-65 años de edad.

Cambios físicos

Cada cual tiene la vejez que se ha ganado. Esto es así porque en la mayoría de los casos los buenos hábitos de vida (higiene, alimentación, ejercicio físico), la motivación (ganas de hacer cosas) y el desarrollo de aficiones (pintura, lectura, manualidades ...) durante la juventud y la adultez darán buenos resultados en la vejez. Además, si todas estas actividades se continúan y potencian, la vejez puede llegar a ser vivida como un amplio periodo de ocio y disfrute.

Cambios intelectuales

Aunque en nuestra sociedad casi todo el mundo cree que vejez es sinónimo de decrepitud intelectual, no debemos aceptar esta visión porque aunque hay una pérdida de neuronas, existen aspectos en los que los ancianos superan claramente a los más jóvenes.

La sabiduría la aporta la experiencia, no la edad. Los ancianos poseen más experiencia, tienen acumulada mayor cantidad de conocimientos y son más realistas. Este ser humano es más completo que nunca porque posee una gran visión de conjunto y es capaz de sopesar los pros y contras con una buena dosis de creatividad.

Cambios psicosociales

El anciano se enfrentará a retos cuya dificultad puede equipararse a la del paso de la adolescencia a la adultez. Tengamos en cuenta que en los últimos años de nuestra vida la situación es la siguiente: los ingresos disminuyen, nos jubilan, el cuerpo se deteriora, la energía vital se reduce, la memoria se debilita, familiares y amigos mueren o se alejan .... Esta nueva situación provoca cambios en los siguientes aspectos:

  • Imagen de uno mismo.

  • Sentimiento de utilidad.

  • Relación familiar.

  • Relación social.

  • Tiempo libre.

  • Proximidad de la muerte y pérdidas (familiares y amigos).