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Vida social y normas de conducta

Papel que desempeñan las normas en los proyectos de regularización de la vida social

¿Qué es la sociedad? La concepción organicista

Existe una estrecha correlación entre: ser-hombre y vivir-en-sociedad. La sociedad es el ambiente o medio natural de la existencia humana. Es algo natural e inevitable y, por otra parte, un fenómeno artificial, al ser resultado de una decisión explícita y planificada de los hombres. Cada hombre es una síntesis antagónica de exigencias o necesidades de sociabilidad y de tendencias de insolidaridad individualista. La vida humana está profundamente vinculada a los mecanismos o actitudes que determinan la estructura y funcionamiento de la propia sociedad: unidad de acción, cooperación e integración.

Unidad de acción o coincidencia de programa entre la mayoría de los miembros que integran el grupo, ya que la dispersión reinante dinamitaría los cimientos del sistema social. La participación común en todos los elementos fundamentales de la plataforma sobre la que se sustenta la vida social, exige una estrecha y constante cooperación. Esta constante cooperación hace que en todos los grupos sociales estables se dé, al menos en su grado mínimo, la integración que les es imprescindible para mantenerse. La conservación de la vida social exige que los individuos y grupos primarios que forman parte de los grupos sociales mayores, acepten y desarrollen conjuntamente unas formas básicamente coincidentes de pensar, valorar y actuar frente a las necesidades y objetivos fundamentales de la colectividad.

¿Qué es la sociedad? La concepción individualista

Para que se den las condiciones funcionamiento de unidad, cooperación e integridad, parece inevitable que la vida colectiva cuente con unos determinado cauces regularizados de actuación, una ordenación objetiva y regularizada de la convivencia.

Esta ordenación se ve sostenida y apoyada por una especie de presión o compulsión que el grupo ejerce sobre cada uno de sus miembros para que la respete y cumpla. Pero necesita el respaldo de la acción institucionaliza -da de los órganos que tienen la misión específica de garantizar q las relaciones sociales se desarrollan dentro de los límites del orden establecido. La presencia de unas reglas de conducta que actúen como cauce orientador y garantía de que la vida/ actividad comunitaria se va a desarrollar según los módulos que en la sociedad han llegado a considerarse adecuados resulta, imprescindible para su pervivencia. Estas normas son el agente estructurador más generalizado y activo de la vida social.

¿Cómo es la sociedad? Cohesión social, medios de control social y normas de conducta

Los principales sistemas normativos de las sociedades actuales: Derecho, Moral y Usos sociales

Entre los variados códigos de normas de conducta que la creciente complejidad de la vida social ha ido originando, destacan como importantes 3: el código moral, el código legal o jurídico y el código de los usos sociales. Ellos son los conjuntos de reglas que, de una manera más constante y más intensa, han actuado siempre en el seno de todos los grupos sociales para lograr la acomodación de las conductas de los individuos al modelo “oficial” de comporta- miento. Y han sido por tanto, los principales agentes de control y organización de la vida social. Les une una relación de complementariedad.

Parece imposible la existencia de las sociedades y el correcto funcionamiento de la vida social sin la permanente intervención de una adecuada organización. Destacan los códigos normativos y especialmente el de las normas jurídicas.

Imprescindibles: unidad de acción, cooperación y coordinación en la vida social.

Las normas de conducta han de ser reconocidas como un elemento radicalmente vital para la adecuada organización y el correcto funcionamiento de la vida social. Ésta no puede subsistir sin la acción concurrente de los distintos códigos de normas de conducta.

Su vinculación con ese tipo de reglas, que se ha designado como Derecho, es tan fuerte y profunda, que ni la sociedad podría existir sin el Derecho, ni éste ser entendido fuera del contexto de la vida social.

Consecuentemente, el perfil de la estructura básica de cualquier sociedad es en buena medida resultado de la acción conformadora de su Derecho. Y lo que el Derecho propio de cada pueblo es en cada momento viene determinado por el modo de ser de la sociedad en la que ese Derecho actúa.

Evolución histórica de las relaciones existentes entre el Derecho, la Moral y los Usos sociales

Primera etapa: confusión entre Derecho y Moral

En principio todas las relaciones sociales podrían ser contenido de la regulación jurídica, en cuanto que son valorables en términos de justicia, pero nunca lo han sido más que en una proporción bastante reducida. ¿Cuál ha sido el criterio de selección? Sin duda, la importancia que cada relación ha tenido para el mantenimiento de la vida del grupo. Lo que ha decidido su sometimiento a la regulación jurídica, a la regulación moral o a la regulación de los usos ha sido siempre en cada caso la valoración que cada grupo ha atribuido en cada momento a las relaciones sociales y a las conductas humanas correspondientes, en orden a la conservación y desarrollo de la propia vida social. Es la Historia la que determina en cada etapa cuáles tienen una importancia vital para la vida social y cuáles no.

Ha de afirmarse la existencia de una primera y larga etapa en la predominó la indistinción total o casi total entre Moral y Derecho, aunque aparecieran ya algunos atisbos de distinción propiciados por el dubitativo avance de la conciencia secularizadora y crítica de los hombres.

Segunda etapa: separación entre Derecho y Moral

Más adelante, durante la etapa que cubre el período de la Edad Media y parte de la Moderna, se desarrolló ya sistemáticamente el germen de la distinción. Derecho y Moral seguían estrechamente vinculados como parte de una realidad superior: la Ética, pero entendidos como realidades distintas. Avanzada la Edad Moderna, la distinción teórica entre Derecho y Moral, no sólo se consolidó, sino que fue explícitamente formalizada dentro de los siglos XVII y XVIII, gracias al esfuerzo de TOMASIO Y KANT.

Según TOMASIO la búsqueda humana de la felicidad se ve apoyada por tres tipos de reglas: las del decoro (=reglas de buena educación), las de la honestidad y las de la justicia. Las de la honestidad (=Moral) tienden a procurar la paz interior, obligan en conciencia y no son coactivas (por eso, debe decirse que imponen deberes imperfectos).

En cambio, las de la justicia (=Derecho) tienen a procurar la paz externa, conciernen solamente a la exterioridad de las acciones, regulan las relaciones con los demás y son coactivas (por eso, puede decirse que imponen deberes perfectos).

Este planteamiento fue asumido por KANT y desarrollado por él a un nivel más elevado de racionalización refiriéndose las leyes morales a la libertad interna, exigen el cumplimiento por razón de la misma ley, son autónomas (en cuanto que el hombre al cumplirlas se somete a su propia legislación racional) y no son ni pueden ser coactivas.

Por el contrario, el Derecho tiende a la protección de la libertad en su manifestación externa, impone deberes externos, se satisface con una conducta exterior ajustada a la norma, es heterónomo y es también esencialmente coactivo, puesto que en caso contrario no podría cumplir su finalidad. FICHTE pensaba que esta distinción puede llegar a extremos de contradicción, por cuanto las normas jurídicas pueden considerar lícitas e incluso obligatorias conductas que están claramente prohibidas por la ley moral.

Otros pensadores propugnan la integración de Moral y Derecho como dos partes o elementos de la Ética y que reivindican la dimensión social de ésta, como la tradicional doctrina escolástica y la nueva corriente iniciada por HEGEL.

En la actualidad, no sólo ha desaparecido ya casi totalmente dentro de las sociedades la unidad religiosa, sino también la unidad ética: tras el pluralismo religioso y probablemente como su consecuencia, se ha generalizado el pluralismo moral.

La actual Filosofía del Derecho y del Estado se cuestiona de nuevo si toda la razón de ser de las leyes se reduce al desnudo mandato del poder legítimamente constituido, o si consiste más bien en ser instrumento puesto al servicio de la dignidad moral del hombre, exigiéndosele insistentemente al Derecho que sea respetuoso con las convicciones morales de cada ciudadano, hasta el punto de dar, a menudo, preferencia a esas convicciones sobre los principios o intereses comunitarios.

Tercera etapa: vinculación entre Derecho y Moral

La relación sistemática del Derecho con la Moral y los Usos sociales dentro de la organización social

No puede perderse de vista que el comportamiento social de los miembros de las agrupaciones humanas es regulado de forma simultánea por los tres códigos básicos de normatividad (Derecho, Moral y Usos), si bien el protagonismo de cada uno de esos códigos varíe en función del distinto carácter de cada comportamiento.

Complementariedad entre el Derecho y la Moral

Para pronunciarse sobre el tipo de relaciones sistemáticas que puede (o debe) haber entre Derecho y Moral dentro de una determinada organización social, hay que considerar dos supuestos fácticos diferentes: existencia de un único sistema moral y/o presencia de varios sistemas morales.

En el primer supuesto, no parecen admisibles las contradicciones estrictas entre Moral y Derecho, ocurriendo que no exista una coincidencia plena entre ellos, en el sentido que el Derecho permita muchas conductas sociales prohibidas por la Moral.

En el segundo supuesto, será inevitable que existan contradicciones entre algunas normas morales y el Derecho, existiendo, sin duda, un grupo de valores morales básicos comúnmente aceptados por la gran mayoría de los miembros de la sociedad, al tiempo de la existencia de otros valores no coincidentes, conduciendo, en este supuesto, las discrepancias a verdaderas contradicciones, planteándose un serio problema de decisión o elección, tanto para los individuos como para la comunidad.

Hoy se piensa que entre esos valores, han de figurar inexcusablemente el respeto a la integridad física y moral de las personas, el pluralismo ideológico, el bienestar y salud pública y la seguridad jurídica y política.

Complementariedad entre el Derecho y los Usos Sociales

Hay entre ellos una importante coincidencia inicial, no sólo en el tipo de conductas que regulan, sino también en la orientación básica de la regulación, como las conductas que inciden en el funcionamiento ordenado y pacífico de la organización social y atienden, por otro lado, sobre todo al punto de vista del cumplimiento exterior, a la simple regulación de las conductas prescritas.

El Derecho ha regulado aquellas relaciones sociales que comprometían la conservación de la convivencia pacífica y ordenada dentro del respeto a las exigencias del valor Justicia. Los Usos, en cambio, han regulado unas u otras relaciones sociales en tanto en cuanto tales relaciones se mantenían dentro del ámbito de lo oportuno y decoroso, es decir, cuando las respectivas conductas afectaban sólo a la armonía y a la elegancia o “ buen tono”de esas relaciones.

El Derecho y los Usos sociales se han dato, en primer término una parcial coincidencia de regulación y también abundantes relaciones de remisión y complementariedad. Los Usos pueden dar al Derecho un apoyo funcional cuando el sentido de regulación jurídica coincide con los esquemas normativos de las reglas convencionales, ya que el Derecho estará sustentado y reforzado por el impulso conformador de los mecanismos psicológicos de comportamiento que proporcionan los Usos sociales.

La relación de complementación funcional que discurre de modo permanente entre el Derecho y los Usos sociales adopta la forma de la confrontación correctora; es el caso de los Usos que contradicen al Derecho hasta el punto de que éste se ve forzado a oponerse frontalmente a ellos.