Derecho‎ > ‎Grado en Derecho‎ > ‎Economía Política‎ > ‎

La producción y los costes

La empresa y los objetivos empresariales

La oferta de bienes y servicios supone la existencia de unos sujetos que dedican sus esfuerzos y recursos a su producción de esos bienes y servicios. Esa producción exige la aportación previa de un capital (con el consiguiente riesgo de perderlo), la contratación de unos factores productivos, la adquisición de otros bienes y servicios, la coordinación de todos los medios utilizados… Ese conjunto de complejas tareas puede englobarse bajo la denominación genérica de actividad empresarial. Por eso suponemos que la oferta de bienes y servicios está protagonizada por las empresas.

La función empresarial tiene un componente técnico pero también una parte inmaterial ligada a la capacidad de innovación, de detectar oportunidades, de saber adelantarse a los cambios. El juego de ambos aspectos es decisivo en los resultados de cualquier empresa pues una mala organización de los factores productivos o la falta de agilidad para responder a una realidad cambiante pueden suponer la quiebra del negocio.

Por esa importancia, el factor empresa aparece en muchos textos como un factor productivo diferenciado del trabajo y el capital. Y existe consenso en subrayar que le espíritu emprendedor y la calidad de la clase empresarial son factores claves para definir la capacidad de dinamismo y crecimiento de una economía.

Las empresas se organizan de diferentes maneras, según el entorno en el que se tengan que desenvolver o del tipo de actividad a la que se dediquen. Por ello, se puede hablar de una tipología empresarial que permite agrupar las empresas a partir de diferentes criterios. Dentro de la denominación genérica de empresa se engloban realidades muy diferentes según cuál sea su forma jurídica, su tamaño, el sector en el que actúe… Clasificación de empresas, por su tamaño.

  • Pequeñas: menos de 50 empleados.

  • Medianas: entre 50 y 250 empleados.

  • Grandes: más de 250 empleados.

Los límites han de entenderse tan sólo como indicativos porque pueden variar según los sectores y los países. No hay que olvidar que la mayor eficiencia en la organización del trabajo depende en gran medida de la estructura del aparato productivo y de la disponibilidad de recursos, así como de las características sociales y culturales del sistema económico de que se trate.

Clasificación de empresas, por su utilidad.

  • Privadas (capitalistas): la propiedad es íntegramente de los particulares y el poder de decisión se relaciona con el capital aportado por cada uno de ellos.

  • Públicas: son organizaciones, habitualmente con personalidad jurídica propia, que producen bienes y servicios para el mercado, en las que al menos el 51 por 100 del capital social o del patrimonio es propiedad de las Administraciones Públicas. Semipúblicas son empresas en las que la participación en la propiedad no es mayoritaria, pero en las cuales la Administración conserva el control de las decisiones fundamentales.

  • De economía social: la propiedad es de los trabajadores que aportan su capital y/o su trabajo para realizar una actividad económica (Cooperativas o Sociedades Laborales, Mutualidades o Entidades de Ahorro Popular, entidades sin fines de lucro (fundaciones, asociaciones, ONG).

El objetivo de conseguir beneficios máximos

Los empresarios privados sólo estarán dispuestos a arriesgar sus recursos si esperan conseguir una compensación adecuada, toman sus decisiones pensando en obtener los máximos beneficios posibles, es decir, la mayor diferencia posible entre sus ingresos totales y sus costes totales.

Un objetivo aproximado

¿Podemos admitir que los empresarios tienen como objetivo hacer máximos sus beneficios? Recordemos que las reglas y previsiones de la teoría pretenden tan sólo describir comportamientos medios y que, aunque la mayoría de los comportamientos individuales se desvíen de ese comportamiento medio, la previsión global será acertada.

A fin de cuentas, podemos exigir a toda organización que sea eficiente, es decir, que consiga sus objetivos al mínimo coste posible. Y ello se acerca mucho al objetivo de la maximización de beneficios, aunque evidentemente, en organizaciones sociales y públicas, otros objetivos impliquen decisiones, acordes con otras finalidades, que impliquen menos beneficios.

El objetivo de maximización de beneficios puede admitirse como una aproximación: no siempre se persigue directa sino indirectamente y no siempre los empresarios disponen de toda la información necesaria para poder garantizarlo.

Por otra parte, ¿cómo se valora la estrategia adecuada para el largo plazo? Porque las propias decisiones que hoy tomamos afectan a las condiciones de oferta y demanda futuras. El largo plazo ser verá también alterado por las decisiones de los competidores y de todos los demás agentes de la economía. La incertidumbre sobre el futuro es todavía mayor que la que se deriva del imperfecto conocimiento que tenemos del propio presente.

¿Cuál puede ser, esquemáticamente, el razonamiento del empresario medio? Procurará que sean máximos los ingresos y mínimos los costes. De esa forma se espera maximizar los beneficios. Dado que cuanto mayor es la producción, normalmente, mayores son los costes totales, es obvio que el objetivo de minimizar costes se referirá siempre a los costes medios, es decir, el coste por unidad producida.

En la práctica el objetivo de conseguir beneficios máximos se transforma frecuentemente en la doble meta de maximizar los ingresos y minimizar los costes medios.

Las grandes sociedades se caracterizan por una progresiva separación entre los propietarios de las empresas y los gestores de las mismas. La hipótesis de que los empresarios intentan maximizar los beneficios se basa en presuponer su lógico deseo de extraer el máximo rendimiento del capital empleado en la propia empresa, pero si quien toma las decisiones no es propietario sino un experto o conjunto de expertos contratados para gestionar la empresa, los intereses del principal (accionista) pueden no coincidir con los del agente (gestor). Se habla de una relación principal-agente cuando un determinado sujeto (principal) encomienda a otro (agente) la toma de decisiones en un aspecto concreto de interés del principal, que se supone que el agente conoce mejor o puede gestionar más eficientemente.

El problema se plantea cuando los agentes pueden tener intereses propios que no resulten estrictamente coincidentes con los del principal. Los gestores asalariados estarán interesados en maximizar sus sueldos, su seguridad, su poder, su prestigio, su comodidad en el trabajo (mejores despachos, coches, comidas y viajes…). Para estos gestores el beneficio deja de ser un objetivo en sí mismo, salvo cuando sea la parte fundamental de su retribución. El beneficio tiene dos utilidades para el gestor:

  • Es la garantía de que los propietarios estarán contentos con su gestión y no lo removerán de su puesto.

  • Por otro, permite la acumulación de fondos y reservas con los que la empresa se aleje de riesgos y sea cada vez más poderosa.

Consecuentemente, el principal objetivo que perseguirá el gestor será el de maximizar el tamaño de la empresa porque, cuanto mayor sea ésta más probable es que consiga sus auténticos deseos de acrecentar su retribución, seguridad, status… pero también logrará una cifra de beneficios razonable que mantenga satisfechos a sus accionistas y financieramente saneada a la empresa.

La contabilidad

Es un instrumento de información económica y financiera que permite conocer la realidad presente y del pasado de una empresa facilitando la toma de decisiones por parte de sus gestores.

Se articula a través de diferentes instrumentos técnicos tales como los libros, los registros y los estados contables que permitirán conocer la situación económica de la empresa en cada ejercicio económico -balance de situación- y los beneficios o pérdidas que se hayan podido dar en él -cuenta de resultados-.

La información contable: el balance y la cuenta de resultados

El Balance

El patrimonio o riqueza de la empresa es el conjunto de bienes, derechos y obligaciones de que dispone en un momento dado, susceptibles de valoración cuantitativa, para realizar sus actividades. Es una variable stock por lo que su cálculo debe estar referido a una fecha determinada. El reflejo contable de esa valoración es el Balance de la empresa.

Para iniciar su actividad productiva la empresa necesita una serie de instrumentos (locales, materias primas, maquinarias…) y conforme realiza su actividad adquiere una serie de derechos (que los clientes les paguen lo adquirido…), que constituye lo que llamamos activos. El activo patrimonial refleja los medios económicos con los que cuenta la empresa para desarrollar su actividad.

Para realizar su política de adquisición de activos, la empresa necesita unos recursos financieros. Una parte son recursos propios, aportaciones de los propietarios que denominamos capital. Si la empresa ya está en funcionamiento pueden proceder de beneficios obtenidos en períodos anteriores que no se hayan repartido y constituyen las reservas. Los recursos propios -capital y reservas- constituyen el neto patrimonial.

También pueden obtenerse recursos ajenos (pasivo) si se contraen obligaciones con terceros a través de compras a créditos a los proveedores, se contratan trabajadores a los que tendrá que pagar, se piden préstamos a corto o largo plazo en las entidades financieras se emiten obligaciones para captar ahorros de los particulares…

El valor de los bienes y derechos que posee la empresa (activo) será exactamente igual al valor de sus recursos, sean propios o ajenos, porque el activo indica el destino del pasivo más el neto.

La igualdad Activo = Pasivo + Neto nos indica en qué se han materializado (activo) los fondos que ha recibido la empresa bien de sus propietarios (neto) bien de otras fuentes externas (pasivo).

El inventario del patrimonio de la empresa se recoge en el Balance de Situación en el que aparecen las dos masas patrimoniales: la económica (activo) y la financiera (pasivo + neto).

Contablemente se distingue entre activo fijo o no corriente porque se conservan y utilizan en más de un ejercicio (inmuebles, mobiliario, maquinaria…) y activo circulante o corriente porque se agotan en el periodo o ciclo productivo (materias primas, papel, ...).

Los activos se ordenan de menor a mayor liquidez, es decir, de la facilidad del activo para convertirse en dinero en corto plazo y sin pérdida de valor.

En cuanto al pasivo (pasivo + neto), además de por su propiedad (recursos ajenos y propios), suelen ordenarse de menor a mayor grado de exigibilidad. Aparecerán primero los fondos propios, luego los recursos ajenos a largo plazo y en último lugar los acreedores o recursos ajenos a corto plazo.

En el pasivo se distingue entre el exigible y el no exigible según que los fondos sean ajenos o propios, respectivamente. El pasivo no exigible coincide con el neto patrimonial.

Después de un período de actividad, si queremos conocer la composición y valoración del patrimonio empresarial, es necesario disponer de información sobre el balance al inicio de ese período y sobre las operaciones realizadas por la empresa durante el mismo. Tales operaciones se anotan en el Libro Diario y el resumen de lo fundamental se reflejará en las Cuentas de Resultados.

Si una empresa tiene beneficios durante un ejercicio económico, su patrimonio habrá aumentado al final de ese período. Si tiene perdidas su patrimonio será menor.

Obsérvese en el Balance recogido más arriba que los beneficios aparecen en el pasivo porque están pendientes de distribución. Una parte se destinará al pago de impuestos y el resto puede distribuirse entre los propietarios (si es una sociedad a través de dividendos), o bien mantenerse en la empresa como ahorro empresarial (reservas).

Uno de los fondos más habituales es el de amortización. Un buen número de elementos del activo figuran en el mismo al precio de adquisición. Sabemos que según se utilizan van perdiendo valor (por el paso del tiempo, por el uso u obsolescencia…) e incluso llega un momento en que dejan de ser útiles y es preciso darlos de baja en el activo. Si no se toma la precaución de descontar esa depreciación que van sufriendo los activos, el empresario se encontrará con la desagradable sorpresa de que de golpe su patrimonio ha sufrido una pérdida importante. De hecho, el Balance no habría reflejado en los años anteriores la auténtica realidad de la empresa. Por ello, es preciso dotar ese fondo de amortización, que compense año a año la pérdida de valor que sufren los elementos del activo.

Junto a ese fondo de amortización pueden habilitarse diversos Fondos de provisión que buscan cubrir la situación de la empresa ante posibles riesgos futuros, ejemplo, deudores que no paguen, aconsejará destinar parte de los beneficios a dotar un fondo de provisión de incobrables.

En el proceso de depreciación es preciso contemplar no sólo el envejecimiento físico sino también el económico, que denominamos obsolescencia. Ésta supone que algunos elementos de nuestro activo en perfecto uso pueden tener que ser desechados porque se han quedado anticuados, normalmente por la evolución tecnológica del mercado. La aparición de una máquina mucho más rápida y eficaz convierte a nuestra innovadora adquisición de hace un año en una reliquia en términos de eficiencia.

Por último, debe señalarse que los Fondos y Reservas son meras figuras contables. Su contrapartida en el activo no se proyecta sobre algunas partidas concretas, sino que se diluye entre todas ellas.

La Cuentas de resultados o Cuenta de Pérdidas y Ganancias

El conocimiento de los resultados del ejercicio empresarial es esencial para el funcionamiento de la empresa. Es necesario para poder analizar el comportamiento y evolución de la empresa, por razones internas (toma de decisiones, análisis de desviaciones…) y también por razones externas (información a los propietarios y a la sociedad en general sobre la marcha de la empresa, cumplimientos fiscales…).

El resultado económico de un período es una magnitud flujo que se mide, por lo tanto, entre dos fechas (inicial y final del ejercicio económico) y vendrá dado por la diferencia entre Ingresos y Costes de ese período.

Al iniciarse una actividad es imprescindible realizar unos gastos (pago de locales, materias primas…) que se pretenden recuperar con la venta del producto o servicio correspondiente. Sin embargo, no todo esos gastos que se efectúan en el momento de adquisición a la producción de un único período siguiente… Es decir, no todos los gastos son coste de un período, ni todos los costes son pagos del período.

Cuando queremos conocer el coste de la actividad global de la empresa, el problema se reduce a valorar los factores utilizados, adquiridos en el exterior de la empresa, y el valor total añadido en el interior de ésta a lo largo del período. Pero si lo que queremos es calcular el coste total de un único producto o de una sección nos encontramos con que hay consumos de los que no sabemos con certeza qué parte es imputable a ese producto o sección. Por ejemplo, las actividades gerenciales o las publicitarias benefician a la empresa en su totalidad.

De aquí surge una clasificación de costes que distingue entre costes directos o proporcionales y costes indirectos o generales, que depende esencialmente del grado de información disponible sobre la imputación exacta de los costes.

  • Coste directo o proporcional es el que corresponde específicamente al producto o centro de coste que se quiere analizar. Su cálculo puede determinarse con exactitud según el criterio de valoración elegido por la empresa. Los más frecuentes son los costes de materias primas directas, de la mano de obra directa y algunos otros fácilmente identificables, como ciertos consumos de energía, bienes de equipos específicos…

  • Coste indirecto o general es el que afecta a más de un producto o Centro de coste. Su imputación solo puede hacerse mediante criterios arbitrarios de distribución.

El documento contable que refleja el resultado obtenido por la empresa en un período es la Cuenta de Resultados o Cuenta de Pérdidas y Ganancias.

Su elaboración debe sujetarse a una serie de principios y normas específicas, de forma que pueda cumplir su función de servir como instrumento fiel y veraz de información externa e interna y que permita realizar comparaciones entre períodos, entre empresa de un mismo o diferentes sectores, entre países… A pesar de que todos los Gobiernos intentan homogeneizar los criterios de contabilización e incluso se avanza en la armonización de los mismos en ámbitos internacionales, el margen de valoración contable es muy amplio. No es infrecuente el “maquillaje” de las cuentas de una empresa cuando los resultados iniciales no son de agrado de sus responsables: cambiando algunos criterios de valoración no resulta difícil transformar pérdidas en beneficios o incrementar éstos hasta cifras más brillantes.

En las existencias se incluyen tanto las materias primas como productos intermedios o finales todavía no vendidos. La valoración de las primeras se hace por el precio de adquisición, pero la de los productos dependen de los criterios aplicados por el empresario.

Cada año sólo aparece en la Cuenta de Resultados la carga por amortización que se impute a ese ejercicio. Cuando más rápido sea el criterio de amortización aplicado (antes se quiera recuperar el valor del activo en proceso de depreciación) menores serán las cifras de beneficios en los primeros años posteriores a cualquier inversión.

Los Resultados extraordinarios son los que se obtienen con una actividad atípica: ejemplo, un exceso de tesorería que se ha invertido en Bolsa y ha proporcionado una rentabilidad adicional; o ingresos obtenidos por la venta de un inmueble en el que la empresa tenía sus oficinas.

Al finalizar del ejercicio se podrán dar las siguientes identidades contables:

  • Activo = Pasivo + Neto + Beneficios

  • Activo = Pasivo + Neto - Pérdidas

  • Activo + Pérdidas = Pasivo + Neto

Liquidez y solvencia

Una cifra fundamental para el conocimiento de la marcha de la empresa es la que refleja los recursos generados a lo largo de un ejercicio. Esta magnitud recibe el nombre de flujo de caja o cash-flow, y es la diferencia entre los ingresos y los gastos de un ejercicio.

El flujo de caja es una aproximación al concepto de beneficio pero antes de deducir las dotaciones para las distintas provisiones y para los impuestos que recaigan sobre los mismos beneficios.

También es posible calcular el flujo de caja con un estricto criterio de tesorería: en este caso se contabilizarían tan sólo los cobros y los pagos efectivamente realizados, las entradas y las salidas de dinero. Recuérdese que pueden generarse derechos y obligaciones (que en ese momento han de contabilizarse) que se materialicen en pagos o ingresos de caja mucho después. Desde esta perspectiva el flujo de caja generado a lo largo de todo el ejercicio equivaldría al excedente de tesorería, que puede ser superior o inferior a los beneficios generados si tenemos pendiente de cobro o pago cantidades importantes.

La legislación mercantil obliga en la mayoría de los países a presentar anualmente el Balance y la Cuenta de Resultados, así como otros documentos añadidos (Memoria), de forma que cualquier persona pueda tener una imagen fiel de su situación.

Es frecuente que, de forma obligada o voluntaria, las cuentas vayan acompañadas de un Informe de Auditoría externa, elaborado por expertos ajenos a la empresa que garantizan que el Balance y Cuenta de Resultados refleja la imagen fiel de la sociedad de acuerdo con los principios contables. Cuando el auditor o auditores consideran que éstos no han sido respetados y que el efecto puede ser significativo en relación con las cuentas anuales debe expresar en su informe las correspondientes salvedades. La simple presencia de estas es una alerta para los accionistas que deberán valorar hasta qué punto puede considerarse importantes.

En los Balances y Cuentas anuales se recogen una serie de datos de los que se pueden extraer informaciones muy útiles para conocer la marcha de la gestión económica y financiera de una empresa, a través de los ratios, siendo éstos los más significativos:

  • Liquidez = Activo circulante / Pasivo circulante

  • Solvencia = Activo real total / Pasivo exigible

  • Rentabilidad = Beneficio antes de impuestos / Activo.

Obviamente, una ratio aislada aporta poca información. Es conveniente tener en cuenta el conjunto de los datos y hacer una comparación entre períodos o entre empresas del mismo sector, para poder extraer conclusiones válidas.

Es lógico definir como un buen equilibrio económico-financiero al que permite que el activo circulante sea financiado con el capital ajeno a corto plazo (pasivo circulante) y que los recursos permanentes (capital propio y recurso ajenos a largo plazo) permitan financiar el activo fijo.

La total financiación del activo circulante mediante activo circulante implicaría dinero ocioso en tesorería. Pero si todo el activo circulante se financia con pasivo circulante, cualquier desfase temporal entre cobros y pagos puede también amenazar la vida de la empresa. Por ello, una parte del capital permanente debe asegurar la financiación del activo circulante.

La diferencia entre activo circulante y pasivo circulante se denomina fondo de maniobra y es el capital que permite que la empresa pueda atender su actividad operativa normal.
  • FM = Ac - Pc

Si el Fondo de maniobra es muy elevado, supone un exceso de recurso a largo plazo y, por lo tanto, una estructura financiera más cara y una pérdida de rentabilidad, si el Fondo de maniobra es escaso supone el peligro de no poder hacer frente a los compromisos y, por lo tanto, de una eventual situación de suspensión de pagos.

Cuando una empresa no tiene liquidez suficiente para hacer frente a sus obligaciones a corto plazo se verá obligada a suspender pagos. Normalmente puede continuar su actividad en la confianza de superar los problemas temporales de tesorería.

La contrapartida al endeudamiento lo constituye la capacidad de autofinanciación, es decir, la capacidad que tiene la empresa para abordar inversiones con cargo a fondos propios. La capacidad de la empresa para atender la totalidad de los compromisos financieros contraídos, independientemente de cuál sea el plazo de vencimiento, se mide por el ratio de la solvencia que establece la proporción que ocupa el activo real total sobre el pasivo exigible total. Cuando el activo total es inferior al pasivo exigible, la empresa no puede hacer frente a las obligaciones contraídas, ni siquiera vendiendo todo sus activos. Ya no se trata de problemas temporales, sino que no hay patrimonio con el que hacer frente a las obligaciones. O los propietarios hacen una nueva aportación de capital que restaure la solvencia, o la empresa entrará en situación de quiebra y tiene que liquidar. La declaración de quiebra implica la liquidación del patrimonio de la empresa y la muerte de ésta. La tramitación del procedimiento concursal correspondiente exige un fuerte control jurídico en defensa de los intereses de los acreedores.

El Fondo de comercio es la cuantificación del valor de elementos como la clientela fiel a la empresa, la localización, su organización… El fondo de comercio pierde todo valor si la empresa no va a continuar su actividad.

La sociedad es cada vez más exigente en relación con lo que se ha denominado la Responsabilidad Social Corporativa, es decir, la responsabilidad de la empresa con respecto al medio ambiente, los trabajadores y los consumidores.

La producción y los costes en el corto plazo

La función de producción

El empresario al igual que el consumidor, elige aquella combinación de factores productivos que le permitan obtener la mayor producción posible en relación con el precio que implica su utilización. Esta decisión tiene un componente técnico importante, de acuerdo con el tipo de producto y el nivel tecnológico existente.

En el corto plazo existen:

  • Factores fijos, entre los que se encuentran los edificios, máquinas, contratos, etc. que implican para la empresa una serie de gastos independientes de que produzcan o no.

  • Factores variables, como las materias primas, la electricidad, las horas de trabajo, etc. que sólo utilizarán en función del nivel de producción. Los gastos ligados a estos factores serán nulos si la producción es cero.

Cualquier variación en el nivel de producción ha de hacerse reduciendo o aumentando la utilización de los factores variables ya que no es posible con los factores fijos.

Dada una dotación de factores fijos, podemos suponer que la productividad de los factores variables crece hasta alcanzar su combinación óptima para esa cuantía dada de factores fijos. Sin embargo, a partir de ese punto, probablemente se cumpla la ley de la productividad marginal decreciente, dada una cantidad fija de unos factores productivos, a partir de un cierto punto, el aumento de los factores productivos variables llevará a un incremento de la producción cada vez menor, porque la limitación de los factores fijos impide aumentar de la producción, pese al incremento de los factores variables. Es posible que, incluso, sea imposible incrementar la producción más allá de un determinado nivel.

La función de producción relaciona los factores productivos y la producción resultante.

La productividad de un factor es la relación que existe entre el producto que se obtiene y el grado de utilización (cantidades utilizadas) del factor.

La función de costes

Los costes fijos son independientes del nivel de producción, por lo que tendremos la misma cuantía de costes fijos para un nivel de producción cero, de cien o de mil, mientras no variemos esos factores fijos (y si los cambiamos, por definición, salimos del corto plazo para entrar en el largo plazo). Los costes fijos serán tanto más elevados cuando mayor sea la dimensión de la empresa y el precio de los factores fijos y cuanto menor sea el plazo de tiempo al que nos referimos.

Los costes variables están ligados a la utilización de los factores productivos de carácter variable. La cuantía de tales factores es necesaria para obtener una determinada cantidad de producto, depende no sólo del volumen de producción que se desea, sino también de su productividad. Para producir más, necesitaremos más factores variables, pero cuanto más productivos sean éstos menos necesitaremos para producir lo mismo. Consecuentemente, los costes de la producción dependen de la cantidad de factores productivos utilizados, así como del precio y de la productividad de éstos.

Por lo tanto, el coste variable se incrementará según aumentemos la cifra de producción y, tanto más, cuanto menos productivos sean los factores que utilizamos o/y más elevado sean sus precios.

Como disminuir los costes de producción:

  • Reducir la utilización de factores productivos (contratar menos trabajadores, cerrar locales...).

  • Reducir el precio de esos factores (pagar menos salario…).

  • Incrementar la productividad de los mismos.

Si admitimos la ley de la productividad marginal decreciente, los costes variables crecerán despacio en los primeros niveles de producción, pero a partir de un cierto punto lo harán cada vez más deprisa al decrecer la productividad de los factores involucrados. Lo mismo pasará con los costes totales puesto que resultan de sumar a los variables una cantidad fija, la correspondiente a los costes fijos.

  • Los costes fijos medios son menor cuanto mayor es la producción: si dividimos una cantidad fija (coste fijo) entre un número mayor de unidades producidas es obvio que el resultado será cada vez menor.

  • Los costes marginales descienden inicialmente, pero comienzan a crecer tan pronto como los costes variables (de los que dependen) crecen cada vez más deprisa. Cuando decrece la productividad marginal de los factores productivos, cada vez será más caro producir una unidad adicional del bien.

  • Los costes variables medios decrecen mientras los marginales son inferiores y crecen cuando los marginales son más altos. Mientras el coste de la nueva unidad (marginal) es menor que la media anterior, la media baja; pero el valor medio empieza a subir cuando ya el coste de la nueva unidad es mayor que la media preexistente.

  • Exactamente la misma evolución siguen los costes totales medios (costes medios) que equivalen a la suma de los costes fijos y variables medios. Dado que los costes fijos medios tienden a ser mínimos cuando incrementamos la producción, los costes variables medios y los costes totales medios se acercan cada vez más.

Los costes fijos tienden a perder importancia cuando el volumen de producción es muy elevado, pero si los costes fijos son mucho más relevantes que los costes variables, éstos serán los irrelevantes. Por ejemplo, en la producción de energía eléctrica el coste de cada nuevo kilovatio (coste variable) es despreciable dado que lo realmente costoso es la construcción, amortización y mantenimiento de las centrales eléctricas e infraestructuras de transporte que posibilitan el suministro (costes fijos).

Los costes totales medios comenzarán a crecer cuando el aumento de los costes variables medios ligado al incremento de la producción sea superior al descenso que experimentan paralelamente los costes fijos medios.

Existe un punto en el que, para la dimensión que tiene la empresa, se alcanza la óptima combinación de los factores productivos y, por lo tanto, se consigue producir al menor coste medio posible. A partir de ese punto, si aumentamos la producción, los costes medios crecen como consecuencia de la ley de la productividad marginal decreciente. El punto de coste medio mínimo coincide con el del máximo de la productividad, dado que en ese punto se consigue la máxima cantidad de producto por cada unidad monetaria utilizada.

Conocida la función de costes tipo de una empresa, necesitaremos incorporar cómo evolucionan sus ingresos, porque si no conocemos ese dato no podríamos estimar ni la cifra de beneficios ni el punto óptimo de producción para la empresa, ni siquiera si existen o no beneficios.

Los ingresos dependerán de la demanda y del tipo de mercado con que se enfrente cada empresa. Sólo conociendo ese aspecto podremos precisar donde se encuentra su óptimo.

La demanda de los factores productivos

La demanda de factores

El mecanismo que influye en la demanda, oferta y formación del precio de los factores productivos guarda grandes similitudes con el de los bienes y servicios, aunque con algunas particularidades.

El primer rasgo que conviene recordar es el cambio de papeles que se produce respecto a los mercados de bienes. En los mercados de factores productivos son las economías domésticas las que pasan a asumir el papel de oferta (es suya la propiedad de los factores), mientras que la demanda compete a las empresas (son las interesadas en utilizar sus servicios).

El segundo rasgo es que la demanda de los factores productivos es una demanda derivada. Los bienes y servicios sirven para satisfacer necesidades finales. Son demandados por las economías domésticas que con un consumo directa buscan hacer máxima su utilidad, su bienestar. Los factores productivos, como regla general, no sirven para satisfacer directamente necesidades, sino que son instrumentos que permiten producir bienes y servicios.

Las empresas están interesadas en los factores productivos para obtener productos que vende. Por lo tanto, solamente les interesa demandar factores productivos en la medida en que éstos produzcan bienes que luego se venda y generen ingresos. Si las empresas ven aumentar sus ventas adquirirán un mayor volumen de factores productivos (demandarán más trabajo, máquinas…) para poder hacer frente al incremento de la demanda final. Por el contrario, si las ventas se reducen, disminuirán la producción y la demanda de factores.

Una empresa estará interesada en contratar más cantidad de un factor productivo si, y sólo si, con ello aumenta sus beneficios. El incremento de ingresos que se deriva de la utilización de una unidad adicional de un factor productivo dependerá de dos elementos:

  • De la mayor menor capacidad de ese factor productivo para hacer aumentar la producción total, es decir, su productividad marginal.

  • Pero no basta con tener el producto. Luego hay que venderlo. Al empresario no le interesa tener más producto sino en la medida en que ello se traduzca en más ventajas y más ingresos. El dato relevante no va a ser propiamente la productividad marginal, sino el valor al que se vende ese incremento de producción, el valor de ese producto marginal, lo que realmente aporta a la cifra de ingresos totales.

El ingreso marginal derivado de la utilización de un factor productivo es igual al valor del producto marginal del mismo, el cual se obtiene multiplicando la productividad marginal por el precio del producto final:

  • IM = Vpm = PM · Ppf

La elasticidad de la demanda de un factor

La demanda de un factor productivo será tanto más elástica:

  • Cuanto más fácilmente pueda sustituirse.

  • Cuanto más elástica sea la oferta de los factores sustitutivos y complementarios.

  • Cuanto más elástica sea la demanda del producto final.

  • Cuanta mayor sea su participación en el coste de producción.

  • Cuanto mayor sea el plazo a que nos referimos.

  • Cuanto mayor sea el ámbito de demanda considerado.

La oferta de los factores productivos

Las economías domésticas ofertan factores productivos en la medida en que con ellos obtienen los recursos necesarios para adquirir bienes y servicios. En cierta medida, la oferta de factores productivos es una oferta derivada.

El oferente estará dispuesto a sacar al mercado el factor productivo de que disponga si tal decisión le compensa, es decir, si los beneficios que va a obtener son superiores a los costes que se derivan de su decisión. Por ello, con carácter general, pondrá en relación dos datos básicos:

  • El precio, cuanto más elevado mayor será la posibilidad de que crezca la cantidad ofrecida del factor.

  • Coste, incluye dos componentes:

  1. Inversión previa: cada unidad de factor productivo requiere normalmente unas determinadas inversiones previas (en estudios, en regadíos…). Por ello se explica que el trabajador especializado o la máquina sofisticada y cara tengan remuneraciones mayores que otros factores productivos rentables.

  2. Coste de oportunidad: poner un factor productivo a disposición de los demandantes supone normalmente renunciar a otras posibilidades. Un trabajador renuncia a tiempo de ocio y un terrateniente al uso de la tierra para el propio disfrute. El capital supone en sí mismo la renuncia al consumo inmediato. El precio debe compensar esa renuncia o el propietario del facto optará por no ofertarlo. Obviamente, cuanto más alto sea el precio, más fácil es que el coste de oportunidad quede compensado.

Puede admitirse que la cantidad ofrecida de un factor productivo será tanto más elevada cuanto más alto sea el precio que se pague por su utilización, porque ello hará que queden compensados los costes de adquisición y de oportunidad para un mayor número de propietarios. Sin embargo, esta regla general puede tener excepciones:

  • Por el efecto sustitución: entre las distintas opciones tenderá hacia aquella que resulte más atractiva que en la situación anterior. Por lo tanto, cualquier elevación del precio hará más atractivo que antes sacar al mercado el factor productivo cuya remuneración se eleva.

  • Por efecto renta: cuanto más alta es la retribución de los factores productivos, más ingresos tienen sus propietarios y, por lo tanto, menos necesitados de ofertar aquéllos. Cuanto más baja sea la retribución de un factor productivo, más necesitados pueden estar sus propietarios de sacarlo al mercado, especialmente si constituye su única fuete de supervivencia.

La oferta de los factores de producción para objetivos específicos tenderá a ser más elástica que la oferta total de ese factor, porque es más fácil la movilidad (funcional o espacial) de unos destinos a otros.