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La perspectiva agregada

El enfoque macroeconómico

El análisis microeconómico que hemos utilizado en los temas anteriores, estudia el comportamiento individualizado de los distintos sujetos económicos en los diferentes mercados. Para ello, se suponía que los restantes mercados y sujetos se encontraban en equilibrio, aplicándose la que hemos denominado cláusula caeteris paribus (manteniendo constante todo lo demás).

Por otro lado, la oferta y la demanda de los sujetos económicos, en un entorno de competencia perfecta, nos daban el equilibrio parcial en cada una de las industrias, tanto para el mercado de bienes como el de los factores productivos. La interacción de todos esos mercados parciales permitía que, al menos a largo plazo, se consiguiera el equilibrio (eficacia) a largo plazo no puede ser solución aceptable porque en el largo plazo las previsiones económicas resultan escasamente creíbles o, como Keynes “a largo plazo, todos muertos”.

Para ello habrá que buscar instrumentos de análisis que simplifiquen la compleja realidad económica y permitan a los gobiernos tomar medidas correctoras cuando la economía nacional no funcione adecuadamente. Uno de esos instrumentos son los modelos económicos que permiten aislar los rasgos más relevantes del conjunto de una Economía para saber qué magnitudes son las decisivas y cómo actuar sobre ellas.

La macroeconomía se refiere al análisis económico que centra su atención en el comportamiento de la economía en su conjunto. Desde este enfoque, ya no interesa tanto el comportamiento del consumidor individual (como hace la microeconomía), sino conocer cómo evoluciona el consumo nacional en su conjunto. Ya no interesa tanto comprender cómo se comporta el precio de este bien o de aquel servicio, sino cómo evolucionan los precios en el conjunto de la economía.

Enfoque macroeconómico, desde esta perspectiva, lo importante es si la producción total de la economía crece (aumenta) adecuadamente, independientemente de que unos sectores lo hagan a costa de otros. O interesa asegurar que los precios en su conjunto se mantengan estables. La macroeconomía se centra en el todo, y no en la parte. Ello no significa que la macroeconomía suponga una ciencia distinta a la microeconomía o que desprecie los factores que inciden sobre los comportamientos individuales. Las dos ramas son pues necesariamente complementarias y se han ido enriqueciendo mutuamente. Según el aspecto concreto que pretendemos analizar necesitaremos uno u otro enfoque.

El enfoque macroeconómico va a suponer, entre otras diferencias con el microeconómico, que no todos los mercados son tan flexibles, al menos en el corto plazo, como para permitir la vuelta natural al equilibrio.

El equilibrio entre la demanda agregada y la oferta agregada de la economía (resultado cada una de ellas de la suma de todos los respectivos componentes individuales de la demanda y de las ofertas) nos mostraría, en parecido esquema al que ya conocemos para microeconomía, los niveles de producción y de precio de equilibrio en un momento determinado. Pero no existe ninguna garantía de que ese nivel de equilibrio coincida con el nivel de pleno empleo, es decir, donde todos los factores de esa economía se estén utilizando.

Denominamos producción potencial de pleno empleo al máximo (a la máxima producción) valor del producto que puede alcanzarse sin generar presiones al alza sobre los precios.

El nivel de producción de pleno empleo supone situarse en la FPP de esa economía, es decir, conseguir la máxima eficiencia (el mayor nivel de producción posible) en función del recurso productivo y el nivel tecnológico de dicha economía. En macroeconomía puede aceptarse que existe una tendencia a alcanzar ese nivel en muy largo plazo, pero que los desequilibrios (es decir, estar por debajo de la FPP) pueden mantenerse incluso en el medio-largo plazo.

En macroeconomía los plazos de tiempo son:

  • Corto plazo, supone un período de tiempo de unos 2 ó 3 años, en el que las variaciones de las variables se entienden por espacios cortos (meses o trimestres).

  • En el medio-largo plazo estamos hablando de 7 u 8 años; los precios se presuponen más flexibles al cambio pero los factores: capital, fuerza de trabajo y tecnología se consideran todavía fijos.

  • En muy largo plazo todos los aspectos mencionados pasan a considerarse variables y los períodos de tiempo relevantes pasan a ser las décadas, porque hablamos de espacios de tiempo que comprenden varias de ellas.

Cuanto más largo es el plazo del tiempo más relevante es el crecimiento de la economía (el aumento de la producción real) y los aspectos estructurales de la misma, es decir, los se refieren a las características estables de la economía nacional. Por el contrario, si nos fijamos en el corto plazo las oscilaciones son muy importantes y pondremos especial atención en los aspectos coyunturales, es decir, en cómo varían mes a mes las variables macroeconómicas más significativas.

Los ciclos económicos

Expansión y recesión

La observación de cómo evolucionan en el tiempo las economías nacionales muestra que las mismas tienden a crecer (aumentar su producción), a largo plazo, en torno a una senda denominada de producción de pleno empleo. Pero, lo normal es que dicha senda se caracterice por períodos de fuertes crecimientos (período de auge o expansivos) que se alternarán con otros en los que la economía se ralentizará e, incluso, puede llegar a decrecer (períodos contractivos o recesivos). Esta evolución de las economías, caracterizada por la sucesión de períodos expansivos y recesivos, denominados ciclos económicos.

Los ciclos económicos pueden ser: ciclos largos de unos 50 años (quizás habrá una grave crisis, incluso con descenso en la producción nacional), dentro de los cuales se encuentran los ciclos medios de unos 8 ó 10 años (importante crisis, quizás un estancamiento de la actividad económica), y ciclos menores de 3 ó 4 años (pequeña crisis, ralentización de las tasas de crecimiento de la economía).

Explicaciones de cuáles pueden ser las causas de los ciclos económicos. Probablemente:

  • En unos casos, pueden existir razones exógenas como guerras, desastres naturales, innovaciones tecnológicas.

  • En otros, los motivos pueden ser endógenos a la propia economía, por ejemplo, unas condiciones muy rígidas de determinados aspectos del sistema productivo, como un mercado laboral muy poco flexible, que no le permitan competir en los mercados internacionales.

Habitualmente, los procesos expansivos y recesivos se inician en un sector y se extienden paulatinamente a toda la economía. Sean cuales sean las causas, la cadencia y fuerza de los ciclos económicos, lo cierto es que esas oscilaciones se dan en la práctica. Tradicionalmente, los períodos de auge o expansivos implicaban unas fuertes presiones alcistas de la demanda que la oferta podía atender a duras penas. Por el contrario, en los períodos recesivos o contractivos la disminución de la producción provocaba incrementos en las cifras de desempleados: al producirse menos, hay menos necesidad de mano de obra.

Aunque en las últimas décadas los desequilibrios han presentado aspectos más complejos, parece obvio que la inestabilidad reduce el bienestar general y que sería preferible que la senda efectiva coincidiera con esa tendencia teórica que sigue las economías a largo plazo. Por ello, todos los gobiernos modernos intentan arbitrar medidas de política económica de carácter compensatorio. El objetivo teórico de estas es conseguir que las oscilaciones cíclicas, inevitables, reduzcan sus márgenes de variación.

Las medidas encaminadas a tal objetivo reciben el nombre de políticas estabilizadoras. En función de los datos que aportan las variables descriptivas de la situación económica general, los gobiernos tienen a estimular mediante diferentes mecanismos (en épocas recesivas) o a frenar (en épocas expansivas) la activad económica, de forma que ni el empleo ni los precios sufran variaciones excesivas.

Variables y políticas

Variables, desde el enfoque macroeconómico.

En primer lugar, debemos centrar nuestra atención en cómo evoluciona la economía de un país, a la que llamaremos producción nacional, tanto en sus tasas de variación como en su discurrir a lo largo de los años. El mayor o menor crecimiento de cada año nos permitirá detectar la marcha del ciclo económico.

Si estamos creciendo, la actividad económica permitirá absorber las incorporaciones netas al mercado de trabajo (diferencia entre quienes salen de él, ejemplo, los jubilados, y los que se incorporan al mismo, como es el caso de quienes acuden por primera vez a un puesto de trabajo), mantener los niveles de empleo o incluso reducir el posible desempleo. Un descenso en las tasas de crecimiento implica que la fase expansiva está llegando a su techo y empiezan a encenderse señales de alarma sobre que la misma es posible que no continúe. Un crecimiento bajo, casi nulo, denota un estancamiento productivo.

El decrecimiento supondría ya una grave recesión, una crisis importante que requiere medidas muy enérgicas para romper una inercia negativa que, por otra parte, tiende a autoalimentarse. En efecto, el descenso de la producción supone una reducción en el empleo y, por lo tanto, en las rentas de los propietarios de los factores productivos, entre los que se encuentran los trabajadores. Ello provoca a su vez una caída del consumo, de la demanda de bienes y servicios, lo cual lleva a nuevas reducciones en la producción y así sucesivamente.

Sin embargo, es preciso también que nuestro producto potencial vaya creciendo en el tiempo. No sólo es interesante la evolución en el corto plazo, sino también observar cómo se comporta la economía en el largo plazo. Esta tendencia (L/P) nos indica cuál es el crecimiento de la economía correspondiente. Y de ese crecimiento depende la evolución del nivel de empleo y las mejoras en bienestar de los ciudadanos.

El empleo y la estabilidad de precios son dos importantes variables macroeconómicas. Desde 1930 el pleno empleo se convirtió en el objetivo por excelencia de las políticas económicas. No sólo por sus repercusiones sociales y distributivas, sino también porque ello supone que la economía se sitúa en su FPP, asegura la óptima y eficiente utilización de sus recursos y provee a sus integrantes del máximo nivel posible de bienestar material.

La inflación (elevación continúa y generalizada de los precios) provoca efectos redistributivos perversos (aquellos que alteran la distribución inicial de la renta que proporcione el mercado en función de la participación de los distintos factores en el proceso productivo), introduce inseguridad en las relaciones comerciales y se ve acompañada frecuentemente de burbujas especulativas con el consiguiente riesgo para los mercados financieros.

Por otra parte, dado que el pleno empleo genera tensiones inflacionistas porque la oferta no puede responder con agilidad a incrementos importantes de la demanda derivados de la incorporación de todos los factores productivos a la vez, el doble objetivo del pleno empleo y la estabilidad de precios al mismo tiempo quizás sea difícilmente alcanzable. En tales casos la política económica deberá optar por un equilibrio razonable entre ambas metas.

El incremento del comercio internacional, el cambio tecnológico, los avances en campos como la información y los transportes y la progresiva eliminación de barreras entre países, han llevado a una fuerte interrelación de las economías nacionales, tanto mayor cuanto más próximas e integradas se encuentren entre sí.

Ello va a alterar buena parte de los análisis tradicionales de la macroeconomía, realizados sobre supuestos de economías cerradas (sin relación con otros países), y acrecienta la importancia del equilibrio exterior como objetivo de la política económica. Variables como el déficit de la Balanza Exterior (la Balanza de pagos) que mide los intercambios entre las economías de los diferentes países o la cotización de la moneda adquieren hoy una relevancia incluso superior a la que tradicionalmente tenían.

La política económica intentará conseguir sus objetivos estabilizadores y a favor del crecimiento a través de diversas medidas. Podemos hacer una clasificación inicial de las mismas según que actúen sobre la demanda o sobre la oferta:

Las políticas de demanda se encaminan a estimular o ralentizar, directa o indirectamente, las compras de bienes y servicios por parte del conjunto de los agentes económicos. Para ello se cuenta con la política fiscal (utilización de los ingresos y gastos públicos), y con la política monetaria (permite regular la evolución de la cantidad de dinero en circulación y de los tipos de interés). Muy ligada a las anteriores está la política cambiaria (conjunto de actuaciones encaminadas a mantener el equilibrio exterior y la estabilidad en la cotización de la moneda nacional respecto a las de los restantes países).

Las políticas de oferta inciden fundamentalmente sobre los costes de producción y pueden concretarse de muy diversas formas:

  • Políticas de rentas, intentando moderar su crecimiento por encima de los aumentos de la productividad.

  • Políticas de mercado, en defensa de la competencia, la liberación y la desregulación.

  • Políticas específicas presupuestarias y cambiarias, como inversiones públicas en infraestructuras o en educación, que incrementen la productividad general del sistema; reducciones de impuestos que incidan especialmente sobre la actividad productiva; el mantenimiento deliberadamente alto de la cotización de la moneda para abaratar los productos importados…

La contabilidad nacional: secretos y cuentas

Agentes y operaciones

Para conocer la realidad que pretendemos analizar y sobre la que los gobiernos quieren actuar, la primera exigencia es conocer ordenadamente las cifras más relevantes de la economía nacional. El instrumento básico para ello es la Contabilidad Nacional: conjunto de normas y registros contables que definen, ordenan y cuantifican las magnitudes agregadas básicas de una economía, según un sistema convencional que tiende a asemejarse en todos los países.

Con el fin de posibilitar las comparaciones internacionales, los organismos internacionales como la ONU elaboran periódicamente directrices a las que van adaptándose los sistemas nacionales (en España es a través de la UE que se plasman en el SEC, Sistema Europeo de Cuentas).

La primera tarea que requiere un sistema de cuentas agregadas es definir cuáles son los agentes económicos en los que nos vamos a centrar.

La clasificación de los agentes o unidades institucionales:

  • Los hogares. Las economías domésticas que detentan los factores productivos y son los sujetos relevantes del consumo final de la economía. Hay que destacar que parte de ellos realizan también directamente actividades de producción de bienes y servicios. Es frecuente incluir en este grupo a las instituciones privadas sin fines de lucro, de escasa importancia comercial, como sindicatos, partidos políticos, iglesias, clubes sociales, asociaciones de beneficencia…

  • Sociedades y cuasi sociedades no financieras, es decir, las empresas destinadas a la producción de bienes y servicios no financieros, privadas o públicas, nacionales o bajo control extranjero.

  • Instituciones de crédito y empresas de seguro, que se dedican principalmente a la intermediación financiera, canalizando el ahorro de unos agentes económicos hacia la financiación de las necesidades de otros. Incluyen también fondos de pensiones y de inversión.

  • Administraciones Públicas, que comprenden tanto la Administración central (el Estado y sus organismos), como la Seguridad Social y las Administraciones territoriales (en nuestro caso, las Comunidades Autónomas, Ayuntamientos e instituciones provinciales e insulares).

  • Resto del mundo, que agrupa el conjunto de relaciones que los residentes del país tienen con residentes extranjeros.

En la Contabilidad Nacional la economía nacional se refiere al conjunto de unidades residentes en el país y éstas son las que tienen un centro de interés en el territorio económico correspondiente (el español en nuestro caso).

Pero para considerar que una unidad tiene interés en el territorio nacional se exige que realice operaciones económicas durante, o más de un año. Por lo tanto, un trabajador que preste sus servicios o un turista que consuma durante unos meses en otro país, no pierde su condición de residente en España, pero pasa a ser considerado no residente si prolonga su estancia más allá del año.

Todos los agentes citados pueden considerarse razonablemente homogéneos, excepción hecha de las empresas productoras de bienes y servicios. Es evidente que dentro de ese concepto se incluyen agentes tan diferentes como una explotación pesquera, una gran fábrica siderúrgica o una pequeña tienda de electrodomésticos.

Las tablas intersectoriales o tablas input-output, ofrecen una información desglosada de las operaciones internas entre los distintos sectores económicos incluidos en el concepto genérico de empresas, así como su relación con los restantes agentes que aparecen en cuanto que sectores de demanda final o proveedores de inputs primarios. Estas tablas constituyen un elemento muy importante en el sistema de la Contabilidad Nacional y ofrecen la información sobre el origen y el destino de las operaciones y servicios y sobre el reparto del valor añadido entre las distintas unidades funcionales. Al mostrar las ventas y compras de todos los agentes, suponen una aproximación al modelo microeconómico del equilibrio general entre la oferta y la demanda en todos los sectores económicos.

El segundo paso de la Contabilidad Nacional es la definición y clasificación de las operaciones que realizan esos agentes económicos.

  • Operaciones de bienes y servicios: describen el origen y utilización de los bienes y servicios por las unidades residentes. Incluyen, por tanto, las operaciones ligadas a la producción, el consumo y el intercambio con el resto del mundo.

  • Operaciones de distribución: describen el destino de la renta generada durante el proceso productivo y la intercambiada con el resto del mundo. Describen también los flujos que dan lugar a la formación de la renta disponible y del patrimonio de las unidades residentes.

  • Operaciones financieras: describen las modificaciones en los activos y pasivos financieros de los sujetos, es decir, de las posiciones acreedoras o deudoras en los mismos.

Dentro de cada uno de estos grandes bloques, podemos englobar las magnitudes agregadas que tienen interés para el análisis macroeconómico.

Las operaciones de bienes y servicios

Nos interesa contabilizar el conjunto de bienes y servicios que la economía nacional ha obtenido y puede utilizar.

El principal componente vendrá dado por la producción de bienes y servicios, es decir, por el resultado de la actividad económica de las unidades residentes, destinada a la creación de productos, estén o no destinados a la venta. Los no destinados a la venta, debemos incluir los servicios que las AAPP y las instituciones privadas sin fines de lucro prestan a la colectividad en régimen gratuito o casi gratuito.

Dado que los bienes y servicios se valorarán a precios de mercado, será preciso utilizar en el caso de este tipo de bienes un criterio diferente (normalmente el coste de producción) si no queremos infravalorar su importancia cuantitativa.

Pero además de la producción nacional disponemos de un conjunto adicional de bienes y servicios que entran en el territorio nacional procedentes del resto del mundo, las importaciones. Éstas junto con la producción de bienes y servicios, constituyen los recursos, los bienes y servicios disponibles ¿Qué destino tienen esos bienes y servicios? La mayor parte de los mismos al consumo, tanto al consumo final (que satisface directamente necesidades humanas, individuales o colectivas) como al consumo intermedio (utilizados para producir otros bienes o servicios). Otra parte se destina a la inversión. Hay que destacar que esa inversión se refiere tanto al capital fijo (maquinarias, edificios…) como a la variación de existencias (materias primas, productos semielaborados y productos finales). Por último, parte de la producción nacional se destinará a la exportación, es decir, saldrá definitivamente del país con destino a residentes del resto del mundo.

Las operaciones de distribución

La producción de los bienes y servicios ha generado unas rentas, unos ingresos (unas retribuciones) para quienes han participado en ese proceso. Asimismo, el Estado interviene en el mercado detrayendo parte de esos ingresos a través de los impuestos y reintegrándolos al flujo de rentas a través de las distintas partidas de gasto público.

Las operaciones de distribución en la Contabilidad Nacional intentan reflejar quienes son los beneficiarios de esas rentas que, directa o indirectamente, se han generado en el proceso económico. El componente más importante lo constituye el capítulo de remuneración de los asalariados (salarios):

comprende todos los pagos (en dinero y/o especies) realizados por los empleadores en concepto de contraprestación por el trabajo realizado por sus empleados durante un período considerado. Este grupo incluye no sólo los sueldos y salarios propiamente dichos, sino también las cotizaciones realizadas por los mismos empleadores, fundamentalmente a la Seguridad Social. Las rentas de la propiedad y de la empresa recogen el resto de remuneraciones por los factores productivos distintos del trabajo. Se incluyen los intereses, las rentas de la tierra y de los activos inmateriales y los dividendos y repartos de beneficios de las empresas.

Estos dos capítulos abarcarían todos los pagos a los factores productivos y, por lo tanto, todas las operaciones de renta si no existiera la intervención pública. Sin embargo, no todos los recursos generados en la producción y venta de los bienes y servicios van a parar directamente a los bolsillos de los propietarios de los factores productivos. Por un lado, el precio que se paga por los bienes y servicios lleva incorporado unos impuestos indirectos. Por lo tanto, del precio de venta, la parte fundamental es un ingreso efectivo para las empresas que utilizarán para retribuir a sus factores productivos, pero otra parte se destina a la hacienda pública para pagar los impuestos sobre la producción y las importaciones (IVA, impuestos sobre productos importados, impuestos municipales sobre la actividad empresarial, tasas…).

En sentido opuesto, las empresas reciben también en determinados casos unas ayudas a la producción, que denominamos subvenciones de explotación. Éstas son transferencias corrientes que las Administraciones públicas efectúan a las unidades residentes que producen bienes y servicios con el fin de influir en sus niveles de producción, en sus precios o en la retribución de los factores de producción.

Por otro lado, de las rentas dirigidas a los factores productivos también el Estado detrae unas cantidades a través de los impuestos directos, que se engloban en la rúbrica de impuestos corrientes sobre la renta y el patrimonio (IRPF, IPN, IS, IBI…) Como el caso anterior, también existen transferencias en sentido inverso, pagos sin contrapartida directa que las Administraciones públicas proporcionan a los hogares en concepto de subsidios de enfermedad, vejez, desempleo, invalidez, enseñanza (becas), etc. Estos se denominan subsidios o prestaciones sociales.

En los sistemas actuales de cuentas nacionales se incluyen las transferencias sociales en especie, que comprenden los bienes y servicios individuales proporcionados (sobre todo por unidades de las AAPP) a los hogares de forma gratuita o a precios económicamente no significativos (servicios de enseñanza y sanidad, alojamiento, culturales, recreativos, etc.).

Otras transferencias corrientes pueden abarcar diferentes pagos sin contraprestación no incluidos en los grupos anteriores (primas e indemnizaciones de seguros diversos, transferencias entre Administraciones, cooperación internacional, loterías, etc.).

Las transferencias de capital recogerían los pagos sin contrapartida directa que implican la adquisición o cesión de activos por parte de alguna de las partes intervinientes, normalmente entre las AAPP (o el resto del mundo) y las unidades residentes. Los impuestos sobre el capital: se refieren a las detracciones obligatorias sobre el capital o el patrimonio percibidas por las Administraciones públicas de manera no periódica (Impuesto de sucesiones y donaciones…). La contrapartida son las ayudas a la inversión, que son los pagos que realizan a fondo perdido las Administraciones Públicas, nacionales o internacionales, para financiar total o parcialmente la formación bruta de capital fijo por parte de otras unidades.

La última partida relevante es el consumo de capital fijo, que representa la depreciación experimentada en el período considerado por el capital fijo disponible, como consecuencia no sólo de su utilización normal, sino también por la obsolescencia previsible (envejecimiento tecnológico). Incluye también una provisión para pérdidas de bienes de capital fijo como consecuencia de daños por accidentes asegurables.

Las operaciones financieras

Las operaciones financieras nacen de las relaciones que mantienen los agentes económicos o unidades institucionales de una economía. Un activo es un derecho (lo que tengo) mientras que el pasivo es una obligación (lo que debo). Las operaciones financieras crean o se liquidan activos y pasivos financieros o transfieren la propiedad de éstos. Es decir, se crea o se liquida una deuda de un agente respecto de otro. Deuda que puede materializarse en instrumentos financieros diversos: desde un depósito bancario hasta bonos, acciones, etc. Las operaciones financieras implican variaciones en los balances (diferencias entre activo y pasivos) de las distintas unidades, puesto que aumentan o reducen sus derechos o sus deudas. Otras modificaciones en el balance pueden ser otras causas como revalorizaciones, pérdidas por catástrofes, expropiaciones sin indemnización, etc.

Además, el saldo de la cuenta financiera refleja el importante dato de la capacidad o necesidad de financiación de cada sector o de la economía en su conjunto. Si los derechos frente a terceros (ej. deudas que tienen éstos con nosotros) han aumentado más que las obligaciones de pago (lo que nosotros debemos a terceros), es claro que estamos financiando al resto de los sectores, lo que denota, por tanto, que ha existido capacidad excedente de ahorro. Si, por el contrario, las deudas crecen más que los activos, hemos necesitados financiación ajena.

La capacidad o necesidad de financiación de la economía en su conjunto será el resultado de sumar los saldos de todos los sectores institucionales interiores y es, por definición, igual a la necesidad o capacidad de financiación de la cuenta financiera del exterior. Las necesidades de financiación de una economía nacional sólo pueden cubrirse a través de préstamos de los demás países: es el resto del mundo el que ha de tener en relación con nosotros una paralela capacidad de financiación. Y viceversa.

La combinación ordenada de estas operaciones por parte de cada uno de los agentes permitirá el análisis económico de la economía nacional.

El producto nacional

El flujo circular de la renta

En la versión sencilla del flujo circular de la renta, las empresas producen bienes y servicios que consumen los hogares (mercado de bienes), utilizando los factores que las economías domésticas han aportado al proceso productivo y por los que son retribuidas (mercados de factores). Ese flujo básico nos señala que la primera magnitud que debemos medir es precisamente la cantidad de “líquido” que circula por los canales de ese flujo. Pues bien, ese volumen es el producto nacional: conjunto total de bienes y servicios generados en una economía en un período de tiempo determinado.

Dado que la producción de esos bienes y servicios se materializa en el pago de los factores productivos que intervienen en ella, esos pagos representan la Renta Nacional.

Con ambas denominaciones podemos medir el flujo circular de la renta desde enfoques diferentes:

  • La producción pone el acento en los bienes y servicios producidos.

  • La renta contempla lo que las empresas han tenido que pagar para producir esos bienes y servicios.

  • Además, lo que las economías domésticas han pagado por los bienes y servicios, es el gasto nacional, puesto que ahí estamos midiendo el consumo total.

Producto, renta y gastos son tres enfoques distintos para el mismo concepto fundamental. Mientras no compliquemos el análisis, los tres nos darían el mismo resultado.

Una última opción sería fijarnos en la suma de todos los factores productivos utilizados en el proceso productivo, entonces, estaríamos hablando de valor añadido bruto de la economía.

  • El valor añadido de una empresa = Producción total (conjunto de bienes y servicios) – Todos los bienes y servicios producidos por otras empresas utilizados para la producción propia (conjunto bienes y servicios).

Buena parte de los bienes y servicios que se producen por las empresas no son utilizados directamente por los consumidores finales, sino por otras empresas que los emplean para obtener sus productos. Si contabilizáramos la producción total como la suma de lo producido por todas y cada una de las empresas, estaríamos sumando varias veces el mismo producto, estaríamos inflando artificialmente el resultado. Por ello debemos contabilizar tan sólo el valor añadido por cada una de las empresas.

De la producción final de cada empresa hay que restar todos los bienes y servicios que en realidad no ha producido ella, sino otras empresas; bienes que, por tanto, ya se han contabilizado a efectos de producto nacional en el momento en que sumamos la producción de las primeras. De la segunda sólo debemos considerar la parte de valor nuevo que aporte, que añada a lo que recibió: es decir, el valor añadido. Ese valor añadido puede obtenerse, por sustracción, es decir, restando de la cifra final de ventas las compras realizadas a otras empresas. Pero también es posible por adición, es decir, sumando todos los factores productivos que ha utilizado directamente.

El cálculo del producto nacional: algunos problemas de cálculo

Si queremos obtener la producción nacional total, nos encontramos con que tendríamos que sumar naranjas con automóviles, con viajes en avión… Innumerables bienes y servicios que sólo pueden sumarse si los reducimos a una unidad común: la unidad de cuenta convencional que es el dinero, la moneda de uso corriente. Para ello, utilizaremos como regla general el expediente de multiplicar cada bien que se produce por su precio de venta en el mercado: ni la columna de unidades de productos ni la de precios pueden sumarse porque utilizan distintos patrones de medida. Sólo la columna final, expresa en euros, permite la suma y el total correspondiente que, en este ejemplo, coincidirá con la producción nacional del período que estemos midiendo.

El producto nacional en el 2006 asciende a 9.390€ millardos. Podemos estimar la tasa de crecimiento de un año a otro:

  • Tasa de crecimiento de la producción = (producto año 1 / producto año 0) – 1 = = (9.390/6.050) – 1 = 0,552 = 55,20%

El producto nacional ha aumentado un 55,2% el año 2006 respecto a 2005. Ahora, bien, como puede verse en las cifras del ejemplo, parte de ese incremento se debe a que efectivamente se han producido más bienes y servicios, pero de otra parte viene motivada porque los precios han sido más elevados. La cifra de aumento que hemos obtenido está exagerada. Ello es consecuencia de haber utilizado variables nominales y no reales. Decimos que una magnitud se expresa en precios corrientes (valores nominales) cuando se valora a los precios de mercado vigente en el período que se esté considerando.

Si queremos valorar el crecimiento real de la economía, valores reales, debemos valorar a los precios vigente en otro período de tiempo que se tome de base. Ejemplo, el total de Tm de naranjas vendidas en 2006 a precio que tenía en 2005, y así para todos los bienes y servicios... Luego, para calcular la tasa de crecimiento real de la producción: (7.060/6.050) – 1 = 0,1669 = 16,69%. Es decir, que frente a un crecimiento nominal 55,20%, el crecimiento real supone tan sólo un 16,69%. A esa operación de aislar y separar el efecto que, sobre una magnitud, se debe tan sólo a la variación experimentada por los precios, se denomina deflactar.

La producción nacional total de los bienes y servicios por los residentes de un país durante un período de tiempo, normalmente un año, recibe el nombre de Producto Interior Bruto (PIB).

Denominamos deflactor del PIB a la variación media de los precios de bienes y servicios que lo integran.

Se obtiene ponderando la variación de precio de cada uno de los bienes, es un índices que se utiliza para medir la inflación que ha experimentado una economía durante un período de tiempo determinado.

  1. Dado que el criterio de valoración del producto nacional es el precio de mercado, su estimación difícilmente puede incluir toda una serie de bienes y servicios que no pasan oficialmente por el mercado (las transacciones ilegales, la economía sumergida que puede oscilar de un país a otro de 3 al 30% de la producción oficial. El autoconsumo, ejemplo, si uno de los cónyuges se encarga de las tareas domésticas y no trabaja fuera, esas horas de trabajo no se contabilizan en el PIB).

  2. Para completar la medición del producto nacional total, es preciso acudir a imputaciones, es decir, a estimar un valor aproximado por imposibilidad de conocer el real. En buen número de casos, de nuevo, porque los bienes y servicios afectados no pasan por el mercado. Como sería los bienes y servicios que el Sector Público (también otras instituciones privadas sin fines de lucro) ofrecen a los ciudadanos en régimen gratuito o semigratuito. Al no existir un precio de venta o ser éste muy inferior al que correspondería, existe la convención de valorarlos al coste de producción de esos bienes y servicios. Supone dos distorsiones importantes:

    1. No se incluye los beneficios que exigiría una oferta privada por esos mismos bienes y servicios.

    2. No se tienen en cuenta los posibles cambios en la productividad. Si un organismo público consigue mejoras organizativas importantes que le permiten ofrecer los mismos servicios a los ciudadanos pero a mitad de coste, en términos de PIB ese servicio se valoraría como reducido en un 50%, cuando lo cierto es que la producción real no ha variado en absoluto.

Otro supuesto es el que afecta a la valoración de de los alquileres imputados a la vivienda propia. La vivienda es un gasto de inversión para los hogares que se consume realmente en una serie de años posteriores ¿cuánto vale ese consumo?, igualmente se estimará.

Producto nacional y bienestar social

La relación de problemas que plantea la medición del producto nacional podría extenderse mucho más.

Deben tomarse con especial cuidado las comparaciones internacionales: aunque, como se ha dicho, los organismos internaciones intentan homogeneizar los métodos utilizados, los márgenes existentes de diferencias de criterio son importantes y la presencia de fenómenos como la economía sumergida o el autoconsumo puede variar decisivamente de un país a otro.

Por ello, son posiblemente más fiables los datos correspondientes a un mismo país y su evolución a lo largo del tiempo, siempre que no hayan variado significativamente los criterios estadísticos o la realidad sobre la que se aplican los supuestos de estimación e imputación. No obstante, estas limitaciones, las magnitudes agregadas son utilizadas habitualmente para calibrar el nivel de bienestar de las naciones.

Suele decirse que con todos sus fallos, aportan una información global bastante aproximada de lo fundamental del aparato productivo del país; que esos datos son razonablemente comparables con los de otros países, aunque las magnitudes económicas agregadas no midan todos los aspectos de la vida que proporcionan satisfacción a los seres humanos, al menos informan de buena parte de bienestar material que, a su vez, sustenta un porcentaje muy elevado de bienestar total de los individuos.

Sin embargo, es obvio que PIB y magnitudes similares miden sólo unos aspectos y no valoran, ni pretenden medir, otros muy importantes (los englobamos todos ellos en el de la calidad de vida).

Algunos economistas han intentado paliar esas deficiencias aportado ideas alternativas. Una de ellas es la de evaluar:

  • BEN (Bienestar Económico Neto) = (PIB + estimación de autoconsumo + los aumentos del tiempo de ocio + la economía sumergida) – los daños sufridos al medioambiente.

Las Naciones Unidas han introducido, para las comparaciones internacionales de bienestar y nivel de desarrollo, un índice el IDH (Índice de Desarrollo Humano), que tiene en cuenta, además del poder adquisitivo de la renta media, la esperanza de vida y el índice de alfabetización.

Aunque todas estas aproximaciones resultan siempre interesantes, la principal dificultad que plantean es cómo ponderar la importancia de cada una de las variables. Por otra parte, estos índices han sido también criticados por no incorporar aspectos cualitativos. Por ejemplo, un aspecto que no aparece en las magnitudes que estamos revisando es el que se refiere a cómo se distribuyen la producción y la renta de un país determinado.

Con todas su restricciones, y sin olvidarlas, las magnitudes económicas agregadas siguen resultando una de la aproximaciones más objetivas y fiables de la situación general de un país, y conocer su evolución resulta indispensable para arbitrar las medidas más adecuadas de política económica.

Las magnitudes agregadas

Las magnitudes agregadas de la Contabilidad Nacional son las cifras de síntesis que permiten medir el resultado de una economía nacional, la importancia de sus componentes más relevantes y la evolución de todo ello.

La primera magnitud de la que parte todo nuestro análisis es el PIB (Producto Interior Bruto) que se calcula siempre a precios de mercado. El PIB equivale al Valor Añadido Bruto es el conjunto de bienes y servicios producidos en un país por los residentes del mismo a la largo del período que se considere.

En primer lugar, debemos dar el paso del criterio geográfico (interior) al concepto personal (nacional).

El concepto de “nacional” pone el acento en quien se apropia de los pagos que ha generado la producción, con independencia de dónde ha sido ésta generada. Renta nacional (RN) es la suma de las rentas obtenidas por todos nuestros nacionales con independencia de dónde se ha llevado a cabo la producción.

Para obtener el PNB bastaría con sumar al PIB las rentas obtenidas por los factores españoles (nacionales) en el extranjero (rfne) y restar las rentas obtenidas por los factores extranjeros en el interior en España (rfei).

  • PNB = PIB + rfne - rfei

No obstante, es preciso resaltar que tan sólo tomamos en cuenta los movimientos efectivos de estas rentas a favor de residentes españoles o viceversa, pero no la producción total. En este sentido, si una empresa de capital español produce bienes en una fábrica radicada en Argentina, la producción correspondiente forma parte del PIB de Argentina. Asimismo, los pagos a los factores productivos que allí se realicen formarían parte también del PNB argentino, y no del español. Si esa fábrica no produce beneficios, el PNB español no contendría ni un solo euro por causa de esa fábrica. Si esa empresa generara unos beneficios para la empresa española matriz, entonces sí son rentas obtenidas en el exterior que deberán integrarse en el PNB español.

La deducción de la depreciación permite siempre el paso de la valoración bruta a la neta, por ejemplo, el PNB – depreciación (del capital fijo) = PNN (Producto Nacional Neto). ¿Es este PNN ya la Renta Nacional (RN)?, NO.

Luego, para calcular la Renta Nacional tenemos que aplicar la siguiente fórmula:

  • RN = PNB + Subv – I.ind – Ccf (PNB + Subvenciones – Impuestos indirectos – Consumo de capital fijo).

¿Representa la Renta Nacional el conjunto de recursos que las economías domésticas tienen a su disposición para tomar libremente sus decisiones de consumo y ahorro? ¿Toda esa renta puede ser gastada por las economías domésticas como propietarios de los factores de producción? La respuesta es NEGATIVA. Porque no todas las retribuciones devengadas por los factores productivos llegan efectivamente a los bolsillos de sus propietarios. Debemos descontar, en primer lugar, los impuestos que soportan esas rentas (impuestos directos, en los que incluimos a estos efectos los que recaen sobre la renta y el patrimonio, así como las cotizaciones a la seguridad social) puesto que la parte correspondiente de los mismos minora las rentas inicialmente percibidas. En sentido opuesto, hay que sumar el importe de los subsidios, las transferencias que el sector público hace a los hogares a través de los programas de pensiones, apoyo a los desempleados, supuestos de invalidez, etc. La última partida que hay que tomar en consideración es la que se refiere a los beneficios no distribuidos por las empresas. La cifra total de los beneficios empresariales netos (descontando los impuestos que recaen sobre ellos) se descompone en dos partes: la que se distribuye entre los propietarios a través de los dividendos o participaciones en beneficios y la que queda en la empresa como ahorro empresarial, nutriendo las reservas para las distintas provisiones. Esta última parte no llega tampoco a los hogares y, por lo tanto, también tenemos que restarla de la Renta Nacional.

Una vez efectuadas todas las operaciones citadas, obtendríamos la Renta Nacional Disponible o Renta Disponible, que representa el volumen total de ingresos de que disponen los hogares para utilizar libremente, ya en bienes de consumo, ya dedicándolo al ahorro con vistas al consumo futuro. Es:

  • RD = RN + Subs – I.dir – A.empr (RD = Renta Nacional + Subsidios – Impuestos directos – Ahorro empresarial).

Esta Renta Disponible nos permite conocer razonablemente el nivel de recursos con el que cuentan los ciudadanos de un país y es un aparente buen indicador de su nivel de vida. Para las comparaciones internacionales, será conveniente reducir esa cifra a términos per cápita (Renta Nacional Disponible / número habitantes). Obtenemos así la renta media, los recursos disponibles que corresponden teóricamente a cada uno de los ciudadanos del país en cuestión durante el período de que se trate.

Todavía podemos añadir un paso más. El nivel de vida de los naturales de un país no sólo depende de los bienes y servicios que pueden adquirir en el mercado. En las economías mixtas desarrolladas, en las que el sector público tiene un papel importante, existe también una relevante oferta de bienes y servicios de los que los sujetos disfrutan libremente porque son prestados gratuitamente por el Estado. El desarrollo del llamado Estado de bienestar ha motivado que el gasto público en bienes como Educación y Sanidad, los conceptos más cuantiosos, o transportes, guarderías y otros servicios hayan alcanzado niveles muy elevados. Estas prestaciones públicas afectan notoriamente al bienestar de los ciudadanos que los disfrutan.

Por ello, la ONU ha introducido el concepto de RDA (Renta Disponible Ajustada), que pretende incorporar estas prestaciones públicas en especie. Para obtenerla su fórmula es:

  • RDA = RD + ppe (RDA = Renta Nacional Disponible + prestaciones públicas en especie).

Un país en el que existen impuestos elevados acompañados de unas prestaciones gratuitas en educación, sanidad… podría tener un nivel de renta disponible per cápita que otro de similar PIB pero con bajos impuestos e inexistentes prestaciones públicas.

La Contabilidad Nacional ofrece por tanto las estimaciones de estas magnitudes agregadas y permite conocer la evolución de una economía y analizar sus equilibrios y desequilibrios.