Dinámica de la posesión

Sujetos de la posesión

Las reglas de capacidad

Los menores y los incapacitados pueden adquirir la posesión de las cosas; pero necesitan de la asistencia de sus representantes legítimos para usar de los derechos que de la posesión nazcan a su favor.

Doctrinalmente se ha puesto en duda el significado de que el precepto se refiera en exclusiva a "la posesión de las cosas", pues cabe entender que, en consecuencia, se excluye la adquisición de "la posesión de los derechos" por menores o incapacitados. En tal sentido, afirman algunos autores que la eventual exclusión de la posesión de los derechos vendría justificada por la relativa dificultad e imposibilidad de discernimiento de menores e incapacitados en relación con los derechos.

A mi entender -señala el prof. Lasarte- , dicha propuesta restrictiva resulta discutible y antagónica con la regla generalmente aceptada en sede de adquisición de la propiedad mediante ocupación. ¡Quién puede lo más, puede lo menos!.

Naturalmente también pueden adquirir la posesión las personas jurídicas como señala el art. 38: "Las personas jurídicas pueden adquirir y poseer bienes de todas clases...".

La coposesión

La posesión, como hecho, no puede reconocerse en dos personalidades distintas, fuera de los casos de indivisión.

Aparte de la importancia de resaltar la imposibilidad material de existencia de dos poseedores de hecho, el precepto reconoce abiertamente que la (misma o única) posesión de hecho puede corresponder, en indivisión, a varios poseedores.

En tal caso, el sujeto de la posesión será desempeñado por una pluralidad de personas y, por consiguiente, se habla técnicamente de coposesión, en paralelo a la situación de copropiedad. Por analogía se puede aplicar la regulación de la copropiedad, pero no exactamente, pues la posesión no tiene cuota de posesión.

Es indudable que la cotitularidad puede caer también sobre la posesión como derecho (baste pensar en el supuesto de los poseedores mediatos, en cuanto arrendadores de un apartamento, sean varios).

El objeto de la posesión

Conforme a nuestro Código, la posesión recae tanto sobre las cosas propiamente dichas cuanto sobre los derechos.

Sólo pueden ser objeto de posesión las cosas y derechos que sean susceptibles de apropiación. Sólo pueden poseerse las cosas o los derechos idóneos para la apropiación privada o realizada por los particulares.

La posesión de las cosas

La idea de que el objeto directo de la posesión son las cosas en sentido técnico no ofrece dificultad alguna.

Lo contrario ocurre respecto de las denominadas cosas incorporales o inmateriales, como ocurriría señaladamente con las obras objeto de la propiedad intelectual (o industrial, como un invento o una marca). De una forma u otra, como cosa o como derecho, cabe también la posesión de las cosas incorporales.

La posesión de los derechos

La reestructuración y acomodación sistemática de la materia por obra del Code de Napoleón acaba por generar el resultado de que desaparece toda referencia a la cuasiposesión y que la posesión puede recaer tanto sobre cosas como sobre derechos. El CC habla de tenencia de una cosa o disfrute de un derecho, sin establecer distinción alguna entre posesión de cosas y posesión de derechos.

La susceptibilidad de apropiación

Sólo son idóneos para ser objeto de posesión las cosas y los derechos que sean susceptibles de apropiación. Hay otra definición, más imprecisa, al afirmar que "Son susceptibles de prescripción todas las cosas [y, por extensión, como sabemos, los derechos] que están en el comercio de los hombres".

Para ser objeto de posesión se requiere que las cosas o derechos puedan ser sometidos al poder del poseedor sin otro trámite que la propia tenencia material de aquéllos.

No son idóneas, pues, como objeto de posesión las llamadas cosas comunes (aire, lluvia, agua), cuyo uso generalizado imposibilita su apropiación.

Habrían de excluirse al menos del ámbito posesorio los derechos de prenda e hipoteca y las servidumbres que no sean continuas y aparentes.

Frente a dicha tesis, sostuvo con su habitual finura el Profesor ALBALADEJO que, conforme a nuestro propio Código, semejante restricción carece de sentido, pues son susceptibles de apropiación y de posesión tanto derechos reales cuanto determinadas posiciones derivadas de derechos de crédito siempre y cuando no se agoten uno ictu y sean, por tanto, de ejercicio duradero y continuado. Así, prácticamente todos los derechos reales limitados (con la sonora excepción de la hipoteca, por obvias razones de inscripción constitutiva) y al menos las posiciones de arrendatario, comodatario y depositario podrían ser objeto de posesión.

Cuestión distinta es que tal posesión pueda ser considerada en todos los supuestos descritos posesión ad usucapionem y que, en consecuencia, la posesión continuada pueda generar la adquisición del correspondiente derecho. Semejante conclusión sólo puede defenderse respecto de la propiedad y ciertos derechos reales, como la usucapión ordinaria y extraordinaria. En cambio, respecto de las situaciones posesorias atinentes a relaciones crediticias debe llegarse a la conclusión contraria, pues la condición de arrendatario, comodatario o depositario no puede adquirirse mediante la usucapión.

Lo dicho naturalmente no obsta a que tales poseedores de derechos de crédito cuenten a su favor con la protección interdictal, incluso frente al poseedor mediato de cuya esfera trae causa la posesión de aquéllos, como es de todo punto de vista obvio, si el poseedor mediato inquieta o perturba indebidamente su señorío de facto sobre la cosa.

Adquisición de la posesión

La posesión se adquiere por la ocupación material de la cosa o derecho poseído, o por el hecho de quedar éstos sujetos a la acción de nuestra voluntad, o por los actos propios y formalidades legales establecidas para adquirir tal derecho.

Ha merecido toda suerte de críticas y la doctrina se ha empeñado en ofrecer unos criterios sistematizadores propios , entre los que resalta la diferenciación entre los modos originarios y derivativos de adquisición de la posesión.

La ocupación material

La cuestión fundamental consiste en determinar si "la ocupación material de la cosa o derecho poseído" puede diferenciarse de el hecho de quedar éstos sujetos a la acción de nuestra voluntad.

Según el Prof. Lasarte, se trata de que el poseedor llegue a serlo por contar con la tenencia de la cosa o el disfrute del derecho correspondiente, con independencia de que dicha detentación encuentre origen o no en la actuación del anterior poseedor.

La transmisión de la posesión

La posesión se adquiere también "por los actos propios y formalidades legales establecidas para adquirir tal derecho".

Doctrinalmente, suele afirmarse que entre tales medios destaca ante todo la propia tradición. La tradición es la entrega (más o menos espiritualizada) de la posesión con ánimo de transmitir la propiedad o los demás derechos reales. Puede consistir estrictamente en la pura posesión. La traslación posesoria puede producirse sin conexión alguna con la titularidad jurídico real, pero permitiendo y legitimando al nuevo poseedor para sujetar a la acción de su voluntad la cosa o el derecho correspondiente.

Algunos autores consideran pertinente diferenciar también los supuestos de adquisición judicial de la posesión. Habrían de considerarse de forma especial los siguientes:

  1. Cuando en virtud de la sentencia deba entregarse al que ganó el pleito alguna cosa [inmueble o mueble], se procederá inmediatamente a ponerlo en posesión de la misma, practicando a este fin las diligencias conducentes que solicite el interesado.

  2. El caso de embargo preventivo de bienes muebles, que se depositarán en persona de responsabilidad

  3. La posesión inherente a la administración judicial de los bienes litigiosos. Si el juez acuerda la intervención en la administración de tales bienes “se dará inmediatamente posesión al elegido para desempeñarla.

Por su parte, en la LEC-2000 deberían tenerse en cuenta fundamentalmente los supuestos de puesta en posesión de:

  • cosa mueble determinada

  • cosas muebles genéricas o indeterminadas

  • bienes inmuebles

La transmisión por ministerio de la ley: la llamada posesión civilísima

El art. 440 CC recoge una forma especial de adquisición de la posesión, a la que doctrinal y jurisprudencialmente suele denominarse posesión civilisima. Dice el precepto que: "La posesión de los bienes hereditarios se entiende transmitida al heredero sin interrupción y desde el momento de la muerte del causante, en el caso de que llegue a adirse la herencia. El que válidamente repudia una herencia se entiende que no la ha poseído en ningún momento".

En relación con la sucesión hereditaria, los herederos aceptantes son considerados legalmente poseedores de los bienes hereditarios desde el momento de la muerte del causante. Aunque no haya ocupación ni aprehensión alguna por parte de los herederos, éstos son considerados verdaderos poseedores, aunque su posesión haya de estimarse incorporal, por disponerlo así la propia Ley que, además, prevé un procedimiento especial para la consecución de la posesión como hecho: el interdicto de adquirir.