La demanda interior

La función del consumo

La función keynesiana

La función de consumo describe la relación entre el gasto planeado por las familias y el conjunto de fuerzas que lo determinan, especialmente el nivel de renta.

La representación más simple parte de la primera formulación keynesiana que relacionaba el consumo corriente con la renta corriente. El consumo dependería de la renta, creciendo con ella, aunque menos que proporcionalmente.

Para describir cómo varía el consumo cuando cambia la renta en el tiempo, la función sería:

C = C0 + (PMC · Yd)

donde:

Yd es la renta disponible

C0 es el consumo autónomo

PMC es la propensión marginal a consumir. Indica qué parte de cada unidad adicional de renta dedicamos a incrementar el consumo. Se presume inferior a la unidad pues solo una parte se destina al consumo.

De la fórmula anterior se extrae que C0 es fijo y no depende del nivel de renta, es decir, hay un mínimo de consumo que no se perdería aunque bajara mucho la renta.

Características de la función de consumo:

  • Existe un umbral en el nivel de renta en el cual las familias planean consumir toda su renta, es decir, el ahorro agregado de la economía sería nulo.

  • Por debajo de ese umbral las familias realizan un consumo que excede su renta (el consumo autónomo que se ha citado), consumo financiado, bien mediante préstamos, bien utilizando su riqueza acumulada previamente.

  • Por encima de dicho umbral, las familias planean consumir una parte de su renta y ahorrar el resto. Cualquier cambio en la renta provoca un cambio en el consumo de menor cuantía, al ser la propensión marginal a consumir menor que 1 (PMC < 1).

En consecuencia, según aumenta el nivel de renta, aumenta el nivel absoluto del consumo, pero disminuye la propensión media a consumir, es decir, el porcentaje de la renta que se destina al consumo.

La función keynesiana de consumo refleja que el consumo depende de otros factores además de la renta:

  • Las variaciones en la distribución de la renta: cualquier cambio en la distribución de la renta provocará una variación en el consumo agregado correspondiente a cada nivel de renta.

  • Los cambios en las condiciones de los créditos: cuando los créditos son más costosos las economías domésticas aplazan sus planes de consumo.

  • Los cambios en las existencias de bienes duraderos: la demanda de bienes duraderos es muy volátil, después de una crisis suele venir una explosión en el gasto de este tipo de bienes.

  • Las expectativas sobre los precios: los cambios esperados en los precios alteran las pautas de consumo.

La renta permanente

La experiencia muestra que el comportamiento del consumo no puede explicarse relacionándolo exclusivamente con la renta corriente de cada año.

La hipótesis de la renta permanente sostiene que cualquier variación en la renta corriente no implica automáticamente un reflejo en el consumo, sino que este se planifica en función de lo que cada familia considera que es su renta normal o permanente.

La hipótesis del ciclo vital relaciona las decisiones de consumo, no con la renta corriente, sino con la renta normal esperada a lo largo de la vida. Los hogares planifican su consumo intentando mantener un nivel de vida similar, acorde con su renta permanente esperada.

Las familias tienden a endeudarse en la primera fase de la vida activa y, en los períodos más fructíferos, a ahorrar para la jubilación.

La existencia del ahorro introduce otro factor importante en las decisiones de consumo que es el efecto riqueza. Un aumento de la riqueza llevaría así a un estímulo del consumo presente.

La principal consecuencia es que solo cuando los cambios en la renta corriente alteren la renta permanente, tendrán un reflejo en el comportamiento del consumo. Es decir, cualquier cambio en la renta corriente que se considere temporal no alterará la renta permanente y, por lo tanto, no afectará al consumo.

El ahorro y la inversión

El ahorro

La elección de las economías domésticas entre consumo presente y consumo futuro (ahorro) vendría determinada fundamentalmente por el nivel de renta, con las matizaciones ya vistas. Ello determinará la existencia de una función de ahorro agregado de toda la economía.

Como la suma del consumo más el ahorro es igual a la renta disponible, la propensión marginal a ahorrar, la parte que de cada unidad adicional de renta disponivble se ahorra, tiene que ser igual a 1 menos la propensión marginal a consumir.

PMA = 1 - PMC

Consecuentemente, cuando la renta es nula, el ahorro es negativo y de cuantía igual a lo que hemos denominado consumo autónomo o mínimo de subsistencia. Ello viene explicado por el hecho de que cuando las familias consumen por encima del umbral de renta, lo hacen desahorrando.

El ahorro es la otra cara del consumo, es decir, un NO GASTO. La parte de la renta que se destina al ahorro es una salida del flujo circular de la renta y no forma parte de la demanda agregada. El ahorro es la fuente de financiación del segundo gran componente de la demanda, la inversión.

La inversión

La inversión o formación de capital es la producción de bienes que reponen e incrementan el valor del capital real de la economía.

  • (Aumento de stock capital) Inversión renta = Inversión bruta – depreciación.

Recordemos que la depreciación es la pérdida de valor que experimentan los bienes de capital como consecuencia de desgaste físico, fruto de su uso o de envejecimiento, o de la obsolescencia. La amortización es la partida contable que refleja dicho desgaste, la pérdida de valor experimentada por los activos de capital.

La inversión es un gasto, una entrada en el flujo circular de la renta, un componente de la demanda agregada. De hecho, los ciclos económicos se relacionan en buena medida con las fluctuaciones de esta magnitud y con sus componentes son:

  1. La adición de capital como maquinaria, edificios… el aumento de bienes que permitirán incrementar la producción en el futuro. Su evolución condiciona el llamado ciclo de los negocios, con una duración tópica en torno a los 10 años.

  2. La variación de existencias. Se consideran existencias las materias primas, los bienes utilizados en el proceso productivo y los ya terminados, que las empresas tienen en previsión de ventas. Las existencias de bienes ya producidos se consideran inversión porque permiten a las empresas hacer frente a los pedidos y evitar fluctuaciones temporales e inesperadas en la producción o en las ventas y porque les puede resultar más ventajoso adquirir grandes cantidades de inputs, que pequeñas cantidades con mayor frecuencia. Por este motivo, la inversión asociada a las existencias suele ser planeada, pero cuando la empresa produce bienes que espera vender y no vende, porque los pedidos esperados no se materializan, entonces la inversión será no planeada o no deseada.

    • Esta evolución se relaciona con el denominado ciclo de inventarios, con una duración media a los 4 años.

  3. Las viviendas, ya que al tratarse de un activo muy duradero que permite obtener utilidad durante muchos años, su construcción se contabiliza como un gasto de inversión en lugar de un gasto de consumo. Esta consideración supone que la inversión la realiza la empresa que construye la vivienda y que la venta a los usuarios es una mera transferencia de propiedad. De ahí que se computen como inversión las nuevas viviendas y no la transmisión de las ya edificadas en períodos anteriores. El ciclo de la construcción tendría una duración media estimada de unos 20 años, poco más o menos.

Factores determinantes

Las oportunidades de realizar inversiones rentables dependen de muchos factores: de los nuevos descubrimientos, de la aparición de nuevos productos, del dominio de nuevos territorios y fronteras, del control de nuevos recursos, de la propia evolución de la población y de la mayor producción y renta.

Los beneficios proporcionan el incentivo básico para invertir, ya que se afrontará una nueva inversión cuando los rendimientos derivados de la misma superen a sus costes. Por ello, los elementos que influyen en la determinación para las decisiones de inversión son:

  • El tipo de interés. Existe una estrecha relación entre el tipo de interés y la inversión, ya que aquel representa el coste de oportunidad del capital para la empresa. La relación entre los tipos de interés y los diferentes componentes de la inversión (equipo capital, existencias y vivienda) es inversa: cuanto mayor es el tipo de interés, menor será el gasto en inversión.

  • El precio y la productividad de los bienes de capital.

    • A la hora de decidir, la comparación básica está entre el coste de la inversión y los rendimientos esperados de la misma. Si baja el precio o/y aumenta la productividad, es obvio que el valor esperado de la inversión también aumenta. Al ser más rentables, las inversiones aumentarán.

  • Las expectativas acerca de la futura demanda y la evolución de los costes.

    • La inversión es una decisión de futuro. Tanto las expectativas sobre la demanda futura como sobre los costes determinan los beneficios esperados de la producción y éstos condicionan, a su vez, la demanda de inversión. En el mismo sentido, la incertidumbre sobre el futuro aparecería como uno de los principales obstáculos a la inversión.

  • Las innovaciones.

    • Ya sea la incorporación de nuevas formas de producir viejos productos (innovaciones de proceso), como la obtención de nuevos productos (innovaciones de productos), favorecen la inversión. Además de la obsolescencia del activo.

  • Los beneficios.

    • La obtención de beneficios es el objetivo último perseguido por los proyectos de inversión. Pero además, influye en las decisiones de invertir, porque la existencia de fondos propios permite financiar más fácilmente los proyectos de inversión. Cuanto mayor son los beneficios de las empresas, mayor será el flujo de fondos disponible para reinvertir sin necesidad de recurrir al endeudamiento. Recordemos que el ahorro empresarial es la parte de los beneficios después de impuestos que las empresas no reparten en forma de dividendos, sino que retienen para autofinanciar su actividad.

  • Las variaciones en la renta.

    • Esta influencia se recoge a través del denominado principio del acelerador en virtud del cual el gasto en inversión varía proporcionalmente más en relación con las fluctuaciones de la producción que con las del tipo de interés. Según esta teoría, la inversión crece cuando lo hace la producción, mientras que se estanca o, incluso, puede ser negativa cuando la producción disminuye. El principio acelerador debe entenderse como la relación de la inversión con la tendencia esperada de las variaciones de la renta.

El sector público en la demanda agregada

La demanda agregada

Los dos componentes básicos de la demanda agregada son: el consumo, la inversión privada, las operaciones económicas (que realizamos con el exterior y el sector público).

En el esquema elemental del flujo circular de la renta, la incorporación del ahorro y la inversión implica aceptar que no todas las rentas se consumen, sino que hay una salida: el ahorro que financia una entrada compensatoria, la inversión (el gastos realizado en el ejercicio para aumentar las posibilidades de producción en el futuro).

Vimos que el equilibrio exigía que aquella salida se compensara con esta entrada. La igualdad ahorro/inversión podemos referirla ahora a la igualdad entre salidas y entradas del flujo circular de la renta.

  • Ahorro/inversión = Salidas y entradas del flujo circular de la renta.
  • Un aumento del ahorro (salida del flujo circular, diríamos ahora), supone un punto de equilibrio con una renta menor: los recursos que salen del flujo circular restan nivel de actividad dentro de ese flujo. Por ello, un aumento de cualquier salida del flujo, tiene un efecto contractivo, una reducción de la demanda agregada, del nivel de producción y de la actividad económica.

  • Un aumento de la inversión (la entrada en el flujo circular) supone un efecto expansivo con mayores niveles de demanda, actividad, renta y empleo. Por ello, un aumento de cualquier entrada en el flujo, tiene un efecto expansivo.

La importación y exportación de mercancías implican que parte del consumo de bienes y servicios lo realizamos fuera de nuestra economía y que parte de nuestra producción es consumida por residentes en otros países. Si importamos la mercancía o el servicio estamos retribuyendo a los factores productivos del resto del mundo (del país que procedan) y contribuimos, de este modo, a elevar su renta nacional. Si exportamos mercancías o servicios podemos considerar que los demás países están remunerando a nuestros factores productivos, es decir, elevando nuestra renta.

Si nuestros trabajadores fronterizos reciben rentas en el país vecino o las inversiones de nuestros residentes generan dividendos, aumentará nuestra renta. Lo contrario sucederá cuando tanto las remuneraciones del trabajo, como los intereses y dividendos se paguen a residentes en el resto del mundo: en este caso, será la renta de sus respectivos países la que aumente.

En general, en las operaciones con el exterior, las anotaciones que implican ingresos para residentes en el país son entradas con efecto expansivo, mientas que las que implican pagos a residentes en el exterior son salidas, con efecto contractivo.

El Sector público es un demandante más y que, por lo tanto, al hablar de consumo e inversión estarían incluidos tanto el componente privado como el público.

Sabemos que parte de la renta que perciben los agentes económicos no llega a ser renta disponible porque de dedicarse al pago de impuestos. Estos actúan también, por tanto, como una salida, con el consiguiente efecto contractivo. Obviamente, esos impuestos han de volver al flujo circular a través del Gasto público, que es la entrada compensatoria, con efecto expansivo.

Los ingresos públicos representan salidas del flujo circular y su aumento tiene un efecto contractivo, el gasto público se considera una entrada y su incremento tiene efecto expansivo.

El Sector Público

Determinar el nivel general de gasto público es una decisión política. Pero existen algunas partidas de gasto que son sensibles a la marcha general de la actividad económica: los subsidios de desempleo o determinadas subvenciones a empresas, por ejemplo, tienden a crecer en las fases recesivas y a disminuir cuando el ciclo económico recupera tasas de crecimiento más elevadas.

El gasto público se financia básicamente con impuestos. Si suponemos el equilibrio entre ingresos y gastos, puesto que sumamos y restamos la misma cantidad, la demanda agregada se mantendría exactamente igual, tomemos o no en cuenta al sector público.

Ni siquiera en esa hipótesis tan sencilla el efecto sería totalmente neutral porque el volumen de los ingresos públicos va a ser sensible al nivel de la renta. El impuesto sobre la renta recaudará más si la economía está en elevados niveles de actividad que si un alto porcentaje de la población activa se encuentra desempleada; los impuestos sobre el consumo y las ventas empresariales generan más ingresos cuanto más elevado sea el nivel de actividad; el impuesto de sociedad cuanto más beneficios éstas tengan… Por los tanto, la recaudación impositiva crece con el nivel de la renta.

Tipos de gastos públicos:

  • Los gastos bilaterales, es decir, las compras de bienes y servicios en las que la Administración paga a cambio de una contraprestación inmediata.

  • Los gastos unilaterales o transferencias (subsidios y subvenciones) en los cuales el pago no va ligado a una contraprestación inmediata y suponen por tanto un incremento gratuito de la renta del receptor.

Ello implica la importante aclaración de que en el Gasto público que sumemos a la demanda agregada estamos incluyendo tan sólo la demanda pública directa en consumo e inversión (el gasto público bilateral).

Finalmente, el Saldo presupuestario se define como la diferencia entre los ingresos y los gastos públicos totales.
  • SP = I – G

Si el saldo es positivo ( I > G ), superávit presupuestario y la demanda agregada total se reduce. Si el saldo es negativo ( I < G ) déficit presupuestario y la demanda agregada total crece.

La demanda real y el equilibrio ahorro-inversión

El equilibrio básico

En el modelo macroeconómico, una economía está en equilibrio cuando con su nivel de producción se satisfacen todos los componentes de la demanda agregada.

La demanda agregada interior es el resultado de sumar consumo, inversión y gasto público neto.

  • DA = C + I + (GP – T),
donde GP (Gasto Público) y T (Ingresos públicos) a través básicamente de tributos.

La identidad ahorro-inversión

El equilibro de oferta y demanda en el mercado de bienes puede presentarse de una forma alternativa, que nos devuelve al esquema básico del flujo circular de la renta.

Comencemos por el supuesto más simple en el que toda la renta se consume o se ahorra y, no existe, por ahora, ninguna otra complicación. Por lo tanto, podemos decir que:

  • Y = C + A

En una economía cerrada y sin sector público como la que hemos descrito hasta ahora, los únicos agentes que ahorran son los consumidores, es decir, ni hay ahorro empresarial, ni ahorro exterior, ni ahorro del sector público. También hemos señalado que bajo estas hipótesis, la economía estará en equilibrio cuando sea capaz de satisfacer con su producción la demanda de consumo y la de inversión o, lo que es lo mismo, si se cumple que:

  • Y = C + I

Si igualamos ambas expresiones obtenemos que:

  • Y = C + A = C + I

por lo que necesariamente

  • A = I

que es una forma alternativa de presentar la condición de equilibrio. Esto equivale a decir que la renta es de equilibrio cuando el ahorro coincide con el valor necesario para financiar la inversión planeada.

En este caso, el aumento de la demanda provocado por el gasto en inversión se compensa con la disminución de la demanda provocada por el hecho de que las economías domésticas ahorren parte de sus rentas.

Si incorporamos la salida que representan los impuestos y la entrada que es el gasto público, tendríamos que la renta se destina a consumo, ahorro y pago de impuestos, lo que ha de equivaler a la demanda agregada que integran consumo, inversión y gasto público. Por lo tanto:

Y = C + A + T = C + I + GP en bienes y servicios

por lo que necesariamente,

A + T = I + GP

que es la conocida igualdad entre las salidas y las entradas.

Tanto un aumento de las entradas como una disminución de las salidas provocan un efecto expansivo (aumenta la renta de equilibrio), porque equivalen a un aumento en la demanda agregada.

Los multiplicadores

El multiplicador simple de la inversión

Veíamos que un aumento en la inversión provocaba un efecto expansivo y que el aumento de la renta era incluso superior al valor de la propia entrada. Esta última afirmación incorpora el citado efecto multiplicador según el cual, un incremento autónomo de la inversión provoca una elevación de la renta varias veces superior (el calificativo autónomo destaca que estamos hablando de variaciones no relacionadas directamente con el aumento o la disminución de la renta).

La multiplicación del efecto expansivo se debe a que el aumento de la inversión no sólo se incorpora a la demanda agregada, sino que, además, provocan una cadena de incrementos en el gasto de los distintos agentes, por lo que el impacto sobre la demanda agregada es mucho mayor. Ejemplo, supongamos que la inversión crece en una cuantía 100 millones de euros respecto a su nivel anterior como consecuencia, por ejemplo, de las mejores expectativas empresariales. Un aumento de la inversión supone un aumento de la renta por igual cuantía.

Pero esas nuevas rentas son utilizadas. Las familias pueden destinar los mayores ingresos al consumo (en una parte que dependerá de la PMC) y al ahorro. Si el consumo crece, será necesario producir más bienes (ahora bienes de consumo) para satisfacer esa mayor demanda. Para ello se contratarán más factores productivos, se pagarán más rentas, se consumirá (y se ahorrará) más, será necesario seguir produciendo más bienes, pagando más renta y así sucesivamente.

Estos efectos los podemos resumir en la tabla siguiente en la que hemos supuesto que la PMC vale 0,8 y (no se tiene en consideración el sector público).

El aumento inicial de la inversión ha provocado una cadena de incrementos en la renta en sucesivos grupos de sujetos, con los consiguientes nuevos consumos y ahorros.

Como parte de la nueva renta se ahorra, la cadena va decreciendo hasta llegar un momento en que se detenga porque los valores de la tabla lleguen a cero ¿Cuándo se llega a ese momento final? El proceso se detendrá cuando toda la entrada inicial (100) se haya ahorrado. Al final de la cadena, el ahorro ha tenido que aumentar en 100 millones de euros.

Como suponemos que la PMC = 0,8 (80%) la propensión marginal al ahorro (PMA) = 0,2 (20%). Ello significa que el consumo habrá aumentado en 4 veces más, hasta un total de 40 millones de euros. Y que el aumento de la renta ha sido, por lo tanto de 500 millones, es decir, 5 veces más que el inicial aumento de la inversión.

Llamamos multiplicador K a la relación que existe entre el aumento de la renta y el incremento inicial de la variable que lo ha provocado. En nuestro ejemplo K = 5, ya que el incremento de Y dividido por el incremento de I es 500/100 = 5.

Es fácil comprobar que el efecto multiplicador depende inversamente de la PMC, si PMC = 0 la cadena no llega a producirse, porque el primer grupo perceptor de la nueva renta no gasta nada de lo que ha recibido. Si PMC = 1, todas las nuevas rentas se consumirán, no existiría nuevo ahorro y la cadena se prolongaría teóricamente hasta el infinito, y el multiplicador tendería también al infinito.

El valor del multiplicador depende pues de la parte que se ahorre, cuanto mayor sea el ahorro menor será el multiplicador. Por tanto, en nuestro ejemplo,

  • Ki = 1/PMA = 1/(1 – PMC) = 1/0,2 = 5.

El valor del multiplicador simple de la inversión es igual al inverso de la PMA.

El efecto multiplicador manifiesta que los cambios en los componentes de la demanda agregada afectan de forma amplificada al nivel de producción y de renta de equilibrio de la economía, tanto en sentido expansivo como contractivo. Es decir, que si, por ejemplo, la inversión se reduce, la renta de equilibrio disminuirá Ki veces lo que se haya reducido la inversión, siendo Ki el multiplicado correspondiente.

Podemos ver la interrelación del efecto multiplicador con el acelerador. Un aumento autónomo de la inversión provoca, vía efecto multiplicador, un impacto expansivo sobre la renta, pero este aumento de la renta, a su vez, vía efecto acelerador, estimula nuevas inversiones que ponen en marcha de nuevo el efecto multiplicador. Pero este aumento de la renta, a su vez, vía efecto acelerador, estimula nuevas inversiones que ponen en marcha de nuevo el efecto multiplicador… Parecería que estamos ante una rueda que autoalimenta el precio sin límites.

Sin embargo, recordemos que los aumentos de consumo puesto en marcha por el efecto multiplicador son decrecientes. Por lo tanto, los inversores perciben que el impulso expansivo pierde fuerza y, por lo tanto, reducen también el ritmo inversor. Esta reducción tiene un efecto contractivo que lleva también implícita la idea de que, salvo que aparezca algún factor nuevo, el proceso expansivo tiende a perder fuerza hasta detenerse.

El multiplicador con presencia del sector público

De acuerdo con el efecto multiplicador, un incremento autónomo de los componentes de la demanda agregada provoca una elevación de la renta varias veces superior.

Tendremos un efecto multiplicador del gasto público que poco diferirá del observado para la inversión privada. Cualquier aumento del gasto público en bienes y servicios hace aumentar la demanda agregada en esa cuantía de forma directa.

La segunda precisión importante es que existen impuestos. La acción de los impuestos reduce el valor multiplicador. El efecto multiplicador será tanto menor no sólo cuanto mayor sea la Propensión Marginal a Ahorrar (PMA), sino también cuanto mayor sea la presión impositiva. Es fácil deducir que lo mismo sucederá con la Propensión Marginal a Importar (PMI).

El aumento en las entradas del flujo circular tiene un efecto expansivo sobre la renta, tanto mayor cuanto menor sea la pendiente de las salidas, cuanto menos fuerza pierda la cadena de incrementos en el consumo por causa del ahorro, de los impuestos o de las importaciones.

El multiplicador de las variaciones en la presión impositiva tiene un signo negativo. Ello refleja que un aumento de la presión fiscal tiene un efecto contractivo, provoca una reducción en el nivel de renta, mientras que una disminución de la presión impositiva tiene un efecto expansivo, elevando el nivel de renta de equilibrio. Repetimos, los impuestos son una salida del flujo circular de la renta: todo aumento en una salida es un freno para la actividad interna y toda disminución provoca el efecto estimulador opuesto.

Teóricamente, los multiplicadores analizados juegan tanto en una como en otra dirección. Podríamos esperar que si disminuye el gasto público o se elevan los impuestos se produciría una disminución de la demanda agregada tanto directa como indirectamente. Sin embargo, el consumo presenta una rigidez a la baja y los consumidores tienden más fácilmente a considerar permanentes los aumentos de sus rentas que las disminuciones. En otras palabras, que se resisten en mayor medida a reducir los niveles de consumo alcanzados que a elevarlos y que los multiplicadores juegan más eficazmente al alza que a la baja.

El saldo presupuestario tiene dos componentes:

  • Un componente automático, en la medida en que la recaudación evoluciona con la renta.

  • Un componente discrecional, en la medida en que el gobierno decida variar cualquiera de las magnitudes fiscales.

Cualquier elevación discrecional del gasto público tendrá un efecto expansivo que, a su vez, generará un aumento automático de la recaudación impositiva.

Una consecuencia importante es que el saldo presupuestario es automáticamente deficitario en los períodos de crisis (en los que baja la renta), y superavitario (en los años de auge y alta renta). Por ello, se dice que cumple un papel de estabilización automática, al compensar los años en que decae la demanda privada con un gasto mayor y unos ingresos menores y frenando el recalentamiento excesivo en tiempos de auge con una mayor recaudación y un gasto menor.

¿Qué ocurre si pretendemos mantener siempre equilibrado el presupuestario? Que los años de crisis, al caer la recaudación, será preciso reducir también el gasto público, frenando aún más la actividad económica, y en los años de auge será necesario aumentar el gasto de forma discrecional para utilizar los mayores ingresos. El Presupuesto equilibrado tiene un efecto procíclico, es decir, tienden a estimular las crisis y los auges en lugar de frenarlos.

Recordemos, estamos hablando en el corto plazo (de año en año), porque en el largo plazo sí es exigible el equilibrio presupuestario.

La curva IS

El equilibrio en el mercado real

En el mercado de bienes y servicios, pues, la condición básica del equilibrio es que se igualen las entradas y las salidas del flujo circular de la renta. La suma de consumo, inversión, exportaciones y gasto público ha de coincidir con el ahorro, importaciones e ingresos públicos.

Dado que tanto el ahorro como la inversión pueden englobar el componente privado y el público, podríamos decir que la igualdad entre el ahorro y la inversión es la condición para el equilibrio en el mercado real, o de bienes y servicios, en una economía cerrada.

Estamos hablando de equilibrio a corto plazo, y de situación de una economía concreta que atraviesa momentos de crecimiento más elevado, próximo a la senda del pleno empleo (nivel de renta alto) y momentos de recesión o menor crecimiento, con niveles de paro apreciables (situaciones que describimos como de nivel de renta bajo).

Las salidas tienden a ser tanto más elevadas cuanto más alto es el nivel de renta. Una renta mayor permite un ahorro más elevado y conlleva un crecimiento de la recaudación fiscal. Este crecimiento, dado un nivel de gasto público, supone también un mayor nivel de ahorro público. Las entradas son relativamente independientes del nivel de renta.

Por lo tanto, cuanto más alto es el nivel de renta, más elevadas son las salidas del flujo circular de la renta. Y cuanto más bajos son los tipos de interés más elevadas son las entradas, especialmente la inversión. Y viceversa.

Es fácil deducir que el equilibrio en el mercado de bienes y servicios, que implica el de las entradas y las salidas, obliga a que los tipos de interés sean bajos si el nivel de renta es elevado. Así, la inversión estará suficientemente estimulada como para compensar los mayores niveles del ahorro y de la recaudación tributaria.

A la inversa, un bajo nivel de renta exige tipos de interés elevados que restrinjan los niveles de inversión de acuerdo con la reducción paralela en las salidas del flujo circular por causa del menor nivel de actividad.

Estamos simplemente reflejando las condiciones para que el equilibrio se produzca.

De acuerdo con todo ello podemos construir la curva IS que relacione los tipos de interés y los niveles de renta compatibles con el equilibrio del mercado global de bienes y servicios.

La curva IS refleja el tipo de interés que, para cada nivel de renta, hace posible que se vacíen los mercados, sin que haya excesos de oferta ni de demanda, por lo que podemos denominarla también como la curva de equilibrio del mercado de bienes.

La pendiente y la posición de la curva IS

La curva IS tiene pendiente negativa: los tipos altos de interés implican una reducción de la inversión, de efectos recesivos, con el consiguiente menor nivel de renta. Los tipos reducidos estimulan la actividad. En el mercado de bienes, los tipos de interés y el nivel de renta tienen una relación inversa.

La pendiente depende de dos aspectos:

  1. de la sensibilidad de la inversión a las variaciones en los tipos de interés

  2. de la sensibilidad de las salidas a las variaciones de la renta

Si la inversión es muy sensible tendrá un impacto significativo sobre la demanda agregada y el nivel de producción y renta. Y la curva IS será más bien horizontal. Si es poco sensible, no afectará ni la demanda agregada ni el nivel de renta. Y la curva IS será más bien vertical.

Si la propensión marginal de las salidas (propensión marginal al ahorro y presión tributaria) es elevada, un descenso en los tipos de interés provoca un impacto sobre la inversión que afecta poco al nivel de renta. La mayor parte del potencial efecto multiplicador se pierde a través de las salidas: se ahorra o se destina al pago de tributos, pero no a alimentar la cadena sucesiva de incrementos en el consumo interior. Por lo tanto, la relación entre tipos de interés y nivel de renta es relativamente reducida y ello se refleja en una curva IS más vertical.

Si la PMS es reducida, un descenso en los tipos de interés provoca un impacto sobre la inversión que afecta de forma importante al nivel de renta. El potencial efecto multiplicador juega casi en su integridad porque apenas sí pierde fuerza a través de las salidas mencionadas. Por tanto, la relación entre tipos de interés y nivel de renta es relativamente elevada y ello se refleja en una curva IS más horizontal.

Dado que la curva nos indica la relación entre tipo de interés y nivel de renta en el mercado de bienes, cualquier variación en una de las magnitudes relacionadas repercute sobre la otra, pero no modifica ni altera la curva IS.

Para que la curva IS cambie su posición es necesario que varíen algunas de las circunstancias que nos han ayudado a definirla.

La cuantía del desplazamiento de la curva viene marcada por el valor del multiplicador. La renta habrá variado en la cuantía en que haya variado la entrada, multiplicada por el valor del multiplicador correspondiente.