Crecimiento y desarrollo

El crecimiento económico

Concepto y medición

Hasta ahora, las referencias al crecimiento se entendían tan sólo como un dato comparativo de un ejercicio económico respecto al anterior. Las variaciones en el crecimiento se debían fundamentalmente a las oscilaciones de la demanda agregada. En períodos de auge, una demanda elevada permite absorber la capacidad productiva disponible, los factores productivos se utilizan casi en su totalidad, por lo que no existe desempleo, se aprecian tensiones inflacionistas y es fácil que se deteriore el saldo comercial con el exterior. Si cae la demanda agregada, la producción se reduce, parte de la capacidad productiva se ralentiza y la economía crece a ritmos más lentos o, incluso, decrece.

Pero si ampliamos el campo de visión, si contemplamos la realidad económica de un país a lo largo de décadas y siglos, esas oscilaciones se difuminan y lo que nos llega es la comparación entre las formas de vida de generaciones sucesivas. Pero ese crecimiento al que ahora nos referimos hace abstracción de si hubo años mejores o peores. El dato relevante es que en el presente nuestra economía produce muchos más bienes y servicios que hace cien años. Con lo que estamos subrayando que el factor relevante no es ya la demanda sino la oferta. El crecimiento a largo plazo viene determinado por los desplazamientos de la oferta agregada, por el aumento de la capacidad productiva, por la ampliación de la Frontera de Posibilidades de Producción (FPP). Decimos que existe crecimiento cuando aumenta la capacidad productiva real de un país a lo largo del tiempo. La primera forma de medir el crecimiento de un país es atender a la tasa media de aumento de su PIB en términos reales, a lo largo de un amplio período de tiempo.

Mientras que el crecimiento a corto plazo es poco relevante el dato de la población que obtiene ese Producto, en el largo plazo tenemos que tomar en consideración la evolución demográfica porque las variaciones pueden ser muy significativas. Salvo caso de crisis graves, es normal que el PIB real de cualquier país presente un perfil creciente si tomamos un lapso de tiempo suficientemente amplio, pero no siempre ello supone una evidente mejora en las condiciones de vida de los ciudadanos de ese país.

Supongamos dos economías que han duplicado su PIB en el período comprendido entre 1969 y 1999.

En una de ellas la población se ha mantenido estacionaria entre ambos años. En la otra, la población se ha multiplicado por dos. Podemos afirmar que los ciudadanos del primero de los países han mejorado notoriamente su nivel de vida, pero albergaremos seria dudas sobre el posible avance en el segundo, dado que la producción ha crecido al mismo ritmo que la población que vive de ella. Mientras cada ciudadano del primer caso dispone en 1999, como media, del doble de producto que en 1969, en el segundo caso, los ciudadanos no han visto variar su media de producto entre ambos años. Por ello, es importante acudir al PIB real por habitante (per cápita) para hacernos una idea más aproximada de cómo ha podido variar realmente el nivel de vida de los ciudadanos de un país a lo largo del tiempo.

Pero esos problemas se multiplican cuando queremos llevar esos índices a la comparación internacional. Las dificultades de medición pueden llevar a desviaciones de gran envergadura en las cifras estimadas.

Factores condicionantes

Las diferencias en el nivel de vida y en las tasas de crecimiento entre los distintos países obligan a preguntarse cuáles son las razones que las explican, cuáles son los factores condicionantes del crecimiento. El crecimiento de una economía depende:

  • De la evolución de los factores productivos de que dispone.

  • Del aumento de la productividad de los mismos.

Los factores productivos clásicos (tierra, trabajo y capital) no llevan a subrayar en primer factor relevante, los recursos naturales para explicar un factor inicial que resulta a veces de gran importancia.

Así, podemos explicar que algún país productor de petróleo, como Kuwait, aparezca en las primeras posiciones mundiales de PIB per cápita.

Dado que la productividad suele medirse en relación con el factor trabajo, podemos resumir todo en la siguiente fórmula:

  • Tasa de crecimiento de la producción = tasa de aumento de las horas trabajadas + tasas de aumento de la productividad (por hora trabajada)
El número de horas trabajadas totales dependerá de:
  • Factores demográficos. El crecimiento o decrecimiento de la población implica una mayor o menor disponibilidad potencial de fuerza de trabajo. La evolución de la población en edad laboral repercute muy directamente en las cifras de población activa.

  • La tasa de actividad. No toda la población en edad teórica de trabajar desea incorporarse a la vida laboral. Las cifras de población activa pueden variar de forma importante según cuál sea la tasa de incorporación de las mujeres al mercado de trabajo, la tendencia hacia jubilaciones anticipadas o retrasadas, la prolongación o acortamiento de los procesos educativos, etc.

  • La jornada laboral. La tendencia clara del s. XX, al menos en los países desarrollados, ha sido la del decrecimiento del número de horas de trabajo per cápita, tanto por la reducción general de la jornada laboral semanal, como por el aumento de trabajadores con dedicación a tiempo parcial.

  • La evolución de la productividad, en la que tiene una repercusión importante el aumento del capital utilizado en la producción. Podemos destacar algunos factores especialmente relevantes para explicar los factores condicionantes de la productividad y las tasas de crecimiento:

  • La inversión. Es la condición necesaria para mantener e incrementar el capital utilizado en la producción. En la medida en que aumente la inversión con relación al PIB puede aumentar también el capital por trabajador e incorporar procesos más eficientes que repercutan en una mayor productividad por cada persona ocupada. La inversión pública en infraestructuras, transporte y comunicaciones de forma especial, juega también un papel decisivo como condición necesaria para la producción y la distribución de la producción privada.

  • El capital humano. El gasto en educación y formación mejora la cualificación de los trabajadores.

  • La educación obligatoria y su extensión en el tiempo son un primer factor relevante para elevar el capital humano de las naciones.

  • La innovación tecnológica. Es posiblemente el más importante factor explicativo del crecimiento económico observado en la época contemporánea. En nuestros días, la mayor parte de los avances tecnológicos son el resultado de fuertes inversiones previas en I+D+i (investigación + desarrollo + innovación).

  • La adaptación sectorial. El proceso de crecimiento exige que los recursos disponibles se dirijan hacia los sectores más productivos, propiciando la elevación de la productividad media del sistema.

  • El primer salto experimentado por los países desarrollados está ligado a la transformación de las sociedades agrícolas, primero en economías industriales y, posteriormente, en sociedades de servicios.

Es obligado citar la aportación del empresario emprendedor como auténtico motor del crecimiento en la economía capitalista. La inversión no puede contemplarse como una simple acumulación de capital, sino como la incorporación de equipos sucesivamente perfeccionados. El capital deja de ser una magnitud homogénea para constituirse como un conjunto de aportaciones de sucesivas generaciones, cada una de las cuales incorpora una tecnología superior, propicia un incremento de la productividad y conlleva la obsolescencia de los equipos anteriores. En los modelos más recientes, el progreso técnico aparece como el auténtico generador del crecimiento, mientras que la acumulación de capital es simplemente la incorporación de aquel al proceso productivo. Los aspectos cualitativos de los factores productivos son considerados actualmente más relevantes para el crecimiento que los meramente cuantitativos.

La globalización de las relaciones de la relaciones económicas internaciones, no sólo en el comercio, sino también en la producción, obliga a recordar la dependencia de la evolución de la economía mundial como condicionante del crecimiento de cada país y la importancia de las condiciones de la competencia internacional.

Los beneficios y los costes del crecimiento

La perspectiva asimétrica

El crecimiento económico: mejora del nivel de vida, acceso a más y mejores bienes y servicios, genera puestos de trabajo y posibilita más fácilmente la solución de conflictos sociales y, mejoras en la distribución de la renta.

Los aspectos positivos del crecimiento encuentran un efecto multiplicado en una opinión pública que vive inmersa en un sistema enfocado unívocamente en esa dirección: el bienestar se identifica con la máxima disponibilidad de bienes e incluso con la ostentación, el poder se liga a la dimensión y a la riqueza, la emulación es inherente al funcionamiento del modelo de mercado, los ricos (países, empresas, ciudadanos) son presentados como la meta de que deseamos alcanzar, la publicidad juega un papel de constante refuerzo en el mismo sentido.

El crecimiento comporta unos costes que es preciso valorar y poner en comparación con los beneficios:

  • Costes de oportunidad. Es necesario el ahorro, la renuncia al consumo presente, para financiar las inversiones que permitan el crecimiento, para financiar las inversiones que permitan el crecimiento, el mayor consumo futuro. De alguna forma, sólo podemos crecer con alguna renuncia al bienestar presente.

    • Colectivos perjudicados. Todo proceso de crecimiento conlleva ajustes desiguales, con colectivos beneficiados y colectivos perjudicados. Todo avance tecnológico crea un buen número de empleos, pero implica la destrucción de otros muchos.

De los párrafos anteriores se desprende que tampoco el crecimiento garantiza mejoras en la distribución en la renta. La historia parece mostrar que los períodos iniciales de crecimiento acelerado van acompañados de desigualdades muy importantes en la renta y de concentración del poder económico y la riqueza en pocas manos. No obstante, a largo plazo, especialmente si existen condiciones democráticas, se produce una generalización de los beneficios del crecimiento y una consolidación de clases medias que mejoran sus condiciones materiales de vida.

  • Costes sobre el entorno natural, aspectos fundamentales:

    • El agotamiento de los recursos naturales. Es clásico el temor que había acerca de que los recursos existentes en la naturaleza llegan a ser insuficientes para permitir la supervivencia humana sobre la tierra, dado que la población crecía a ritmos muy superiores a los que experimentaba la producción de alimentos. Es evidente que los hechos no demuestran ese criterio. Por una parte, porque la innovaciones tecnológicas ha permitido un crecimiento insospechado de la productividad de en todos los sectores productivos, y también en el alimentario. Más recientemente, se observa también una ralentización importante en los ritmos de crecimiento demográfico. La vieja preocupación de insuficiencia de la producción de alimentos se ha visto sustituida por el temor al agotamiento de las reservas de materias primas básicas, preocupación no compartida por la mayoría de los economistas que confía en las reacciones tecnológicas y en el juego de incentivos del mercado.

    • Distinto es el caso de determinados recursos naturales que, a diferencia de las materias primas básicas, no están en la naturaleza, sino que responden a un proceso de producción.

    • La generación de desechos. La visión convencional de la economía parte de un flujo circular entre las economías domésticas y las empresas, que sólo se complica, pero no varía sustancialmente si se introducen otros agentes. Un flujo cerrado de producción-consumo, de empresas a hogares y, de hogares a empresas sin necesidad de contemplar el entorno natural. Nada entra al sistema y nada sale del mismo. Desde planteamientos que podríamos calificar como bioeconómicos se recuerda que el hombre no puede crear ni destruir la materia o la energía, sólo transformarla. El ciclo producción-consumo aparecería así como un proceso que utiliza recursos naturales y genera desperdicios, una transformación de la naturaleza consistente en la sustitución progresiva de recursos valiosos por desechos inservibles. Así visto, el crecimiento supone un beneficio a corto plazo, pero un grave perjuicio para las generaciones futuras. Sólo un menor crecimiento y el reciclaje pueden paliar el proceso.

    • El deterioro medioambiental. Las emisiones de CO2, la contaminación de los ríos y de los mares, el efecto invernadero, el calentamiento de la atmósfera, el deterioro de la capa de ozono, los cambios climáticos en general… son algunos de los temas que las corrientes ecologistas denuncian permanentemente. Con la circunstancia agravante adicional de que algunos de esos procesos son peligrosamente irreversibles: el daño causado quedará para siempre, porque ya no es posible restaurar el estado precedente.

Como ya se dijo, el bienestar presente se conseguía a costa del perjuicio causado a generaciones futuras. Aquí se subraya que el coste del deterioro se está ya pagando, especialmente con perjuicios importantes para la salud, con enfermedades que se generalizan o incluso de nueva aparición, con desastres naturales de consecuencias cada vez más catastróficas.

Los últimos esfuerzos por conseguir un equilibrio entre las distintas posturas y entre las ventajas y los costes del crecimiento aparecen ligados al concepto de desarrollo sostenible. Se partiría de la aceptación de que el crecimiento es deseable y que, por lo tanto, la discusión se referiría no a si se crece o no se crece, sino a cómo se crece.

El desarrollo sostenible pone el acento en el crecimiento cualitativo. Por ello, se propone buscar indicadores de crecimiento alternativos, potenciar los sectores productivos dedicados a la protección del medio ambiente y fijar unos límites ecológicos al crecimiento. Unos límites podrían ser:

  • El ritmo de explotación de los recursos renovables no debe exceder al de regeneración.

  • El ritmo de explotación de los recursos no renovables no debe exceder al de creación de sustitutos renovables.

  • La emisión de desechos no debe exceder a la capacidad asimilatoria del ambiente.

Las soluciones medioambientales requieren medidas a escala planetaria. Los acuerdos son problemáticos por las distintas situaciones de los diferentes países y por la dificultad de controlar eficazmente su cumplimiento.

El desarrollo económico

Problemas terminológicos

Mientras el crecimiento se refiere tan sólo al aumento de la producción, el concepto de desarrollo incorpora, además, aspectos cualitativos y estructurales. El desarrollo económico supondría al mismo tiempo el crecimiento económico y las transformaciones técnicas e institucionales necesarias para que se produzca.

En la medida en que los países económicamente ricos disfrutan de las condiciones y estructuras más avanzadas para el crecimiento (evolución del de sus magnitudes agregadas). El término desarrollo se relaciona con los países de menor riqueza, sin cuya reforma el crecimiento encuentra obstáculos importantes.

Durante muchos años, era frecuente la utilización del término Tercer Mundo para referirse a los países más pobres de la tierra. También era frecuente la calificación de subdesarrollados que reflejaba con claridad su situación comparativa en relación con los desarrollados. Sin embargo, ambas expresiones han caído en cierto desuso. Ya antes de que la caída del muro de Berlín convirtiera en obsoleta la dialéctica entre los dos primeros mundos, se popularizó la dicotomía Norte-Sur como representativa del contraste entre los países ricos, mayoritariamente situados en el hemisferio norte, y los países pobres, que predominan en el hemisferio sur. Los economistas utilizan también la dicotomía Centro-Periferia para referirse respectivamente a los países que controlan el comercio mundial frente a los que se relacionan con ellos desde una posición de inferioridad.

En los escritos económicos o en la terminología de los Organismos Institucionales. El término subdesarrollo implica una descripción excesivamente dura. De ahí que se optara por expresiones más abiertas como países en vías de desarrollo (PVD) o países menos desarrollados (PMD), que son hoy las más habituales.

Naciones Unidas clasifica los países en tres categorías:

  • De renta alta, países industrialmente avanzados o PIA (El norte de América, Europa occidental, Japón, Australia y Nueva Zelanda).

  • De renta media, países en vías de desarrollo o PVD (Europa oriental, la costa del Pacífico asiática, Latinoamérica, norte de África y Oriente Medio).

  • De renta baja, países menos desarrollados o PMD e incluso subdesarrollados (Sur de Asia y en la África subsahariana, algunos también en Centroamérica y la región andina).

Si diéramos a la renta media per cápita a PMA el valor de 1, los PMD tendrían un valor de 6 y los PIA tendrían un valor de 67. El 20% de la población mundial con ingresos más elevados absorbe 75% partes del ingreso mundial, mientras el 50% más pobre apenas consigue 5%.

La brecha entre los países ricos y los países pobres sólo podrá acortarse en la medida en que la producción real per cápita de los países pobres crezca a tasas significativamente más altas que los PIA.

Para medir el grado de desarrollo es frecuente utilizar otros índices (cualitativos):

  • IDH (Índice de Desarrollo Humano).

  • IPH (Índice de Pobreza Humana) permitiría delimitar aquellos países en especiales circunstancias de subdesarrollo.

Las variables utilizadas por el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) para su cálculo, son:

  • La probabilidad de muerte antes de los 40 años.

  • El porcentaje de adultos analfabetos.

  • Las personas sin acceso a servicios de salud y agua potable.

  • El porcentaje de niños menores de 5 años con peso insuficiente.

Datos todos ellos que muestran una realidad de pobreza no sólo relativa (en relación con el resto de los países), sino absoluta, con condiciones de vida gravemente insuficientes.

Etapa o dependencia

De alguna forma, denominaciones como PMD y PVD responden a una visión del desarrollo como un proceso: partiendo de una sociedad tradicional, atrasada y prácticamente estancada, el desarrollo aparecería como una sucesión de etapas prácticamente obligadas que es conveniente atravesar a la mayor velocidad posible.

La descripción de la historia económica ha utilizado la división en etapas para ordenar y explicar la evolución económica. Por ejemplo:

  • Marx hablaba de feudalismo, capitalismo y socialismo.

  • List subrayaba el paso de la vida pastoril y agrícola a la incorporación de la industria y el posterior auge del comercio y de servicios.

  • Otros autores han subrayado el sucesivo paso de la economía doméstica a la aldea, ciudad, nación, uniones supranacionales y el mundo como áreas en la que se desarrolla la actividad económica.

  • Una de las descripciones más aplicadas al desarrollo es la que presentara Rostow en 1960.

    • Distingue cinco etapas:

  1. Sociedad tradicional. Regida por la tradición, estancada, sin cambios tecnológicos y predominio de rendimientos crecientes.

  2. Condiciones previas. Comienza a quebrarse la rigidez tradicional, con cambios lentos en actitudes y organización. Mejora y se abarata el transporte, se extiende el comercio y se observa una cierta movilidad sectores y geográfica.

  3. Despegue. Etapa clave. Se generaliza la opción por el desarrollo, se deja sentir claramente el cambio técnico, las tasas de inversión se duplican y el ritmo de cambio supone una ruptura clara con las tendencias dominantes hasta el momento.

  4. Camino hacia la madurez. El cambio técnico y organizativo se extiende de los sectores líderes al conjunto de la economía, el ritmo de crecimiento se eleva sustancialmente y se eleva la renta media.

  5. Consumo de masas. El crecimiento posibilita la generalización de los frutos de forma que estén al alcance de toda la población los bienes de consumo duradero, la educación, la vivienda y la salud. Las tasas de crecimiento se ralentizan.

  • Esta teoría ha sido muy criticada por determinista y por suponer que el modelo de evolución de los países desarrollados habría de repetirse sin variación en el resto de los países. La mayoría de los autores posteriores coinciden en señalar que el desarrollo tardío introduce importantes modificaciones en ese esquema: el atraso relativo crea una tensión entre la situación existente y la emulación del desarrollo conseguido en otras zonas que remueve más fácilmente obstáculos al cambio; las empresas de los PIA introducen cuñas de modernidad y los gobiernos intervienen activamente en el proceso.

  • En otras palabras, que la etapa del despegue puede darse tan pronto como las condiciones institucionales lo permitan, sea cual sea el grado de desarrollo del país, si bien habitualmente caracterizado por tratarse de un desarrollo desequilibrado, coexistiendo sectores muy dinámicos con rigideces en otros. Esa es una de las razones que suelen explicar las tensiones inflacionistas que suelen acompañar los procesos de crecimiento en estos países, inflación estructural. Esa es también la razón por la cual desde estos países se reciben con recelo las recetas impuestas por el mundo desarrollado a través fundamentalmente del FMI que exigen una estabilidad de precios a ultranza, sólo posible renunciando a crecer rápidamente.

No todos los autores admiten pacíficamente la concepción del desarrollo como una simple sucesión de etapas. El subdesarrollo no es una etapa anterior al desarrollo. Economistas de estos países sostienen que el desarrollo y el subdesarrollo son las dos caras opuestas de la misma moneda, pues éste es el resultado del capitalismo monopolista y el imperialismo económico. El crecimiento del Centro se produce a expensas del atraso de la Periferia.

El comercio internacional supone un intercambio desigual entre los países pobres y los países ricos.

Las consecuencias, es que las condiciones del mercado internacional sólo llevarán a un agravamiento de las diferencias entre ricos y pobres, y a mantener a éstos en una situación de dependencia. Por lo tanto, es necesaria la intervención de los gobiernos y aplicar reglas proteccionistas que defiendan la industrialización interna, al menos hasta que se equilibren las condiciones y el intercambio pueda realizarse en condiciones de reciprocidad.

Las barreras al desarrollo

El problema de los países menos desarrollados no se soluciona con el simple crecimiento. Algunas características permiten excluir a un país del grupo de los desarrollados, más allá de su nivel de renta.

Factores naturales

Durante siglos, los recursos naturales fueron un factor decisivo para explicar la riqueza de unas zonas del planeta frente a otras. Algunos países poseen importantes reservas de materias primas. Los mercados mundiales para muchos de los productos agrícolas y de materias primas están sujetos a grandes fluctuaciones en los precios con lo que, lejos de garantizar un proceso de desarrollo, resultan una fuente de inestabilidad para sus economías.

Otros países carecen de reservas minerales, fuentes de energía o tierras cultivables. Buena parte de los países más atrasados se encuentran en zonas de climas tropicales, con desastres naturales periódicos que arruinan cosechas e infraestructuras, enfermedades e infecciones que afectan a los humanos, al ganado y a la agricultura. En algunos es el clima desértico y la carencia de agua el primer problema no ya para el desarrollo, sino para la misma supervivencia.

Los factores naturales afectan también a aspectos tan básicos para el desarrollo como son las comunicaciones. Mientras las llanuras y los puertos marítimos son vías que facilitan el transporte, las cadenas montañosas o la jungla son obstáculos que lo dificultan.

La mayoría de los aspectos negativos citados pueden obviarse con grandes inversiones de capital y avances tecnológicos. El problema está en que el capital es precisamente uno de los factores escasos en estas economías.

Factores demográficos

Una nota característica de la mayor parte de los PMD es que presentan las tasas más elevadas de densidad y de crecimiento de la población. En la actualidad, el 95% del crecimiento de la población mundial tiene lugar en los países no desarrollados. Para quienes disponen de bajos niveles de ingresos, los hijos son el único activo al que pueden tener acceso: un activo que aportará rentas en el futuro y apoyo, no siempre garantizado, en la vejez. Quien tiene capacidad de ahorro consigue esos objetivos a través de la inversión en activos y fondos de pensiones. Pero esa vía es un lujo inalcanzable para muchos.

Otro dato característico de estos países es el proceso de concentración humana en grandes urbes. El crecimiento de la productividad en el sector agrícola es demasiado lento para poder atender tan fuertes aumentos de demanda y se producen movimientos migratorios muy fuertes hacia las ciudades. Las previsiones de Naciones Unidas son que en año 2025 habrá 26 megaciudades (más de 10 millones de habitantes), 22 de ellas en países pobres. El alojamiento infrahumano, la ausencia de servicios públicos, la contaminación, el crecimiento de la inseguridad ciudadana, la marginación social… son fenómenos asociados a esos procesos rápidos de inmigración procedentes de zonas rurales.

La emigración se produce también hacia los países ricos, en un proceso natural y tradicional de equilibrio a escala planetaria. Con ello, los países emisores, elevan a corto plazo su renta per cápita, ven aliviada la presión sobre su mercado de trabajo y encuentran una vía de entrada de ingresos desde el exterior. Los países receptores encuentran mano de obra disponible para los trabajos penosos y de menor cualificación y la compensación de la tendencia al estancamiento de la población.

La mayoría de los autores y de las autoridades defienden el control de la natalidad como medio para superar el problema de la superpoblación. Las tasas de incremento demográfico. Si en 1970 el ritmo de crecimiento medio mundial era del 2,4%, la media actual se sitúa en el 1,3%, aunque concentrado como hemos visto en los países pobres.

Recursos humanos

Las inversiones en capital humano (educación y capacitación, sanidad) son factores determinantes para los incrementos de la productividad y son reconocidas como un elemento clave para el desarrollo económico. Pocos datos son más significativos para medir el grado de desarrollo de un país que sus cifras educativas y sanitarias.

La desnutrición y la ausencia de cualificación repercuten en bajos niveles de productividad. La superpoblación y el hacinamiento urbano propician niveles salariales ínfimos que favorecen la contratación de mucha mano de obra barata, pero sin preocupación alguna por su productividad. Aunque las cifras de desempleo suelen ser elevadas, especialmente en las zonas urbanas, es más frecuente el subempleo, con diez trabajadores para una tarea que podrían realizar quizás sólo dos. Esta situación desincentiva cualquier esfuerzo racionalizador de los procesos productivos y generaliza una mano de obra desmotivada y acostumbrada a bajos niveles de esfuerzo.

El esfuerzo en el ámbito educativo y sanitario aparece como condición necesaria para propiciar el despegue hacia el desarrollo. La dificultad está en conseguir una evolución paralela entre capacitación y oportunidades en el mercado de trabajo. Si se avanza en la primera, especialmente en los niveles superiores, sin garantizar las segundas, se corre el peligro de la fuga de cerebros porque los profesionales mejor preparados buscan mejor suerte en los países desarrollados.

Acumulación de capital

El ahorro y la inversión son vías para conseguir la acumulación de capital y la incorporación de los avances tecnológicos, condición a su vez necesaria para propiciar los incrementos de productividad. Todos los países menos desarrollados parten de una notoria escasez de bienes de capital que afecta especialmente al denominado “capital fijo social” (infraestructuras de transporte y comunicaciones, de servicios educativos y sanitarios...) que tiene un efecto multiplicador sobre la productividad de todos los sectores económicos, y cualquier avance en algún sector se estrangulará sin remedio si no existen infraestructuras adecuadas.

Incrementar el stock de capital es la condición necesaria para el despegue y para el mantenimiento del proceso. Porque el incremento de la inversión posibilitará un aumento de la producción que, en la medida en que sea superior al de la población, propiciará un margen disponible para el ahorro. La pobreza de la población no permite tasas suficientes de ahorro. Esta carencia sólo puede cubrirse con un ahorro forzado por el sector público (el caso de China) o por la entrada de capital y ayuda extranjera.

El cuadro descrito dibuja lo que se ha denominado el círculo vicioso de la pobreza.

Factores institucionales

Las sociedades atrasadas, especialmente en los PVD, presentan como uno de sus rasgos más características el dualismo. Las ciudades frente a la periferia de miseria; las empresas modernas frente a un sistema dominante de comercio y producción arcaico; grandes fortunas frente a la mayoría de la población sumida en pobreza.

Es frecuente que una pequeña minoría controle los medios de producción, la riqueza y los resortes del poder. Los gobiernos son simples instrumentos de esa oligarquía para mantener las situaciones de privilegio. La corrupción motiva un expolio sistemático de los fondos públicos a favor de los gobernantes y de sus familias. La distribución de la renta es extremadamente desigual y los índices de concentración de riqueza elevadísimos. El sector público carece de ingresos y dimensión, no suelen existir servicios civiles de carretera o funcionariados estables, las inversiones en infraestructuras, en sanidad o en educción son inviables, la actuación redistributiva imposible. El sistema político es muy inestable. Algunos autores como Amart Sen han subrayado que la democracia es la condición esencial para el crecimiento y la reducción de las desigualdades.

El repaso a los principales obstáculos al desarrollo permite deducir cuales pueden ser las estrategias fundamentales para salir de esa situación. El control democrático, el ahorro y la inversión, educación y sanidad son posiblemente los rasgos básicos de una estrategia para el desarrollo.

El papel activo en el proceso puede atribuirse bien al mercado, bien al Estado. El mercado choca con un obstáculo fundamental de la ausencia de una auténtica clase empresarial con la suficiente preparación y dinamismo. El Estado con los problemas citados de corrupción y de escasez de medios.

El comercio internacional juega un papel muy importante en el desarrollo económico, la atención al mismo se convierte en un factor clave. Podría aplicarse dos estrategias básicas:

  1. La política de sustitución de importaciones.

    • Busca reducir la dependencia, reemplazando parte de las importaciones por producción nacional y apoyando un fuerte proceso de industrialización interior.

    • Normalmente, esta opción implica un fuerte proteccionismo arancelario que permita la consolidación de las industrias incipientes frente a la competencia exterior. Muchos autores admiten que puede ser una estrategia satisfactoria para la fase de despegue y como paso previo a la siguiente perspectiva.

  2. El crecimiento basado en las exportaciones.

    • Opta por financiar las importaciones, mejorando la eficiencia y la competitividad y potenciando la producción de bienes para la exportación. Las características básicas de este modelo son el mantenimiento de un tipo de cambio deliberadamente competitivo, atención prioritaria a la estabilidad macroeconómica (control de la inflación y el déficit público), crédito fácil para la producción, incentivos a la exportación, presión fiscal muy baja sobre la actividad empresarial, salarios reducidos y la práctica ausencia de regulación de la producción y de las relaciones laborales. Durante muchos años este modelo de desarrollo se ha puesto como ejemplo de eficacia. Las críticas iniciales se referían sobre todo a los aspectos sociales, con acusaciones de dumping social, explotación infantil y retroceso en los derechos de los trabajadores hasta los niveles de los primeros tiempos del capitalismo y de la revolución industrial. Recientes crisis financieras han mostrado otras debilidades del modelo como la dependencia financiera y tecnológica, el componente especulativo o la inestabilidad social.

El debate sobre el desarrollo y la cooperación internacional

Los objetivos de la cooperación

De la misma forma en que se aplican políticas redistributivas en el ámbito internacional, se defiende la necesidad de una actuación de los países ricos que canalice recursos desde las zonas de opulencia hacia las de mayor pobreza, de forma que se compensen las desigualdades de partida que hacen difícil la convergencia en los niveles de bienestar. Estas políticas suelen englobarse bajo la dominación de cooperación internacional al desarrollo: es el conjunto de recurso y capacidades que los PIA ponen a disposición de los PVD con el fin de facilitar e impulsar su progreso económico y social y para contribuir a la erradicación de la pobreza en el mundo en todas sus manifestaciones.

La justificación de las políticas de cooperación encontraría su fundamento en razones de justicia y equidad. Pero pueden aducirse otras razones “egoístas” desde la perspectiva de los intereses de los países ricos.

La inestabilidad política y social de amplias zonas del planeta propicia fenómenos como el narcotráfico, el terrorismo, la intensificación de movimientos migratorios y las guerras. La estabilidad mundial exige como condición necesaria la reducción de desigualdades existentes entre países y en el seno de cada país. La democracia y el desarrollo son las mejores armas para combatir las desigualdades.

Las medidas restrictivas de carácter represivo de las corrientes migratorias desde los países pobres hacia la opulencia de los más desarrollados, difícilmente podrán contener esos flujos de población mientras existan las enormes desigualdades entre el nivel de vida de los países ricos y la pobreza y ausencia de oportunidades de los PMD. Sólo ofreciendo posibilidades en los países de origen, es decir, propiciando un auténtico codesarrollo, podrá solucionarse el problema.

Por último, la capacidad productiva de los países industrializados crece a ritmos superiores a los que lo hace la demanda de los consumidores del mundo desarrollado. Se ha necesario ampliar los mercados y encontrar nuevos consumidores en otros países. El desarrollo de los PVD es así un camino para mantener las tasas de crecimiento de las economías avanzadas.

La cooperación internacional ha sido objeto de numerosas críticas:

  • Ayuda a los países ricos a los PVD ha respondido la más de las veces al propio interés de los donantes y no al de los receptores.

  • Buena parte de esa cooperación internacional revierte directamente a favor de los PIA. La ayuda no ha propiciado un desarrollo autosostenido, sino que ha elevado la dependencia de los PIA.

  • La ayuda no sigue criterios de pobreza o necesidad, sino las expectativas de rentabilidad para los PIA. Los países que acogen al 70% de la población mundial más pobre reciben tan sólo en 10% de la ayuda internacional, mientras el grueso de ésta se concentra en los países que ocupan la franja más alta de los PVD.

  • La cooperación internacional ha ignorado frecuentemente las consecuencias de las actuaciones emprendidas. En unos casos con plena consciencia, en la medida en que se han trasladado a los PVD las actividades insalubres y molestas que no tenían cabida en las legislaciones más restrictivas de los países industrializados. En otros, menos conscientemente, como es el caso de proyectos sectoriales que posibilitan un abaratamiento de costes y precios.

  • La canalización de la cooperación internacional a través de los gobiernos ha propiciado, por una parte, la potenciación de burocracias centralizadas y, por otra parte, la presencia de elevados índices de corrupción y de desviación de fondos hacia los patrimonios de las familias gobernantes.

    • El espectacular aumento de la presencia de la ONG se explica en parte como un intento de evitar este peligro.

Los estudios disponibles parecen mostrar que la eficacia asilada de los proyectos suele ser aceptable en el mayor número de casos, pero que la incidencia macroeconómica es prácticamente nula en términos de elevación de las tasas de crecimiento o disminución de la pobreza.

Una de las razones explicativas del escaso impacto de la cooperación internacional puede ser el escaso volumen de la misma. Como es sabido, la ONU marcó como objetivo destinar a este propósito el 0,7% del PIB de los países más ricos, objetivo que cumple sólo en casos excepcionales. La medida de los recursos destinados a la Ayuda Oficial al Desarrollo por parte de los PIA se sitúa en porcentajes próximos al 0,3%.

Por otra parte, se observa también una creciente dedicación de los fondos de cooperación para ayudas en situaciones de emergencia por hambrunas excepcionales, conflictos armados o catástrofes naturales.

Estas acciones, obligadas, no significan realmente una ayuda al desarrollo, pues carecen de efectos a medio o largo plazo.

Para que la cooperación internacional resulte eficaz es necesario, además de elevar la cuantía de los fondos utilizados, poner el acento en el fortalecimiento de la autonomía de los países receptores de forma que se propicie un auténtico proceso de desarrollo equilibrado y autosostenido. El objetivo de toda política de cooperación habría de ser convertirse en innecesaria.

La cooperación internacional se canaliza en parte a través de diversos organismos internacionales y en tal caso se califica como multilateral. Para los presupuestos nacionales, suele ser más importante la cooperación bilateral, es decir, la que se arbitra directamente de un país desarrollado a otro en vías de desarrollo.

La deuda externa

El endeudamiento externo (con gobiernos, empresas e instituciones financieras de los países desarrollados) es una vía tradicional para suplir con financiación externa la escasez de ahorro interior. La utilización ortodoxa de este mecanismo supone que los fondos conseguidos han de destinarse a la inversión que propicie el crecimiento adecuado compatible con la necesidad de compensar los costes financieros en los que se incurre y que la carga de la Deuda ha de crecer a un ritmo acorde con el crecimiento de las exportaciones, de forma que no se desequilibre peligrosamente el flujo de entradas y salidas de divisas. Sin embargo, buena parte de los PVD padece una carga por su Deuda Externa absolutamente insoportable que, de hecho, se ha convertido en el principal freno para cualquier esfuerzo al desarrollo.

Los pagos de esa Deuda (capital e intereses), superan a menudo los ingresos totales por exportaciones y con creces al conjunto de ayudas oficiales recibidas, lo que implica el absoluto resultado de que el conjunto de los países afectados sea exportadores netos de capital. Es decir, que no sólo no obtienen financiación externa, sino que deben destinar parte de su escaso ahorro interior a la amortización pendiente. Los Presupuestos Estatales dedican buena parte de su volumen al pago de las obligaciones de la Deuda externa, en detrimento de cualquier intento de consolidación de programas en educación, sanidad, infraestructuras… Mientras la carga de la Deuda externa se mantenga en niveles como los descritos, es evidente que cualquier política de desarrollo está condenada al fracaso. Y no es infrecuente, desde 1982 en que estalló la crisis mexicana, que países concretos se vean en la imposibilidad de atender a los pagos y se vean obligados a la renegociación, logrando, en el mejor de los casos, posponerlos. Entre las causas:

  • La elevación de precios del petróleo en 1973 y en 1979.

  • Las políticas monetarias restrictivas de los años 80 en los países desarrollados, que provocaron una elevación de los tipos de interés que encareció la carga de la deuda externa de los PVD y un descenso de las exportaciones de estos países, con la consiguiente merma de entrada de divisas.

  • La apreciación del dólar en los años 80, causante de un agravamiento de la situación de los países endeudados.

  • Especulación de los inversores financieros internacionales.

  • La deficiente utilización de la deuda: en varios, países, la corrupción política, la mala gestión o la desviación hacia el consumo o hacia gastos militares, motivaron que los rendimientos derivados de la utilización de la Deuda no se correspondieran con las obligaciones de pagos por intereses y capital.

El conjunto encadenado de todos estos factores explica el crecimiento desorbitado de la Deuda externa y el empeoramiento acumulativo cada vez que se renegocia la misma. Los PVD se encuentran así ante la agobiante situación de que la carga no sólo no disminuye sino que en muchos casos aumenta.

Los principales países acreedores se reúnen en el denominado Club de París, foro en el que se acuerda con los países deudores la refinanciación de la Deuda o reducción de la misma. Las operaciones de renegociación exigen el sometimiento del país deudor a las condiciones fijadas por el FMI que implican un programa de ajuste y un calendario específico que se considera adecuado para las circunstancias concretas de cada caso.

Los acuerdos multilaterales son aplicados bilateralmente y cada país acreedor pude ser más o menos generoso, perdonando el principal o los intereses, condonando porcentajes mayores de la deuda a la Ayuda Oficial al Desarrollo o poniendo en marcha otro tipo de operaciones como los programas de conversión de deuda. La operación de conversión consiste en una reducción de la deuda, condicionada a que el beneficio dedique los fondos liberados o parte de ellos a la inversión en programas de desarrollo acordados bilateralmente. Las ventajas de esta operación son indudables. Los países deudores ven reducida su deuda y la carga que de ella se deriva, se liberan fondos para proyectos de inversión interna, se minoran las necesidades de pagos exteriores y se mejora el saldo exterior.

Los ejemplos de conversión de deuda externa sirven de símbolo de la que para muchos PVD es hoy la principal vía para el desarrollo: la reducción de la carga de la Deuda exterior como condición necesaria para crecer, pero siempre que vaya acompañada de un decidido compromiso a favor de la inversión productiva y de la erradicación de la pobreza con cargo a los fondos así liberados.

Globalización y sistema económico internacional

Luces y sombras de la globalización

La globalización es una internacionalización creciente de la producción de bienes y servicios y los flujos de capital. Supone que las decisiones de producción se toman a escala de todo el planeta y que los capitales se desplazan con enorme facilidad y en cuestión de segundos. La superación de las viejas fronteras nacionales se traduce en florecimiento del comercio mundial sin precedentes, favorecido sobre todo por la creciente liberalización de los flujos comerciales y de capital y por el avance tecnológico que reduce los costes del transporte y de las comunicaciones.

Junto al incremento experimentado por el comercio mundial de mercancías, los volúmenes de contratación de los mercados financieros han sido todavía mayores, ya que la mayoría de los intercambios en los mercados financieros no responden a transacciones reales. Se estima que más del 90% de las transacciones que tienen lugar diariamente en el mercado de cambios son puramente especulativas, con plazos inferiores a la semana y sin relación con el comercio de mercancías o servicios ni con las inversiones directas y que sólo el 5% de los contratos negociados en los mercados de futuros y opciones responden a un intercambio de mercancías. Buena parte de las inversiones son realizadas por empresas multinacionales cuyas cifras de facturación en buen número de casos es mayor que el producto nacional de muchos países en desarrollo. Una característica esencial de las multinacionales es su movilidad, es decir, la capacidad que tienen de trasladar rápidamente su producción en busca de la combinación ideal de mano de obra barata y cualificada, legislación laboral permisiva, tratamiento fiscal favorable, infraestructuras, débil protección internacional… Se trata más de una concentración financiera que productiva. El empleo directo no se corresponde con la cifra de negocios, sino que la mayor parte de la actividad se subarrienda a otras empresas medianas y pequeñas extendidas por todo el mundo. Ello supone que buen número de empresas son “asalariadas” de los grandes conglomerados internacionales respecto a los que se genera una situación de dependencia.

Más que por el incremento del comercio o de la deslocalización productiva, la globalización se caracteriza por la internalización de la actividad financiera. Consecuencias:

  • a) Que las crisis financieras son cada vez más frecuentes y con una demostrada capacidad de propagación.

  • b) La fragilidad del sistema ante su fundamentación financiera, los intercambios no responden a transacciones reales, sólo una mínima parte.

Surge así un amplio movimiento a favor de una globalización alternativa, una globalización más solidaria que puede aprovechar sus indudables ventajas pero garantizando mayores ventajas para el conjunto de la humanidad y reduciendo los peligros de inestabilidad que caracterizan al desmesurado crecimiento de la inversión financiera y especulativa.

Las instituciones económicas internacionales

Tres grandes organizaciones internaciones juegan un papel protagonista en todos estos procesos que venimos describiendo: la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

El Fondo Monetario Internacional, se crea como agencia especializada de las Naciones Unidas. El objeto inicial es crear un código de conducta económica internacional y de ayudar a los países con déficit exterior. Establece normas de sistema monetario internacional, presta asistencia financiera a los países miembros, vinculando dicha ayuda a la solución de sus desequilibrios y promueve la estabilidad de los tipos de cambio. Para prestar ayuda financiera a los socios, éstos están obligados a elaborar un programa económico estabilizador. En dicho programa se fijan objetivos en términos de crédito interno, financiación monetaria del sector público y deuda externa, cuyo logro es requisito imprescindible para poder utilizar la financiación del FMI. Para valorar positivamente el FMI se ha puesto de ejemplo los nuevos países industrializados del sudeste asiático, pero hay también países donde los planes no han funcionado y en los que la pobreza se ha incrementado.

El Banco Mundial, en realidad, Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD). Se trata de una institución complementaria del FMI que atiende a las dificultades estructurales de los países miembros del Fondo, ya que éste se centra en los problemas transitorios de balanza de pagos. Fines:

  • La reconstrucción de los países afectados por la II Guerra Mundial.

  • La ayuda al desarrollo, mediante el fomento de los recursos y elementos de producción de los países menos desarrollados.

El Banco Mundial es un banco especializado en la financiación a largo plazo (sus créditos se conceden normalmente por un plazo de hasta 20 años).

Del GATT a la OMC. La Organización Mundial del Comercio (OMC), su objetivo es establecer un sistema mundial de comercio mediante la expansión del actual sistema multilateral, presidido por el principio de liberalizar los flujos económicos, para lo cual se deberán suprimir los impedimentos a la libre circulación y garantizar la seguridad jurídica de las operaciones.

Las críticas a los principales organismos internacionales. En la medida en que han sido vistos desde el Sur como instrumentos del Norte para imponer unas líneas acordes con el pensamiento neoliberal, sin consideración alguna a los costes sociales que conllevan las estrictas medidas de ajustes exigidas.

Las últimas crisis han hecho tambalear los planteamientos convencionales. En el seno de estas mismas instituciones se ha comenzado a aceptar que es preciso introducir la variable cohesión social y los planteamientos distributivos como factores importantes en cualquier política. En los países del sur y entre los círculos más tradicionalmente críticos se empieza a pensar que el Fondo, el Banco o alguna otra institución pueden ser los instrumentos necesarios para poder contralar el sistema financiero internacional, garantizar la transparencia de la economía y reforzar la supervisión de las empresas multinacionales y de los movimientos financieros con la finalidad de asegurar estándares de igualdad y de estabilidad social y económica de los distintos territorios.