La culpabilidad como elemento del delito

El delito como conducta culpable

La culpabilidad es el fundamento y límite de la pena. Solo cuando una conducta antijurídica es, además, culpable, puede plantearse la posibilidad de acudir a la pena como reacción del OJ.

La culpabilidad es la reprochabilidad personal de la conducta antijurídica; una conducta culpable es una conducta personalmente reprochable, una conducta que le podemos echar en cara al autor.

Así, utiliza una visión individualizante que tiene en cuenta al sujeto concreto; es el lugar donde realizar la igualdad real, lo que implica tratar de modo diferente lo que es distinto.

Se censura la conducta de modo individual, atendidas también las características del sujeto que la realiza y las circunstancias en las que la realiza.

Siguiendo el análisis secuencial del delito, la culpabilidad amplía la perspectiva valorativa teniendo en cuenta nuevos elementos fácticos -los que nos sirven para determinar si el sujeto era o no imputable, los que afectan a la consciencia de la antijuridicidad y las circunstancias que nos sirven para determinar la exigibilidad o inexigibilidad de la conducta (configuración fáctica concreta, motivos y razones de la conducta)-, que nos ayudarán a comprender valorativamente el hecho.

La culpabilidad es un elemento esencial del delito. Segun art 10 CP: "son delitos o faltas las acciones y omisiones dolosas o imprudentes penadas por la ley". La imprudencia necesita la capacidad del sujeto para observar dicho cuidado, capacidad que pertenece a la culpabilidad. Además, la existencia de determinadas eximentes obliga a concebir la culpabilidad como un elemento esencial del concepto del delito.

Así, el art 20 CP regula las denominadas causas de inimputabilidad -alteración psíquica, intoxicación,...-, el art 14.3 CP considera el error sobre la antijuridicidad de la conducta y, finalmente, la presencia de otros institutos difícilmente explicables si no se admite la culpabilidad como elemento del delito -estado de necesidad, miedo insuperable y el encubrimiento entre parientes-. También se ha aludido a la existencia de determinadas circunstancias atenuantes y agravantes, cuya correcta interpretación debe llevarse a cabo como graduaciones de la culpabilidad.

La evolución de la culpabilidad como categoría del delito

La distinción entre los dos grandes núcleos desvalorativos del delito, la antijuridicidad (objetiva) y la culpabilidad (subjetiva), junto con la aparición del concepto analítico del delito, dieron lugar al surgimiento de una nueva categoría sistemática denominada culpabilidad, en el momento en que se consolida el "concepto clásico" del delito, la segunda mitad del siglo XIX.

El "concepto clásico" del delito se caracteriza por:

  • la concepción causal del comportamiento -lo objetivo-

  • la concepción psicológica de la culpabilidad -lo subjetivo-

  • si lo ilícito, lo antijurídico, era la causación de la lesión de un bien jurídico, la culpabilidad era la relación psicológica que existía entre el autor y el resultado o el hecho delictivo, esto es, el reflejo subjetivo del acontecer externo.

  • la relación autor/hecho podía adoptar dos formas de culpabilidad:

    • dolo: el autor es consciente y tiene voluntad

    • imprudencia: el autor pudo prever la producción del resultado y no observo el cuidado debido.

  • la imputabilidad se concibe como un presupuesto de la culpabilidad

De las concepciones psicológicas a las concepciones normativas de la culpabilidad

A finales del XIX y principios del XX se considera la culpabilidad como género del que predicar las especies dolo e imprudencia. No había un concepto unitario de culpabilidad.

La crítica a la relación entre el concepto de culpabilidad (género) y los conceptos de dolo e imprudencia (especies), llevará a la formulación, por FRANK, de la famosa frase "culpabilidad es reprochabilidad" en la que se sintetiza el paso de la concepción psicológica a la normativa.

FRANK: "si el concepto de culpabilidad solo contiene el dolo y la imprudencia, es imposible comprender como el estado de necesidad puede excluir la culpabilidad, pues no niega el dolo".

Así, la culpabilidad está compuesta por 3 elementos:

  1. la imputabilidad

  2. el dolo o la imprudencia

  3. la normal configuración de las circunstancias en que tuvo lugar la acción delictiva -las circunstancias acompañantes-:

    • "siempre habrá que tener en cuenta las circunstancias que rodeaban la realización de la conducta para decidir si la misma es o no reprochable"

El desarrollo de las concepciones normativas de la culpabilidad

El concepto neoclásico del delito es el ámbito en el que dominan las concepciones normativas de la culpabilidad, pese a su falta de claridad.

Un aspecto ilustrativo de esta falta de claridad es la polémica sobre la no exigibilidad de obediencia a la norma. Si existen casos en que no hay culpabilidad pese a que sí se da la consciencia de la antijuridicidad, la consciencia de la antijuridicidad no puede ser el núcleo determinante del reproche, de forma que el principio de culpabilidad exige algo distinto, algo más.

Se pasa así a una concepción para la que el aspecto decisivo del reproche es la exigibilidad de obediencia a la norma, el que se le pueda exigir al sujeto concreto que actúe conforme a Derecho en las circunstancias en que se encontraba.

Solución a la polémica: "La no exigibilidad solo excluirá la culpabilidad en los supuestos expresamente regulados en el caso de los delitos dolosos de acción; en los imprudentes y en los de omisión no se ven obstáculos a su aplicación más allá de los supuestos regulados".

La crisis de las concepciones normativas

A finales de los sesenta y principios de los setenta (s.XX) surge la crítica a la concepción normativa de la culpabilidad por el rechazo al poder obrar de otro modo, al libre albedrío, a la capacidad de decidir libremente, considerado el fundamento de la culpabilidad como reprochabilidad.

Dado que no se puede demostrar que un sujeto, en un caso concreto, podía actuar de otra forma, resulta "irracional" fundamentar la culpabilidad -y, por tanto, la pena- en la reprochabilidad.

Esta crisis supone el final de una época del DP, dado que la culpabilidad deja de ser la "coronación" del delito.

El principio de culpabilidad

"No hay pena sin culpabilidad. La medida de la pena no puede superar la medida de la culpabilidad".

Es el límite del ius puniendi, conjunto irrenunciable de garantías, y principio que estructura y rige toda la imputación, pese a no estar formulado de forma expresa en el CP -art 5 CP: "no hay pena sin dolo o imprudencia"-.

La culpabilidad a la que hace referencia el principio es la culpabilidad del concepto analítico del delito en su vertiente material, esto es, la culpabilidad como categoría del delito, la conducta reprochable.

Sobre el estado actual de la culpabilidad

Característica de la situación actual es la amplitud y diversidad de planteamientos que podemos encontrar en la culpabilidad como categoría del delito.

El concepto material de culpabilidad

El concepto material de culpabilidad estudia la razón que nos legitima a reprocharle a una persona su comportamiento.

El reproche se fundamenta en la capacidad de la persona de actuar de modo distinto, acorde con el OJ. El autor, en la situación en la que estaba, hubiese podido tomar una voluntad conforme a la norma.

Dos son las cuestiones a resolver:

  1. El problema general de si las personas pueden adoptar resoluciones de voluntad diferentes de las que adoptaron -el libre albedrío-.

  2. Admitido lo anterior, si el sujeto concreto, en la situación concreta, pudo obrar de modo distinto a como lo hizo y el problema de cómo demostrarlo.

Siendo el DP un instrumento de control social, la vinculación con las concepciones básicas de la sociedad resultan siempre fundamentales.

Aceptamos el libre albedrío y la libre voluntad como elemento básico de nuestra autocomprensión como sujetos y de nuestra forma de interactuar en sociedad.

Pero sigue restando el problema de su demostrabilidad empírica en el caso concreto, a este respecto: deberemos tener en cuenta todos los elementos que sean individualmente demostrables. Cuando un elemento sea empíricamente constatable en el caso concreto, no podrá sustituirse por un criterio general o normativo. En otros casos resultará inevitable tener en cuenta criterios normativos, ahora bien, en estos casos conviene detallar lo más posible los mismos, para evitar confusiones.

En definitiva, partiremos de la capacidad de actuar de otro modo, conforme a la norma, como elemento básico, irrenunciable de la culpabilidad. Siempre que pueda demostrarse que un sujeto concreto no pudo actuar de otro modo, quedará exento de culpabilidad y pena. Ojo! el inverso no se verifica, es decir, no siempre el sujeto que tuviese capacidad de actuar conforme a la norma será culpable.

Así, la reprochabilidad es la esencia de la culpabilidad; la capacidad de obrar conforme a la norma es un elemento fundamental, pero no la esencia, pues la culpabilidad puede faltar dándose, sin embargo, la capacidad de obrar.

Ahora bien, ¿cuáles son los criterios que nos llevan a determinar materialmente la reprochabilidad?. Parece evidente recurrir a la regulación, a la sociedad y a sus pautas valorativas, contemplando el delito como un fenómeno social que supera la mera relación entre sujeto y norma. Así, resulta una cuestión fundamental en nuestras relaciones las razones por las que alguien hace o deja de hacer algo. Las razones son fundamentales en la calificación valorativa de las conductas.

Al decir que cada uno de nosotros somos un "individuo" hacemos referencia a que valorativamente tenemos un valor propio, que nos distingue de los demás, y que lleva a que, dentro de ciertos límites, tenga sentido la preferencia de los intereses propios. Con esta idea se pueden explicar la mayoría de los supuestos basados en la no exigibilidad de obediencia a la norma: son supuestos en que la actuación es antijurídica pero en los que no podemos efectuar un reproche porque la consideración del individuo actuante hace que comprendamos su actuación y que no nos parezca reprochable.

En conclusión, habrá que atender a la capacidad de obrar conforme a la norma, a las circunstancias concretas del hecho y a las razones del comportamiento, para comprender valorativamente la conducta.

Estructura y elementos de la culpabilidad

Sobre la estructura del concepto de culpabilidad

La vinculación que en el CP se hace entre medidas de seguridad e inimputabilidad creemos que es argumento suficiente para mantener a la imputabilidad como primer elemento de la culpabilidad.

Los elementos de la culpabilidad

Recordamos aquí la relación secuencial por la que cada elemento del delito presupone al anterior y es parte del siguiente.

Así, la conducta antijurídica es un elemento de la culpabilidad. Es precisamente, el objeto del que vamos a predicar la reprochabilidad. En función de los demás elementos de la culpabilidad determinaremos la reprochabilidad de la concreta conducta antijurídica, por lo que la mayor o menor gravedad de lo ilícito da lugar a una mayor o menor gravedad de la culpabilidad. Estos otros elementos son:

  • la imputabilidad o capacidad de culpabilidad:

    • grado de madurez y características psicofísicas que hacen a alguien capaz o incapaz

  • conocimiento de lo ilícito de su conducta:

    • deberemos analizar el grado de conocimiento y la vencibilidad del error de prohibición -cuando no conociéndolo podía haberlo conocido-.

  • los supuestos de no exigibilidad de obediencia a la norma:

    • analizar las circunstancias que modifican la valoración normal de la conducta, haciendo que no parezca reprochable al no ser exigible una conducta conforme a la norma.

    • analizar el proceso de motivación concreto -las razones- es relevante por la existencia de atenuantes y agravantes.