Naturaleza y estructura de las normas jurídicas

Teoría acerca de la naturaleza de las normas jurídicas

Para saber qué es la norma jurídica, tenemos que formularnos la pregunta por su naturaleza y esta pregunta tiene dos grandes respuestas: a) la doctrina que afirma que el elemento nuclear de toda norma jurídica es un imperativo o mandato que impone a los destinatarios una determinada conducta debida y b) la corriente opuesta, que caracteriza las normas como juicios o dictámenes regulativos acerca de lo que debe hacerse.(Imperativismo y antiimperativismo)

Tesis imperativista

Tiene sus raíces en la vieja corriente del voluntarismo tradicional y esta partía del presupuesto de que la bondad (o la maldad) de una acción depende fundamentalmente de que tal acción esté mandada o prohibida por el supremo legislador de todo el universo, no habiendo conductas humanas buenas o malas en sí mismas, llegando los autores voluntaristas a la conclusión de que la esencia de la ley está en el mandato de la voluntad del superior que establece qué conductas son buenas y qué conductas con malas. Las leyes con actos de la voluntad, no de la razón.

A mediados del s. XIX la propia actividad parlamentaria contribuyó a que la actividad legisladora comenzara a ser vista como simple resultado de las componendas entre los diversos partidos políticos.

En consecuencia, el nuevo imperativismo confirmó definitivamente la tesis de que el Derecho consiste en un conjunto de simples y desnudos mandatos o actos de voluntad de un poder soberano, que van dirigidos a la voluntad de los súbditos. Las normas jurídicas son. Pues, órdenes o mandatos del gobernante y constituyen la expresión directa de un poder de mando en una sociedad determinada.

Tesis antiimperativista

La primera concepción antiimperativista del Derecho fue la mantenida por el intelectualismo clásico (centrado también, como el voluntarismo, en las leyes establecidas por Dios). Esta doctrina se apoyaba en la convicción de que las conductas humanas son buenas o malas por su propio contenido y en sí mismas, independientemente de que sean prohibidas o mandadas.Y, precisamente, son mandadas o prohibidas por el legislador por la bondad o maldad que naturalmente tienen, estando la voluntad del legislador vinculada por el juicio de su razón, de tal modo que sólo puede mandar a prohibir aquellas conductas que son en sí mismas buenas o malas.

Estas doctrinas no han tenido un desarrollo pleno hasta finales del s. XIX, siendo E. ZITELMANN quien primero se opuso al imperativismo con su doctrina del juicio hipotético. H.KELSEN afirmaba que la norma jurídica no puede ser definida como un imperativo o mandato porque éste, en cuanto orden de una voluntad, es un hecho psicológico que pertenece al mundo del ser, mientras que las normas jurídicas pertenecen al mundo del deber-ser. La norma es más bien, según él, un juicio hipotético en el que se afirma que una determinada consecuencia jurídica (= la sanción) debe ser aplicada bajo la condición de que se dé un determinado requisito o hipótesis (= el acto ilícito). (La fórmula representativa de toda norma jurídica era: “ es A, entonces debe ser B” Por ejemplo, si alguien comete homicidio (= en la hipótesis de que alguien cometa homicidio), será (=deberá ser) castigado, como homicida, a la pena de reclusión menor.

Otra manifestación antiimperativista es la doctrina que define las normas jurídicas como juicios de valor acerca del comportamiento de los sujetos ante determinadas actuaciones o hechos sociales y, consecuentemente, al Derecho como un conjunto de juicios de valoración jurídica. Según esta doctrina es el juicio valorativo contenido en la norma el que hace que ciertas conductas que, sin la norma, serían perfectamente lícitas estén prohibidas y otras determinadas conductas, neutras en sí mismas, sean impuestas como obligatorias.

Una tercera manifestación concibe la norma como una proposición alternativa que indica a los destinatarios las posibles opciones de actuación que se le ofrecen. Son representables con la fórmula como “ haces X (= conducta deseada) o te sucederá S (=sanción).

Estas doctrinas se olvidan , en alguna medida, de la dimensión más importante y característica del Derecho: el ser regla de conducta que determina los comportamientos que el sujeto debe realizar o evitar. Esto es despojar al derecho de su aspecto más característico: regular la visa social mediante la imposición de unas determinadas conductas (prescripción positiva) y la prohibición de otras (prescripción negativa)

La norma jurídica tiene carácter eminentemente imperativo y contiene siempre un mandato de un superior que pretende ligar la voluntad de los subordinados para que éstos actúen de una determinada manera. Las normas son mandatos que tienen unas características muy peculiares que los distinguen de cualquier otro tipo de imperativos.

Los mandatos tienen que ser emitidos por una voluntad legitimada para establecer la norma, aunque esto no significa que todo lo manda esa voluntad sea siempre lo mejor y más conveniente o lo más justo.

La norma jurídica se caracteriza por convertirse en regla estable de conducta para todos aquellos que le están sometidos.

La norma jurídica, en conclusión, si bien es imperativa, es un mandado emanado de la voluntad representativa de la comunidad, que presupone un juicio valorativo y que se objeta en reglas de conducta estables y generales.

La estructura de la norma jurídica

El contenido directivo de las normas jurídicas se encuentra polarizado en torno a estos dos núcleos centrales: un deber de realizar determinadas conductas y una condición o supuesto al que se supedita el nacimiento de ese deber. El primero es identificado como consecuencia jurídica; al segundo se le designa por lo general con el nombre de supuesto de hecho.

La consecuencia jurídica

La imposición de los deberes es la consecuencia o efecto característico de la norma jurídica que va acompañada del reconocimiento o atribución de unos derechos correlativos, los defensores de esta doctrina admiten que los derechos forman parte también de esa consecuencia.

Otros autores argumentan que la característica constitutiva y diferenciadora del Derecho no es la imposición de deberes sino la forma en que se imponen esos deberes (es decir el procedimiento utilizado por el Derecho para conseguir que los destinatarios de las normas jurídicas actúen como éstas indican), consistiendo esta consecuencia jurídica en la sanción.

Otra tesis insiste en que hay otro tipo de normas que conceden facultades o atribuyen competencias, siendo estas facultades o competencias la consecuencia jurídica de las tales normas.

También se ha afirmado que el efecto o consecuencia jurídica de las reglas de Derecho consiste propiamente en el nacimiento, modificación o extinción de relaciones jurídicas.

Parece razonable concluir que el deber es siempre el contenido nuclear de todas o, al menos, de la mayor parte de las normas jurídicas, con independencia de que, a su vez, el contenido de ese deber sea una conducta, una sanción o un procedimiento.

El supuesto de hecho

El nacimiento de los deberes, que son la consecuencia de una norma jurídica, viene condicionado a que se den determinadas circunstancias o supuestos que la propia norma jurídica especifica. Es decir, están subordinados a la presencia del supuesto de hecho. El supuesto de hecho es toda aquella realidad que entra en la previsión de las normas jurídicas como condición para que se dé la consecuencia. KELSEN afirma que el supuesto de hecho es siempre una actuación o comportamiento ilícito, es decir, aquella conducta que el Derecho pretende evitar y que, en consecuencia, establece como condición para que aparezca el deber de aplicar una determinada sanción, pero esta concepción del supuesto de hecho resulta inaceptable por constituir una reducción extrema.

La estructura lógica de la norma jurídica

Es posible formular un esquema lógico uniforme para representar la estructura interna de todas las normas jurídicas posibles; este esquema estaría representado por un enunciado condicional (o hipotético) en el que se supedita la aparición de un cierto efecto o consecuencia a la realización de determinados actos: “ es S (=supuesto de hecho), si debe ser C (=consecuencia jurídica)” .

Pero ¿cual es la realidad jurídica que ha de entenderse incluida en cada uno de los dos ítems del esquema? Aquí es donde está la dificultad y donde surgen las discrepancias. Según KELSEN, el esquema o modelo que recoge la estructura lógica de todas las normas jurídicas es el de un juicio hipotético abstracto acerca de la voluntad estatal de imponer determinadas sanciones cuando se dan determinadas conductas ilícitas. En concreto, esa estructura queda adecuadamente representada en la fórmula “ Si es A, debe ser B” entendiendo que B es siempre una imposición de sanción y que A es (también siempre)una conducta a cuya realización está ligada (por decisión de la norma) la imposición de la sanción como deber-ser jurídico.

Esta teoría resulta insatisfactoria por su extrema parcialidad; hay que reconocer que las normas jurídicas sancionadoras constituyen un sector muy reducido del ordenamiento jurídico total, llegándose a la conclusión de que la fórmula abstracta de la estructura lógica de las normas jurídicas debe ser lo suficientemente abierta y flexible como para que en ella se encuentren representadas todas las múltiples y diversas normas que están integradas en un ordenamiento jurídico dado. Por eso, se propone la fórmula “ si es S (=supuesto), debe ser C(=consecuencia), ya que representa adecuadamente la estructura condicionada de cualquier norma jurídica.

Los caracteres de las normas jurídicas

Dentro de la teoría de la norma jurídica, algunos autores analizan la problemática relativa a sus caracteres o atributos, incluyendo entre éstos la justicia, la validez, la obligatoriedad, la coercibilidad, la vigencia y la eficacia, pero este punto de vista es discutible porque parte de esos rasgos no son atributos propios de las normas, sino caracteres diferenciales del Derecho.