Derecho, sociedad, economía y Administración en Al-Andalus

De Hispania a Al-andalus

La monarquía visigoda había entrado en una crisis institucional. Desde la ascensión al trono de Wamba en el 672 las sublevaciones fueron continuas en todo el territorio.

La monarquía visigoda no era firme dados los numerosos enfrentamientos entre su miembros para acceder al trono.

Pocos años antes en Arabia se había iniciado la Hégira por Mahoma, que huye de la Meca hacia Medina predicando su doctrina en el 622, año de inicio de la era musulmana. Se partía de la existencia de una comunidad de creyentes gobernados por Alá (Dios), convirtiéndose el vínculo religioso en político. Los musulmanes estaban obligados a la guerra santa (Yihad) contra el infiel. La posibilidad de que los antiguos propietarios de tierras que iban siendo conquistadas conservasen sus tierras a cambio del pago de un tributo facilitó la rápida expansión de los musulmanes por el norte de África, y que situaran en los límites del territorio visigodo.

Cuando Witiza llegó al trono (finales del siglo VII) el derrumbamiento de la monarquía visigoda era inminente. Al ser elegido rey Don Rodrigo, los partidarios de los hijos de Witiza pidieron ayuda a los musulmanes, asumiendo que se conformarían con el botín y se marcharían.

Tariq ben Ziyad desembarcó en el 711 en la costa española con un ejército berberisco para luchar con las tropas visigodas, que fueron derrotadas en la batalla de Guadalete. Los factores que desencadenaron la presencia musulmana en España fueron dos:

  • Existencia de dos partidos que luchaban entre si por el trono visigodo.

  • El fuerte empuje ideológico musulmán que consideraba esencial la difusión de la fe y la lucha contra el infiel.

La invasión del año 711 supuso la islamización y el sometimiento del territorio, sin enfrentamientos, al conquistar los musulmanes la casi totalidad del mismo ante la rendición de la nobleza goda. Tras la conquista, la península se incorporó a la comunidad política musulmana, cuya base es el precepto religioso de obediencia a la ley y al hombre justo (Imán), que dirige la vida religiosa, social y política.

El asentamiento de los musulmanes en el territorio peninsular se produjo de dos formas:

  • Ocupación militar:

    • Implica que el territorio es propiedad de la comunidad de creyentes a modo de botín de guerra, de ahí que se repartiera en primer lugar entre guerreros combatientes, y que posteriormente ante la presencia de más territorio se hiciera un nuevo reparto de tierras, en virtud del cual, aunque las tierras eran teóricamente de la comunidad islámica, sus antiguos propietarios conservaron la posesión y disfrute. La llegada a la Península supuso que se repartieran los cuatro quintos de lo conquistado entre la élite musulmana, quedando un quinto como propiedad pública de la comunidad.

    • Pero no se repartió toda la península, sino sólo las tierras que pertenecían al antiguo Estado visigodo, permaneciendo el resto en poder de sus antiguos propietarios.

  • Mediante sometimiento por capitulación:

    • Al ser objeto las tierras de una sumisión voluntaria tenían un régimen jurídico especial consistente en el pago de un tributo anual.

    • Esto suponía que el pueblo así sometido conservaba su religión y un amplio grado de autonomía. Ejemplo de convenio de tolerancia fue el firmado por Abd al-Aziz con el conde visigodo de Murcia, Teodomiro.

Etapas políticas y apogeo cultural:

La descomposición de la monarquía visigoda facilitó la rapidez de la conquista musulmana. Así desapareció la Hispania y nació Al-Andalus independientemente de su extensión geográfica como España musulmana. La constitución, consolidación y crisis de Al-Andalus se puede resumir en las siguientes etapas:

  • Periodo de los gobernadores. Entre el 716 y el 756, caracterizado por la sucesión de esas autoridades que han de enfrentarse a menudo a los clanes conflictivos de sus compatriotas, así como a las tentativas de extender a las Galias el dominio del Islam.

  • Emirato omeya de Cordoba. Es un emirato independiente en lo político y subordinado en lo religioso al Califa de Damasco.

  • Califato de Córdoba. Córdoba llega a ser la ciudad más importante de Occidente.

El siglo XI se inicia con graves discordias entre las facciones que luchan por el poder, precipitándose así la disgregación del califato y el final de la dinastía omeya (Hisam III).

  • Los reinos de Taifas. En el 1031 el califato se descompone en una veintena de unidades políticas gobernados por reyes de diversa ascendencia. Estas taifas han podido ser clasificados cronológicamente y por el origen bereber, árabe o eslavo de los reyes. A fines del siglo XI la supremacía es del reino de Sevilla, símbolo del ideal árabe-hispano frente al bereber-africano.

  • Almorávides y almohades. Dominan el Islam español durante el S.XII hasta la derrota en la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212.

  • Reino nazarí de Granada (1232). Existirá durante más de dos siglos y medio para constituirse en el último reducto musulmán en España hasta la entrada de los Reyes Católicos en la capital el 6 de enero de 1492 con que concluye la Reconquista.

Durante siglos existió un Islam español por lo que todas las manifestaciones, artísticas, literarias, lingüísticas, etc., forman parte de nuestro acerbo cultural más genuino. Como decía Ortega, parece difícil llamar Reconquista a algo que duró ocho siglos.

La vida científica floreció en el Islam español: traducciones del árabe al latín de textos matemáticos y astrómicos; la introducción de la brújula en la navegación, el primer tratado de trigonometría esférica...Por la Escuela de Traductores de Toledo conocería toda Europa buena parte de la cultura oriental, y aún de la griega a través de autores árabes.

El Derecho y sus fuentes

Caracteres generales: Corán, Sunna, Hadit, Iymá

Las características principales del derecho musulmán es la vinculación entre la ley divina y la ley natural. De ahí que la fuente principal del derecho musulmán sea la revelación divina (sari´a). Pero como el mensaje religioso se ha manifestado de diferentes formas son varias las fuentes:

  • Coran (Al-Korán). Texto escrito inspirado por Alá a Mahoma cuya décima parte (200 normas) es derecho. Al principio fue la única fuente jurídica, pero al resultar insuficiente fue preciso acudir a otras fuentes que presentan entre si una especie de jerarquía u orden de prelación.

  • Sunnah. es la conducta de Mahoma, es decir, lo que dijo el profeta, lo que hizo y lo que consintió (silencio positivo) transmitido oralmente, convirtiéndose en la tradición oral, ya que se rechaza cualquier tradición escrita. Es necesario, por ello, fijar un sistema que garantize la autenticidad de esa transmisión, para lo que surge la ciencia del hadit.

  • Iymá. Es la revelación genérica o tácita de Alá a los creyentes, manifiesta en el unánime asentimiento de la comunidad musulmana sobre ciertas cuestiones. Su fundamento es una presunta asistencia divina al pueblo, que confiere cierto grado de infalibilidad al sentir común. Corrientemente se entiende a la opinión de los juristas (alfaquíes). Su importancia se debe a que sanciona la interpretación de las otras fuentes, además de contar con el peso de la jurisprudencia de los tribunales.

  • Quiyas. Es la analogía, a la que es preciso acudir, pues los casos aparecen formulados para situaciones muy concretas. En defecto de norma escrita, oral o sancionada por la comunidad, se acudía al procedimiento deductivo por analogía.

La ciencia del Fiqh

La fijación y estudio del “hadit”

Una vez muerto Mahoma se procede a recoger las diversas tradiciones referentes a sus hechos o dichos. Ello multiplica ad infinitum las tradiciones de la sunnah cuya inmensa mayoría es apócrifa. Al haber vivido en Medina sus últimos años, las leyendas orales de esa ciudad adquieren un crédito importante.

La ciencia del hadit consiste en someter a crítica rigurosa la autenticidad del mensje transmitido por tradicción. Para ello hay que probar el encadenamiento lógico de las personas que hacen de receptoras y transmisoras de la conducta de Mahoma. Si se prueba que alguien no conoció a aquél de quien asegura haber escuchado algo, el hadit queda sin fundamento y es considerado apócrifo.

El método y las escuelas jurídicas

La existencia de tantas fuentes motivó la necesidad de interpretación y la creación de una ciencia jurídica (fiqh) que se ocupase de aplicación y sistematización de los resultados obtenidos, y a ello se dedicaron los alfaquíes. Existieron divergencias sobre cual de las fuentes era más importante y debía ser valorada primordialmente. Esa fue la razón de la aparición de diferentes escuelas.

  • ORTODOXAS formadas por aquellos que admitían la tradición oral o sunníes:

  • Hanefi o escuela de la opinión, cuyo fundador fue Abu Hanifa. Tolerante y abierta, difundiéndose por Turquía y la India.

  • Hanbalí o escuela de la renovación, fundada en el siglo IX por Ahmand B. Hanbal, se mueve en la más pura ortodoxia por lo que se cierra a todo cambio. Crea el “Santo precedente” en cuanto vuelta a las fuentes originarias del Islam, motivo del fundamentalismo actual. Se difunde por Arabia y Siria.

  • Maliki o escuela de la tradición creada por Malik ibn Anas, con raíces en España y norte de África introducida hacia el siglo VIII por el apoyo de los califas.

  • Xafei, fundada por Ibrahim al Xafei es una escuela sincrética entre la Hanafí y la Maliki abierta a la tradición romano – greco – bizantina.

  • HETERODOXAS: tienen derecho propio. Defendían los derechos del yerno de Mahoma, Alí, a sucederle políticamente. Consideraban que existía un jefe designado o imán descendiente de Mahoma, que contaba con ayuda divina, por lo que su tendencia era derribar los gobiernos existentes para sustituir por regímenes autocráticos dirigidos por el imán. Por ello se llaman xiitas, destacando entre ellas la escuela Zahirí.

Sentencias judiciales y doctrina de autoridades

La práctica de los tribunales y las consultas del pueblo a los alfaquíes crearon una serie de dictámenes (fatwas). Las sentencias tuvieron un gran valor al defender a veces doctrinas discrepantes con la normalmente admitida mientras en otras ocasiones sirvieron para dictar doctrina sobre supuestos teóricamente no previstos. La sentencia, se formula por escrito y que autentificada con la firma de los testigos, pasa al registro del diwan o protocolo judicial.

Las fatwas son dictámenes de juristas expertos a quienes se admite como autoridades a la hora de aplicar el derecho. Más tarde las fatwas se transformaron en informes de abogados, aducidos por las partes en litigio. Las fatuas fueron recogidas y sistematizadas en colecciones.

Estructura social y económica

Estructura social

En el estado hispano musulmán sería fundamental el logro del equilibrio étnico ya que la invasión supuso la presencia de varias etnias bajo un mismo control político. De un lado estaban los bereberes, mayoritarios en número y ocupando fundamentalmente las montañas. De otro los árabes, menos numerosos pero con mayor nivel económico, que vivían en las ciudades y ocupaban las tierras de regadío que cultivaban los neomusulmanes (hispanos que se convirtieron al Islam: muladíes) y los arrendatarios cristianos libres (mozárabes). Junto a ellos los judíos, que permanecían al margen.

La estructuración social está determinada por el parentesco, etnia y religión. Así se diferencian los árabes, elite dominante, y los bereberes o potencia militar, tratados de inferiores por aquellos que pese a ser más numerosos y procedentes de diferentes tribus que se agrupaban en diferentes clases:

Una clase baja formada por el exarico, arrendatario de tierras a perpetuidad a cambio de una renta fija que era libre y podía enajenar su parcela en cualquier momento.

El muladí (los más numerosos) se puede asimilar al encomendado y que era la forma en que los mozárabes describían este estatus.

La clase media no existía, ya que sólo por linaje, o entrando en la burocracia militar se accedía a la aristocracia. Lo único que se puede asimilar a una clase media son los juristas o alfaquíes.

Clase alta: nobleza y aristocracia de carácter tribal y militar.

Cristianos y judíos (y cualquier religión monoteísta) encontraban su ámbito de protección en el Corán al pertenecer a los llamados “Pueblos del Libro” que si bien estaban excluidos de participar en el poder político, tenían un particular estatus jurídico inferior, pero que gozaban de la protección de la justicia. Podían convertirse en protegidos y a cambio de un tributo conservaban su autonomía.

Al llegar el 1010 podían distinguirse tres etnias o banderías (Taifas): beréber, esclavos y andaluces (englobando a musulmanes árabes y andaluces ibéricos) controlando múltiples territorios o Reinos de Taifas.

Estructura económica

La estructura económica de la España musulmana fue peculiar: el desarrollo del comercio en las ciudades y de la industria manufacturera, lo más característico en el aspecto agrario, la explotación y el régimen de la tierra presentaron elementos visigodos.

Hay que resaltar la aparcería (o aprovechamiento a medias) como la forma en que se va a explotar la mayoría de los grandes latifundios. Los cereales, la vid, olivo, árboles frutales y plantas de todo tipo (textiles, aromáticas, exóticas) fueron los cultivos predominantes. En Levante los árabes practicaron un sistema especial de regadío procedente de Mesopotamia que permitió la horticultura y el desarrollo de nuevos cultivos hasta entonces inexistentes en la Península.

Los árabes se asentaron en las llanuras, y los bereberes prefirieron los territorios montañoso de ahí que se desarrollara el pastoreo la ganadería. Lo más destacable de la civilización musulmana en la península fue el grado de desarrollo de las ciudades.

Se desconoce bastante la ganadería andalusí, aunque la cría caballar tuvo gran importancia.

Las explotaciones mineras se centraron en el oro, la plata y el hierro, junto con el cobre, bronce, alumbre y mármol, en menor medida. La sal marina y la sal gema, junto a las manufacturas textiles, de base artesanal, fueron importantes fuentes de ingresos.

La actividad económica por excelencia fue el comercio, que se desarrolla en todas las grandes ciudades y que supuso la adquisición de un nivel considerable de actividad mercantil e industrial. También el comercio exterior estuvo muy evolucionada, en especial con Oriente, existiendo importantes puertos comerciales como el de Almería y una marina mercante desarrollada.

El Estado musulmán

La formación del Estado hispano – árabe presenta varios períodos.

  1. Período de iniciación (715-822) en el que comenzó a organizarse el territorio hispano como provincia del Califato Omeya con sede en Damasco, si bien sus dirigentes dependían directamente del gobernador de Ifriquiya (Túnez). En el año 750 fue derrocado el Califa, y la familia omeya se extinguió, excepto uno de sus miembros que desembarcó en el 755 en la península proclamándose emir de Al-Andalus. Intentó estabilizar el régimen , dependiendo de Damasco sólo en lo religioso. Surgió así el Emirato Omeya, en el que se sucederán varios príncipes.

  2. Período de transición (822-852) correspondiente al reinado de ´Abd al-Rahman II en el que el emirato estuvo consolidado pero descontento (continúan revueltas sociales), configurándose al-Andalus como un centro de poder independiente.
  3. Período de consolidación (852-1010), en el que se fue estableciendo el Califato Omeya en Córdoba por parte de ´Abd al-Rahman III, autoproclamándose Califa, y rompiendo definitivamente los lazos con oriente. Continuó el descontento afianzándose la idea de crear pequeños Estados independientes, no tanto para romper con Damasco, sino para hacer frente a la corriente xiíta que se había extendido por elnorte de África y que amenazaba con extenderse entre los beréberes descontentos de la península. Mediante esta autoproclamación se afirmaba la independencia de cualquier autoridad política superior, con lo que logró restablecer la unidad y obtener muchas victorias contra los cristianos cuyos reyes llegaron a reconocer la soberanía del califa, pagando un tributo anual al mismo.

  4. Período de declive (1010-1492). Tras la muerte de al-Mansur, secretario de Estado del califa Hisham II, se colapsó el califato, desmembrándose en pocos años y apareciendo docenas de pequeños estados árabes y beréberes, que llevan el nombre de Reinos de Taifas. Hasta el 1031 aparentemente el poder estaba en manos del califa. En esa fecha el gobierno central perdió el control, y las Marcas se configuraron como unidades políticas.

Las luchas entre reinos, y dentro de los propios reinos fueron continuas, motivadas por el gobierno del territorio de la taifa (bandería) predominante sin tener en cuenta a las demás etnias. Ello facilitó el avance de la reconquista, acudiendo las taifas a alianzas con el exterior y solicitando la colaboración de los almorávides en el año 1090 tras la caída de Toledo. La permanencia de los almorávides en la península y sus contactos con las formas de vida autóctonas, debilitaron sus costumbres, y las dificultades económicas produjeron rebeliones que terminaron con el período almorávide en el 1145. Tras un   período de confusión denominado segundas taifas, que se extiende hasta 1170, con la conquista de la península por los almohades se convierte al-Andalus en una provincia del imperio magrebí de Marruecos. Las taifas supusieron la creación de una sociedad de Estados descentralizados, sin líneas de demarcación, que se atribuían los gobernantes.

Tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212) se produjeron unas terceras taifas, que, ante el avance de la reconquista cristiana, quedaron reducidas territorial y políticamente al reino nazarí de Granada, reconquistado por los Reyes Católicos en 1492.

El califa era un monarca absoluto y a la vez jefe espiritual, reuniendo en su persona la cualidad de juez en última instancia, superior del ejército, a la vez que regulaba los gasto y acuñaba su propia moneda teniendo como única limitación la propia ley. Aunque los emires eran ya soberanos absolutos, no contaron con la condición de máxima autoridad religiosa. De ahí que el califa hiciera ostentación externa de su poder: se sentaba en un trono portando un cetro, un sello real y un báculo de bambú. El califato era hereditario y como prueba de obediencia, el nuevo califa recibía un juramento de fidelidad de la aristocracia en el momento en que era proclamado en la llamada Ceremonia de Reconocimiento.

Los reinos de taifas estaban basados preferentemente en aspectos militares y en un primer momento los distintos reyes se denominaron hayib para mantener las formas, pero pronto tomaron el nombre de Emir o Sultán (soberano), siendo frecuentes las luchas internas. Ellos salvo la taifa de Córdoba, que se rigió por un Consejo de personalidades.

La presencia de los almorávides en el siglo XI supuso un nuevo régimen instaurándose la ocupación militar del territorio. Se nombró un Walí dependiente del emir marroquí y bajo él se situaron los gobernadores de las ciudades. Por ello las cancillerías quedaron muy limitadas al desviarse las funciones de Marruecos.

El reino nazarí de Granada presentó una serie de peculiaridades: a la cabeza de la comunidad política se situaba el sultán, nombre con el que pasaron a designarse a los reyes granadinos (que han de rendir vasallaje a los reyes castellanos) pero que se rodea del mismo boato y símbolos de exteriorización de sus predecesores del califato.

Este Estado tenía carácter autocrático, al encontrarse todos los asuntos bajo la responsabilidad del califa, o del emir, existiendo la facultad de delegar parte de ese poder (por ejemplo, el caso de al-Mansur, ministro de Hakam II). Los califas hacían ostentación de su poder mediante símbolos, siendo sólo los juristas los que podían imponer un cierto control al poder del mismo.

La Administración

Administración central

En un primer momento, la mayor parte del territorio pasó a estar gobernado por un Valí (walí), delegado del Califa de Damasco, que se encontraba al frente de la Administración, de la Hacienda, de la Justicia y del Ejército, pero sin que hubiera una organización político – administrativa en sentido estricto. Estos valíes organizaron políticamente la península según el modelo de Damasco desde el 716 pero, dado que los vínculos eran débiles, gozando de mucha autonomía hasta que en el año 756 al-Andalus se proclamó estado independiente, quedando tan sólo un reconocimiento tácito de la autoridad religiosa. A partir de este momento se detectaron cambios esenciales en la administración califal.

Aunque desde el principio la administración se configuró como centralizada con un personal jerarquizado, la idea que dominaría sería la descentralización del poder político, siendo ´Abd al-Rahman II quien inició una reforma administrativa para organizar las instituciones y la economía del país siguiendo el modelo abbasí, concentrando el poder en la figura del Emir y situando bajo él al hayib y al wasir. El emir reunía las mismas cualidades del califa, y por lo tanto era un monarca con tendencia al absolutismo que dependerá religiosamente del califa de Damasco. El reinado de Muhammad I (852-886) supondrá una serie de revueltas étnicas, hasta llegar al reinado de ´Abd al-Rahman III, que aportó un toque de estabilidad con la instauración del Califato.

  • La persona más cercana al califa y director del gobierno era el hayib o hachib (chambelán, mayordomo, primer ministro o Secretario de Estado), cuyo cargo era equivalente al del visir existente en Damasco. Sus funciones eran sustituir al príncipe cuando éste delegaba su autoridad en él y ser el jefe directo de la Administración central, militar y provincial. Controlaba la Secretaría de Estado, organizada con personal jerarquizado, y se encargaba de la correspondencia oficial y la administración de la Hacienda pública, manteniendo informado en todo momento al califa.

  • Los visires se encontraban por debajo del hayib, al que rendían cuentas, existiendo uno por cada una de las ramas de la Administración y juntos constituían un consejo.

  • Existe también una especie de Secretaría de Estado o Cancillería (Kitaba) a cuyo frente estaba el jefe de la chancillería califal, cuyas funciones fueron muy numerosas ostentando el cargo de visir. Con Abd al-Rahman III se reestructuró dicha secretaría en cuatro órganos, a cuyo frente se situó un visir. Cada uno de ellos se ocupaba de la correspondencia provincial, la correspondencia fronteriza, la ejecución de los decretos del califa y la atención a las reclamaciones. El correo fue esencial en la España musulmana, de ahí que el jefe de correos también fuese un funcionario importante. Junto a la cancillería, el califa contaba con su propio secretario privado.

Al proclamarse las taifas, dado que el monarca solía llevar el título de Hayib, el siguiente puesto en la Administración era ocupado por el visir.

En el reino nazarí de Granada, por debajo del sultán se encontraba un visir, que hacía las veces de primer ministro, que informaba al soberano de aquellos asuntos que debía saber y aprobar. Este visir, que podía alcanzar la dignidad de “Doble Visir” (con competencia civil y militar), era nombrado por el monarca por tiempo limitado en virtud de sus cualidades personales, no siendo indispensable que permaneciera a la nobleza. El visir actuaba por delegación del monarca o, en aquellos casos en que interviniese él mismo, a sus órdenes, siendo un funcionario de competencias diversas. Era el encargado de la ejecución de lo ordenado por el sultán, del reparto de asuntos a los funcionarios para obtener informes, de la correspondencia y, en ocasiones, de la redacción de los decretos, pudiendo asimismo tener delegadas las funciones militares.

Administración territorial y local

Los musulmanes aprovecharon el esquema administrativo de la provincia romana, fruto de la división cosntantiniana en diócesis. De ahí que en un principio existiese un gobernador, el qaid al.Kura, equivalente al dux provincial, según la práctica omeya del organizar el tesoro, ejército y administración de justicia, de acuerdo con los límites territoriales.

Durante el Califato se organizaron distritos administrativos o Coras (Kuwar, singular de Kura), que estaban centradas en las ciudades y el territorio circundante, de forma que cada Cora tenía varios distritos o partidos y una capital. Al frente de cada Cora estaba un gobernador o valí que nombraba el califa y a cuyo cargo estaba una secretaría, un servicio fiscal y una caja de reclutamiento, al existir listados con los miembros de la cora que podían acudir a alistarse en momentos de levas. En las ciudades se situaba al Sabih almedina, figura que proviene del comes civitatis, encargado de la administración y policía urbana, existiendo también un muhtasib, jefe del mercado con jurisdicción. Los no musulmanes tenían una cierta autonomía organizándose en comunidades a cuya cabeza se encontraba un comes encargado de su capitación.

Importantes también fueron las Marcas (Thugur) que eran territorios militares que se establecían en zonas de guerra y que por tanto estaban permanentemente en alerta, para defender zonas más pobladas. Existieron tres Marcas: la superior con capital en Zaragoza, la media con capital en Toledo y la inferior con capital en Mérida. Al frente de las mismas se colocaba a un jefe militar, que gozaba de poder e independencia, lo que supuso en algunas ocasiones que estos gobernadores llegasen a oponer resistencia al gobierno central e incluso en llegasen a declararse independientes. Desaparecerán con los reinos de taifas.

La administración territorial taifa y nazarí giraba en torno a un gobernador (Valí), un jefe militar (Caid) y un agente fiscal (Amil). La administración local fue ejercida en la etapa nazarí por los alcaides y alguaciles, nombrados por el sultán.

Organización judicial

La función jurisdiccional pertenece al Califa.

La jurisdicción ordinaria correspondía a los Cadíes o jueces, nombrados por el soberano y que eran elegidos por ser expertos en Derecho y tener buena conducta, por lo que gozaron de gran prestigio social. Para su designación se tenía en cuenta que el candidato tuviese una serie de comunidades o requisitos, en cuyo número no coinciden totalmente las escuelas, pero que todas consideran básicos cinco: ser musulmán, tener entendimiento, haber llegado a la pubertad, ser varón y hombre libre. Si no se cumplían estos requisitos las sentencias pronunciadas por ellos se consideraban nulas. Respecto a otros como tener conocimiento, integridad moral, etc, las sentencias sólo serían anulables.

Entre sus atribuciones estaban también las funciones religiosas y administrativas.

Dentro de los cadíes destaca la figura del Gran cadí de Córdoba, en quien el califa delegaba la facultad jurisdiccional, pero que gozaba de independencia total del mismo, y que era el encargado de delegarla a su vez a los cadíes locales que existía en las capitales de cada cora y grandes Marcas. Entre los distintos cadíes no existía una estructura jerárquica, dado que, en principio no era posibles las apelaciones al autorizar el derecho musulmán tan sólo a los jueces que habían dictado una sentencia.

No existía el principio de “cosa juzgada”, por lo que con el tiempo cualquier litigio podía verse otra vez. Si era importante el principio de “unidad de juez”. Casi todas las escuelas coincidían en subrayar que sólo un juez podía juzgar en un tribunal, pues en caso contrario las sentencias eran nulas.

La especialización de los asuntos hizo que el cadí contase con unos jueces auxiliares encargados de intervenir en las causas menores. Por lo general estaba asistido por una especie de consejo de especialistas en Derecho musulmán (Sura), formado por alfaquíes de las ciudades, que realizaban consultas o dictámenes jurídicos (fatuas) y que generaron una especie de jurisprudencia. La presencia de este consejo era obligatorio según la escuela malequí.

Paralelamente existieron dos magistraturas especiales: el mazalim o juez de las injusticias, que se ocupaba de los casos en que podían existir abusos de poder e injusticias por parte de magistrados, por lo que actuaba de forma subsidiaria y a modo de control administrativo; y el radd, que dictaba sentencias en aquellos asuntos dudosos que le enviaba el cadí.

Subordinados al cadí está el muhtasib (en castellano almotacén) y cuya función principal era la de policía, figura que también se conocía como zabazoque al ser también juez del mercado; la hisba, que de obligación religiosa de practicar el bien se convirtió en una magistratura en cargada de vigilar la conducta de los musulmanes en las transacciones comerciales; el zabalsorta encargado de la policía urbana con facultades penales; y el juez de las herencias encargado de la administración y absorción por el tesoro de aquellos bienes de los que habían muerto sin herederos.

La Hacienda

La administración financiera estaba centralizada en la provincia contando con sus propios funcionarios, tomados del modelo existente en oriente, de ahí que sólo existiera la figura de los tesoreros.

El tesoro público y el privado del Califa o Tesoro Real eran distintos. Con el privado el califa hacía frente a los gastos de su casa real, además de destinarlos a la creación de instituciones públicas, pensiones a familiares, mecenazgos y gratificaciones. El tesoro del califa se nutría de sus propias rentas y de alguna contribución que hacía el Estado al destinarse alguno de los impuestos a sanearlo.

Existía también el tesoro de la comunidad de creyentes, llamado “bienes de mano muerta”, cuyo administrador era el gran Cadí, y que estaba destinado a conservar las mezquitas, pagar a su personal y a la beneficiencia.

El tesoro público se abastecía de tributos de vasallaje (a los cristianos), impuestos directos e indirectos, y de los grandes ingresos de acuñación de moneda.

Impuestos indirectos

  • El azaque o diezmo – limosna, establecido por Mahoma y que obligaba a todos los musulmanes a entregar la décima parte de los bienes muebles: cosecha, ganado, mercancías... Se cobraba en especies, y más adelante en metálico.

  • El Qati o tasa de capitación (impuesto personal) impuesta a cristianos y judíos.

  • El Jaray o Jarrach, impuesto territorial que pagaban en principio sólo cristianos y judíos, dado que eran los usufructuarios de las tierras incorporadas por capitulación que pronto se extendió a otras situaciones, dado que cuando los cristianos se convertían al Islam continuaban pagándolo, por lo que se extendió a todos los inmuebles.

Impuestos directos

Fueron permanentes o temporales.

  • Dariba o tasa sobre los ganados y colmenas.

  • Qabala o tasa sobre lo adquirido en los zocos (mercados).

  • Impuesto que gravaba la venta del vino.

Con las taifas la política fiscal se endureció, suprimiendo posteriormente los Almorávides y los Almohades los llamados tributos ilegales., no vinculados con normas religiosas.

Impuestos de la hacienda nazarí:

  • Alacer, diezmo sobre cereales y semillas.

  • Alsira o alfitra, capitación anual sobre propiedades.

  • Almaguana, impuesto extraordinario sobre tierras y bienes raíces.

  • Magrán, derecho de aduanas, y trigual, sobre el pescado desembarcado.

  • Cequi, sobre el atesoramiento de oro y plata.

  • Tarquil, sobre la circulación y venta de seda.

Las situaciones excepcionales de guerra o las expediciones militares produjeron impuestos temporales como la nazila, que sustituía la obligación de dar alojamiento por un pago en metálico; y la taqwiya o impuesto destinado al mantenimiento integral de un soldado.

El cobro de algunos impuestos era arrendado a particulares, que se beneficiaban generosamente.

A partir del S. XII aparecen como recaudadores el amil, el almojarife (almorávides) y los alamines (almohades).

La organización militar

Al frente del ejército musulmán se encontraba el príncipe como jefe supremo, mandándolo personalmente en múltiples ocasiones. Este ejército estaba formado por jinetes e infantería mandada por un emir, distribuido en unidades de 5.000 hombres, divididos en cinco batallones de 1.000, cada uno dividido en unidades inferiores de veinte hombres. Contaba con una importante marina de guerra, fundada por Abd al-Rahman II, consagrada fundamentalmente a la defensa de las costas mediterráneas.

La composición de este ejército cambió en el largo espacio de tiempo de dominación musulmana, para adaptarlo a las necesidades. Así de ser un ejército formado básicamente por árabes y beréberes en función de su pertenencia a una tribu determinada; durante el emirato la composición se diversificó estando integrado por huestes de mercenarios, voluntarios que acudían al yihad, chiudís sirios y guerreros organizados.

El ejército musulmán fue organizado por al-Hahkam I:

  • Milicia de mercenarios permanentes organizados en tropas y a cuyo frente estaba el Sabih al-hasham.

  • Huestes reclutadas de entre los obligados al servicio militar, organizados por tribus y por zonas de la península, destacando los chudís sirios.

  • Voluntarios que acudían a la guerra santa.

El monarca también organizó una guardia personal para el califa: los mamelucos.

En el 991 Almanzor reestructuró el ejército organizando registros en los que constaban los obligados a los obligados a servir militarmente. También suprimió el vínculo de tribu para el alistamiento favoreciendo un reclutamiento distinto, con lo que se redujo la influencia de la aristocracia árabe, se aumentó el número de reclutados y se evitó el incremento del poder tribal.

Los reinos de taifa supusieron un reforzamiento de los mercenarios en el ejército, y de huestes almorávides primero y almohades después, y en la época nazarí, el ejército volvió a la configuración del califato, destacando la presencia en el mismo de voluntarios beréberes llamados gazules.

Desde el siglo XII existieron monjes – guerreros que habitaban en monasterios fortalezas que se desarrollaron mucho durante la dominación almorávide.