Polis griega y República romana, modelos clásicos

El mundo clásico y el tiempo presente

Xavier Zubiri constataba cómo los tres grandes pilares que sustentan la civilización occidental son la Religión Judeo-Cristiana, la Filosofía Griega y el Derecho Romano.

En primer lugar, Atenas. José María Cabodevilla afirma: "el hombre tiene necesidad de alimentarse de abstracciones". Y para hacerlo el hombre necesita elevar su mente más allá de la realidad material y sobrevolar las cosas tangibles, traspasando las concretas realidades y trasladándose con su inteligencia al mundo también real pero incorpóreo de las ideas y de los conceptos que son capaces de expresarlas.

Casi todas nuestras categorías intelectuales, nuestros esquemas racionales y nuestros modelos deductivos de argumentación, proceden de la obra y del pensamiento transmitidos por los clásicos de la cultura helénica, sobre todo el Corpus Aristotelicum.

Grecia es, sin duda, la cuna de nuestra civilización. Tres siglos de la Grecia clásica revolucionan el mundo entonces conocido y marcan y condicionan definitivamente la historia del pensamiento y del saber.

El segundo elemento es la Religión Judeo-Cristiana. Nuestras apreciaciones y nuestros juicios a la hora de valorar, para admirar o reprobar una conducta se ven influenciados por el mensaje, la tradición y el pensamiento judeo-cristiana.

Por último, el Derecho Romano constituyendo las bases y pilares de nuestro orden jurídico, político y de organización administrativa. Europa se encuentra a sí misma en la ordenación jurídica, política y administrativa de la sociedad romana.

Roma transmite al mundo los imperecederos moldes de organización jurídica y política de la sociedad: su Derecho Privado, regulador del cúmulo de circunstancias sociales, familiares y patrimoniales del individuo como miembro de una comunidad; y su Derecho Público, que establece los distintos órganos de ejercicio del poder político, estructura y organiza este poder territorialmente y regula las relaciones del individuo con los distintos entes públicos.

Uno de los rasgos propios, definidores de la cultura común europea es el modo de concebir el Derecho y que éste debe una gran parte de su contenido a la creación jurisprudencial del Derecho Romano.

Así, nuestra realidad universitaria, nuestra Alma Mater studiorum (Madre que nutre o alimenta a quienes se acercan a sus estudios) nace y se desarrolla en Bolonia con el sólo objeto de estudiar el Derecho Romano recogido en el Digesto del Emperador Justiniano.

En el momento presente el Derecho Romano tiene todavía una función insustituible que cumplir: tanto en el reconocimiento de su materialidad como en su espíritu que ha sido, y está en condiciones de seguir siendo, inspirador de los textos de derecho positivo que consagran figuras e instituciones que reflejan el contenido de las que fueron elaboradas por los jurisprudentes romanos.

El Derecho Romano, invade y circunda la mayor parte de los actos ordinarios y extraordinarios de la vida de cada individuo. Si todo esto sucede y lo tomamos como natural y ordinario, es porque desde los comienzos del siglo primero de nuestra era hace ya XX siglos, todo este viejo continente y sus habitantes viven en contacto diario y cotidiano con estas figuras y con esas instituciones jurídicas que.

Lo que es creación humana se convierte en depósito común, res communis, de forma que para casi todos los que las utilizan es imposible saber cuándo se concibe su formulación primigenia y en quién encuentra su autoría material.

Y si esto puede reconocerse respecto de categorías jurídico-privadas, también puede afirmarse respecto de un buen número de conceptos de Derecho público en general y de Derecho Administrativo en particular. La organización provincial que se establece en el mundo romano durante los siglos II y III delimitó de forma, casi definitiva, el mapa político de la Europa de las naciones que todavía conocemos.

Ya desde fines de la República con Julio César Roma se conforma como una realidad territorial de grandes dimensiones, que se hacía preciso ordenar desde el punto de vista del Derecho público.

La democracia

Reflexiones generales

La democracia es hoy un concepto que puede ser considerado indiscutido.

Winston Churchill dijo: "el menos malo de todos los sistemas posibles" podemos afirmar que la democracia resulta el mejor de los sistemas, siempre y cuando en su funcionamiento se den las premisas y condiciones necesarias para lograr y garantizar a través de la actividad política la persecución y consecución del bien común y del interés general.

Democracia es la manifestación del poder popular. La expresión "pueblo" no define una categoría precisa y delimitada sino que posee un abanico plural omnicomprensivo en el que casi podríamos decir que cabe todo.

La democracia es un sistema que surge desde la convicción de que el conjunto del pueblo es capaz de decidir las soluciones a fin de resolver esos problemas.

El resultado real del sistema democrático es una cuestión casuística y variable, ya que los resultados son muy diversos en una y otra comunidad política y no sólo en una y otra etapa histórica.

Puede afirmarse que la invención de la democracia en Atenas constituye no sólo su nacimiento, sino también su primer ensayo. En él aparecen la mayor parte de los problemas y se postulan muchas de las soluciones que se plantean, encuentran y experimentan en las democracias contemporáneas.

Riesgos perennes del modelo democrático

Uno de los mayores riesgos de la democracia es el de la demagogia, a través de la utilización de modos formalmente democráticos que responden realmente al servicio de los intereses de un grupo o una persona.

Otro de los graves problemas son los casos de corrupción. Ello se dio también en Atenas y llevó a importantes crisis del modelo democrático. A ello se une que los rivales de las distintas facciones o partidos se cruzaban acusaciones de soborno.

Asi se comporta, por ejemplo, Aristófanes contra Cleón, jefe del partido popular tras la muerte de Pericles. Las acusaciones personales siguen estando en algo presentes en los tiempos actuales.

Algunas concordancias y divergencias

  1. Primero, la democracia contemporánea difiere de la ateniense sobre todo en el principio de la representatividad por el que el pueblo ejerce la soberanía que ostenta a través de sus representantes.

  2. Segundo, la actual decadencia del poder del Parlamento, como órgano constitucional a favor del poder cada vez más creciente de los partidos políticos que restringen su libertad de actuación a los que se convierten en parlamentarios.

  3. Tercero, el modelo ateniense, que encarna el ideal ciudadano de libertad sucumbe por la guerra exterior y como consecuencia de su derrota militar. Por el contrario, en el siglo XX la democracia se salva de su crisis y de sus fracasos, por la victoria militar de las potencias que constituían los Aliados, en la Segunda Guerra Mundial .

  4. Cuarto, tanto en Atenas como en la Roma republicana casi nada limita los acuerdos que puedan adoptarse democráticamente como consecuencia del poder legislativo que se les reconocía a las Asambleas Populares. Esto significa que la facultad de legislar es prácticamente absoluta.

Por el contrario, en la actualidad la función legislativa del Parlamento está sometida al conjunto del orden constitucional lo cual es una expresión manifiesta del imperio de la Ley y del establecimiento del Estado de Derecho. Para atenienses y romanos la Ley se debe cumplir porque es la manifestación de una voluntad ciudadana expresada directa y libremente en la Asamblea popular.

Por último para el mundo griego, la organización de la polis es de orden natural, siendo una yuxtaposición de grupos humanos más reducidos tales como la familia y la aldea. Así se expresa Aristóteles en su tratado "De Política".

Son éstos sus pilares necesarios para poder transformarse más tarde en una ciudad-estado.

Apuntes sobre Atenas, cuna de la democracia

Orígenes

Nos debemos situar en la península helénica, así denominada por derivar de Hélade que se conforma como punto de encuentro de las antiguas civilizaciones que nacen y se desarrollan en el Medio Oriente: la caldea, la asiría, la babilónica, la egipcia, la persa y la hebrea, etc…

Será esta civilización y cultura helénica la que proporcione una parte importante de los mimbres con los que se ha conformado la cultura occidental.

El fracaso de la Hélade es no haber conseguido una unión entre todas sus polis, pues, como se puede comprobar durante siglos, cada comunidad política como ciudad-estado, tenía su propio y pequeño territorio.

Dentro de esta prodigiosa civilización helénica debemos detenernos en Atenas.

La primera forma política de la que existe cierta constancia en el siglo VII a.C. sería la monárquica. Es decir, se correspondería a la forma de gobierno más generalizada en comunidades políticas anteriores o contemporáneas.

Los Monarcas serían miembros de la clase aristocrática y también de la clase más poderosa económicamente. Son conocidos como los Eupátridas que tiene el significado de los "bien-nacidos". Su poder si bien era absoluto se asesoraba por un Consejo, que se reunía en el Areópago.

En un momento más evolucionado del siglo VII a.C. parece que podríamos reconocer un gobierno aristocrático.

En el plano económico-social Atenas, sufre una importante crisis agraria que implica graves conflictos civiles a los que pretendió poner remedio un célebre político llamado Dracón, que promulga distintas Leyes en el año 621 a.C. que no logran pacificar la crispación social ni terminar con el conflicto agrícola.

En los primeros años del siglo VI a.C. a un personaje de trascendental importancia en la vida ateniense es Solón. Hay que reconocerle su trascendental faceta de legislador constituyente, pues en el 594 a.C. gracias a su labor puede registrarse quizás la primera Constitución política en la Historia.

Las Leyes de Solón otorga un poder hasta entonces nunca conocido a determinadas "clases" de ciudadanos a los que les confiere un poder importante de participación.

Suele referirse este modelo como timocracia. Aquellos que poseían un mayor patrimonio económico, agrupados en una Asamblea, elegían a los magistrados que adoptaban las decisiones más importantes para la vida ciudadana.

Así, la división del régimen de Solón distinguía a los ciudadanos en "clases", por razones de renta; deroga además distintas Leyes inicuas que provocaban injusticias sociales.

Este sistema político termina con Pisístrato que. a mediados del siglo VI a.C. toma el poder mediante la fuerza.

La tiranía será en el pensamiento de Aristóteles, aquel sistema de gobierno en el que una persona concentra todo el poder.

El gobierno de Pisístrato goza de una enorme aceptación popular y suscita un periodo de gran prosperidad económica y cultural. Muere en el año 527 a.C. sucediéndole sus dos hijos, Hipias e Hiparco. En el 514 a.C. es asesinado Hiparco, lo que provoca que se concentre todo el poder absoluto en Hipias que instaura una dictadura muy impopular hasta que pocos años más tarde en el 510 a.C., es depuesto.

Afirmará Platón que cuando se produce un abuso en un determinado sistema de gobierno, se produzca como reacción el advenimiento del contrario.

El primer experimento democrático

En un momento determinado el ciudadano ateniense, pretende asumir un efectivo protagonismo en la organización cívica. Así, se alcanza esta situación, a fines del siglo VI a.C, tiempo en el que los atenienses aprueban, como verdaderos ciudadanos libres, una Constitución mixta.

Se consolidará durante todo el siglo V a.C. La realidad antropológica y cultural de la península helénica, sobre todo, de la sociedad ateniense propició de forma admirable el surgimiento y el posterior desarrollo de este sistema democrático, que debemos subrayar que fue fruto más de un prodigioso acuerdo social entre los ciudadanos que de una auténtica revolución ogolpe cruento contra el poder constituido.

Y todo ello se debe en gran parte a un político muy popular llamado Clístenes que será quien, en el año 508 a.C, alcanzará para Atenas el primer ensayo real de la democracia en la Historia.

El nuevo sistema se basa en un principio denominado isonomía.

La reforma de Clístenes distribuye a los ciudadanos en diez tribus. Cada tribu se subdivide, a su vez, en tres tritios y cada una de éstas se divide en demos. La división en diez tribus determinaba la participación política. La principal novedad de esta reforma será la creación de la Ekklesía, que convocaba a los ciudadanos atenienses a participar en la vida de la polis.

Dicha reforma modifica un importante órgano político colegiado llamado Boulé. A partir de Clístenes queda constituido por 500 miembros, renovados cada año. Cada una de las diez tribus designaba a 50 ciudadanos, llamados buleutas, que se elegían por sorteo entre una lista constituida por voluntarios que se ofrecían en demos para formar parte de la Boulé.

Para que no hubiera tentaciones de romper la unidad política de Atenas los miembros de una misma tribu pertenecían y vivían en distintas regiones del territorio ateniense. La democracia nace en Atenas como un modelo político que busca la unidad ya que Clístenes, evita a toda costa la fragmentación del Ática.

La democracia impone un importante desembolso económico a la sociedad que decide gobernarse a si misma. La Monarquía solía resultar menos gravosas para el ciudadano corriente. El Monarca solía tener una fortuna heredada por lo que era frecuente que con cargo a su patrimonio realizasen obras y levantasen edificios públicos para disfrute del pueblo.

La principal arma política en la Atenas democrática era la palabra. Se hacía necesaria para cualquier político la brillante utilización de la oratoria y de la retórica.

La isonomia ateniense es el principio en el que se basa la organización de su Asamblea de ciudadanos que reúne a todos los atenienses que tienen derecho de participación en los asuntos públicos de la polis.

Este poder popular, como es obvio suponer, no siempre funcionó correctamente la Asamblea se dejaba llevar en sus deliberaciones y acuerdos por políticos demagógicos. Esto provoca que un célebre dramaturgo ateniense, Aristófanes, exclame con ironía: "¡Cómo brama la Asamblea!", para expresar cómo el pueblo reunido en Asamblea no decidía juiciosamente sino que se limitaba a gritar y resolver de forma vehemente, insensata y absurda.

En Atenas la democracia solo era para los atenienses. No reconoce derecho alguno a los extranjeros, denominados metecos y a los que se les cobra un canon por vivir en la ciudad.

Como consecuencia de un viejo principio consagrado en el Derecho ático, primitivamente, sólo los extranjeros pagarían impuestos.

A la Ekklessia son convocados y en ella participan en condiciones de igualdad. Ello supone obviamente una democracia censitaria, aquella en la que se restringe la participación ciudadana sólo a quienes están inscritos en un censo y cuentan con una determinada renta.

En tiempos de Pericles se establecerán disposiciones todavía más rigurosas. Sólo adquieren por nacimiento la condición de atenienses aquellos que fueran procreados en legítimo matrimonio por dos personas que tuviesen, a su vez, la condición de atenienses. Se trataba, pues, de un atribución de la ciudadanía por derecho de sangre, lo que en Roma se denominará ius sanguinis.

La Atenas de Pericles

Esta etapa de Atenas comprende la segunda mitad del siglo V a.C.

Algunas de las más preclaras ideas que sintetizan su pensamiento son: la Ley ha de cumplirse inexorablemente; la libertad individual debe ser siempre conciliable con el respeto a la Ley; el efectivo trabajo personal de cada ciudadano debe poder conciliarse con la posibilidad de participar activamente en la vida pública; el pueblo y no sólo los aristócratas debe intervenir en la política; debe respetarse el ámbito privado de libertad del ciudadano siempre que   respete la Ley; debe promoverse el arte que exprese la belleza con un moderado gasto, la ciudad debe cuidar y dignificar a sus filósofos, escultores, arquitectos, poetas, músicos, literatos y todo género de artistas.

Pericles fomenta de forma notable las artes y las letras. Emplea gran parte de los fondos de Atenas en embellecer la ciudad y realizar importantes obras públicas.

En el año 449 a.C. Pericles hace la paz con el Imperio persa y comienza una era de gran prosperidad económica en la que realizan importantes construcciones públicas, civiles y religiosas.

La vida ciudadana es rica en prosperidad material y muy enriquecedora en cultivo intelectual y cultural. Atenas es además una gran potencia militar.

El desastre del régimen político de Pericles va a venir ocasionado por su decisión de declarar; la guerra contra Esparta. Atenas se apodera de la isla de Milos sin que pueda justificarlo frente a las demás polis.

Pericles se rinde en el año 403. El destino del régimen democrático había quedado condicionado al resultado de la guerra por lo que en cuanto Atenas pierde la contienda comienza su declive. El pueblo queda defraudado de la democracia, lo que aprovecharán algunos para tomar el poder.

El ocaso de la democracia ateniense

Se alza con el poder un grupo oligárquico denominado los "Treinta Tiranos" de Atenas.

Sócrates simboliza el relanzamiento de la democracia pero es condenado a pena de muerte injustamente y acepta la condena como prueba de respeto del orden legal.

Entiende que el ateniense no debe pensar qué es lo que Atenas puede darle, sino lo que él puede aportar a la grandeza de su ciudad. Idea que en nuestro mundo contemporáneo defenderá John F. Kennedy. Los grandes pensadores dejan de escribir de política y huyen de la ciudad.

A mediados del siglo IV a.C. Demóstenes mantiene, en parte, el sistema democrático, si bien su vigencia es muy efímera. Esta segunda etapa democrática ateniense termina con la victoria de las tropas de Filipo de Macedonia sobre el ejército de Atenas.

Aparecen escuelas filosóficas que restringen su reflexión sobre la vida privada de los individuos. Florecen, por el contrario, con Filipo y con su hijo Alejandro los cómicos, dramaturgos y poetas. Atenas volverá a ser una ciudad muy culta, si bien se instauran los esquemas de la vieja Monarquía con poderes absolutos.

No obstante, la semilla democrática ateniense surgirá y brotará una y otra vez en la Historia con mejor o peor fortuna.

La Constitución republicana romana, consolidación de la democracia ateniense

Etapas históricas de Roma y del Derecho Romano

La larga vida del régimen político de Roma (catorce siglos) y su influencia en la Historia se debe no sólo al genio político romano, sino también al Derecho que constituyó su sustrato y basamento.

El Derecho Romano comprende un largo período histórico que va desde la fundación de la ciudad de Roma a mediados del siglo VIII a.C. hasta la caída del Imperio de Occidente en el 476 d.C; o bien, si consideramos la vigencia del Imperio de Oriente, hasta el siglo XV d.C. en que desaparece como consecuencia de la toma de su capital Constantinopla, la antigua Bizancio, por el Imperio otomano en 1453 d.C.

Desde el punto de vista cronológico pueden distinguirse ias siguientes etapas históricas:

  • Etapa monárquica, del año 753 a.C. al 509 a.C.

  • Etapa republicana, del año 509 a.C. al 27 a.C.

  • Etapa del Principado, del año 27 a.C. al 284 d.C

  • Etapa del Dominado en Occidente, del año 284 hasta el 476 d.C

  • Etapa del Dominado en Oriente, hasta la muerte de Justiniano, en el año 565 d.C.

Así, fijándonos en las etapas desde un punto de vista jurídico, podemos distinguir los siguientes periodos históricos:

  • periodo de Derecho antiguo o quiritario: del 753 a.C. al 450 a.C. Coincide con la Monarquía y con la fase de inicio de la República.

  • periodo de Derecho preclásico: del 450 a.C. al 130 a.C. Se inicia con la promulgación de la Ley de las XII Tablas y se extiende hasta bien entrada la República.

  • periodo de Derecho clásico: del año 130 a.C. al 230 d.C. Corresponde al final y crisis de la República y Principado y expansión del Imperio romano.

  • periodo de Derecho postclásico: comprende del año 230 d.C. al 527 d.C. Coincide con el Dominado.

  • periodo de Derecho justinianeo: abarca del 527 al 565 d.C. Coincide con el periodo de gobierno del Emperador Justiniano.

Vamos ahora a proceder a ofrecer algunos rasgos que caracterizan cada una de las etapas enunciadas.

Época arcaica: Es poco conocida. Comienza con la fundación de Roma en el siglo VIII por Rómulo. A Rómulo le seguirían otros seis reyes a los que la historiografía romana atribuye diversas reformas.

Esta época arcaica se extendería hasta la fecha de publicación de las XII Tablas. La Monarquía es la forma política imperante en esta época. Roma reguló su vida social por normas religiosas.

Época preclásica o republicana: Desde la publicación de las XII Tablas, años 451-450 a.C. hasta la mitad del siglo I a.C. La Ley de las XII Tablas gozó de un gran prestigio entre los romanos.

Tito Livio afirma que la Ley de las XII Tablas constituye un compendio de todo el Derecho público y privado de la época. La idea fundamental es el reconocimiento de la igualdad de patricios y plebeyos. Constituye un conjunto de normas de organización política y convivencia ciudadana, en el que están reconocidos algunos principios fundamentales tales como: la publicidad del Derecho, la garantía de los ciudadanos, la objetividad la certeza de la norma y la seguridad jurídica.

En esta época preclásica comienza con el ius civile. Con las XII Tablas al hacerse público el Derecho, existe mayor garantía para el ciudadano que sabe a qué atenerse en su comportamiento público. Esta garantía de publicidad antes era inexistente pues el Derecho estaba monopolizado por eruditos perteneciente a la clase sacerdotal.

La Tabla I contiene normas que regulan el proceso civil como forma de resolver los litigios y comienza con la siguiente máxima: Si in ius vocal, ito, es decir. "Si eres llamado ante el magistrado, debes acudir".

Otro hito fundamental es la aparición del Pretor, como magistrado jurisdiccional, dotado de iurisdictio, que dirige el procedimiento. Las disposiciones de las XII Tablas precisaban una interpretación. Es el Pretor quien procede a su interpretación al matizarlas, flexibilizarlas y adaptarlas al caso concreto que se le plantea.

El Pretor tiene la capacidad de proteger nuevas situaciones que no están reguladas por el ius civile. Es capaz de llevar a cabo esta tarea en virtud de su ius edicendi, es decir, de su capacidad de promulgar Edictos que completan e incluso pueden corregir lo dispuesto en el Derecho Romano que se desarrollan y llegan a su configuración más perfecta y acabada en la etapa clásica. Derecho Civil. En esta época se configuran los conceptos jurídicos fundamentales delDerecho Civil. Al hacerlo surge un Derecho Pretorio o Derecho Honorario frente al

Época clásica: Comprende los siglos I, II y la primera mitad del siglo III d.C. Es la época de esplendor del Derecho Romano. Lo más importante de ésta época es la ingente producción jurídica que se contiene en las obras de los jurisconsultos. Los juristas suelen reunirse en escuelas para el estudio del Derecho. Las dos más importantes son la escuela sabiniana y la escuela proculeyana.

Los jurisconsultos clásicos son los verdaderos inspiradores de una gran parte de la actividad legislativa y jurisdiccional de los emperadores. Sus opiniones y propuestas una depurada técnica, una perfecta equidad y un equilibrado intento de conciliar los intereses públicos con los privados.

Época postclásica: Desde la segunda mitad del S.III hasta fines del siglo V d.C. Esta época debería denominarse romano-cristiana, dada la fuerte influencia del Cristianismo en muchas de las instituciones del Derecho. Otros sostienen que debe denominársele época romano-bizantina debido al fuerte influjo de la corriente de ideas helénicas que informaron el pensamiento jurídico en este período.

El Derecho pierde en general calidad al burocratizarse, pues, los juristas se convierten en funcionarios al servicio de los Emperadores. Será el Emperador quien decida qué es lo que debe legislarse y cuál debe ser su contenido de acuerdo con sus personales intereses. Se produce un proceso de vulgarización del Derecho al verse influido por normas, usos e instituciones procedentes de las distintas culturas de los territorios de las de provincias orientales.

Época bizantina, justinianea o compiladora: se sitúa en el s.VI d.C. Toma su denominación de Justiniano que realiza la grandiosa tarea de recopilar el Derecho Romano clásico, pues, ello formaba parte de la grandeza de Roma clásica.

A Justiniano se le debe, por tanto, que haya llegado a nuestra civilización su Derecho. La recopilación concluida en el año 534 pasa a denominarse, desde el siglo XV Corpus luris Civilis o Compilación justinianea y, en ella, se recogen por vez primera las que van a reconocerse como sus cuatro partes: Instituciones, Digesto, Código y Novelas.

Antecedentes de la República romana

Los orígenes remotos de Roma

Si nos remontamos al origen hay que hacer referencia a una etapa precívica en la que el Lacio, coexisten tres pueblos: pueblo latino, el sabino y el etrusco. La relación entre ellos se presenta bastante confusa.

Los latinos pertenecerían quizás al pueblo ario. Se expansionan por la península itálica en la época del bronce antes del año 1000 a.C. El latín, se convierte en el idioma universal de la antigüedad. El pueblo sabino llega a la península itálica en el s.IX a.C. en los comienzos de la edad del Hierro. Practican el rito fúnebre de la inhumación.

Los etruscos serian más tardíos si bien es el pueblo que mayor influjo tiene en la posterior civilización romana. Algunos entienden que venían del próximo Oriente. Otros se inclinan por su procedencia centroeuropea. De la cultura etrusca Roma adopta el culto a los tres dioses principales del Capitolio: Júpiter. Juno y Minerva.

Roma como civitas se forma por un proceso de integración de las aldeas situadas en las siete colinas.

Los romanos no llegaron en ningún momento a personalizar el concepto de Estado tal como lo conocemos. La acuñación del término Estado, tal como se conoce en la actualidad se debe a la formulación definitiva, sobre todo, en el pensamiento de Maquiavelo y Bodino.

La principal materialización de la comunidad política romana la compone los propios ciudadanos romanos reunidos en Asamblea.

La ciudad-estado en la antigüedad está formada por un recinto amurallado. Según la tradición, la ciudad es fundada por Rómulo que trazó los límites originarios de la Roma quadrata. Los datos arqueológicos, sin embargo, muestran que la civitas se forma progresivamente por una unión o integración de aldeas habitadas por los latinos.

La primera de las estructuras políticas por las que había de pasar la comunidad primitiva romana sería la Monarquía.

Centrándonos en la figura del Rey, Rex, alguna doctrina defiende la concepción de un Monarca elegido por el pueblo y además con poder limitado por el Senado y los Comicios.

Hoy entiende la doctrina mayoritaria que el Rex primitivo sería uno de los pater gentium.

Destacaría de entre ellos por su carisma personal siendo un conductor, con personalidad relevante en el ámbito no sólo político, sino también religioso.

En Roma existieron siete reyes, según la tradición. Los cuatro primeros serían latino-sabinos y los tres últimos etruscos. Según la historiografía los Reyes latinos serían: Rómulo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio y Anco Marcio. Los etruscos son: Tarquino el Antiguo, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio.

El tránsito de la Monarquía a la República

Marco Tulio Cicerón contrapone la idea de libertad que trae consigo el régimen republicano al carácter tiránico característico de la última época monárquica, sobre todo, por parte del último de los Reyes, Tarquino el Soberbio.

La tradición latina informa que en el año 509 a.C, es abolida la Monarquía y se funda un nuevo sistema político: la República, con dos Cónsules en el poder. Este hecho de la proclamación del nuevo sistema republicano es exaltado por todos los autores latinos de la época.

Hay muchos puntos oscuros acerca de la fundación de la República. Dos problemas se plantean ante el Capítulo del tránsito de la Monarquía a la República: la exactitud de los hechos ocurridos que dan lugar a este tránsito; el problema de cuál fuera la magistratura que asumió el poder con la proclamación de la República.

En cuanto al primero de los problemas se refiere que se encontraba el ejército romano empeñado en una conquista bélica. Se suscitó una fuerte discusión entre los hijos del Rey Tarquino el Soberbio y otros nobles romanos, unos y otros oficiales de las legiones, que versaba acerca de cuál de las esposas, si las de los hijos de Tarquino o las de los otros nobles romanos, era más virtuosa. Para averiguarlo se trasladan por sorpresa a sus casas y mientras a las esposas de los hijos de Tarquino las hallan dedicadas al placer, la esposa del noble romano Tarquino Colatino. Lucrecia, estaba dedicada a las tareas de gobierno familiar de la domus.

Sexto, uno de los hijos de Tarquino el Soberbio, intentó seducir a Lucrecia y ante su negativa comete un acto de violación. Ella, sintiéndose deshonrada, se da muerte. Enterado de lo sucedido. Junius Brutus, amigo de Tarquino Colatino, toma el cuerpo de Lucrecia, arenga al Senado y a la Asamblea denunciando el hecho se produce una revuelta popular que provoca el derrocamiento de Tarquino el Soberbio y la proclamación de la República con dos Cónsules al frente: Junius Brutus y Tarquino Colatino.

La caída de la Monarquía se habría debido a una revuelta de la aristocracia romana apoyada por el pueblo contra el despotismo del último Rey etrusco.

En la actualidad la mayoría de los estudiosos consideran que el tránsito se produce de una forma lenta, progresiva o paulatina, se descarta un cambio brusco y cruento contra el Rey.

Puede ser que este cambio de régimen se hubiese producido a través de una institución intermedia.

Este magistrado habría ido nombrando distintos órganos políticos auxiliares para que pudieran con él atender a todas las tareas de gobierno.

Así, podría haberse ido conformando el consulado y otras magistraturas de renovación anual que asumirían distintas funciones concretas en virtud de su propia potestas o imperium.

Es probable que en este proceso se produjese un paulatino debilitamiento de los poderes del Rey. En este sentido, existirían en Roma diversos magistrados que habrían ido asumiendo primero de forma temporal y después más definitiva las funciones políticas y militares del Rey.

Las magistraturas más relevantes en el momento de instauración de la República serían: el magister populi, jefe de la infantería y el magister equitum, jefe de la caballería. Ambos pueden considerarse antecedentes de los dos Cónsules ya que poseían imperium. Más tarde también en el ámbito político el imperium domi, que se ejercía dentro de la ciudad.

Los primeros magistrados serían nombrados al principio con carácter transitorio y más tarde se consolidarían y se convertirían en magistrados ordinarios que ostentarían el poder durante todo el año.

Las luchas sociales entre el patriciado y la plebe

Desde fines del siglo VI hasta el último tercio del siglo IV, la República va afianzándose. Patricios y plebeyos que, aunque equiparados por las XII Tablas, seguían presentando diferencias sustanciales en otros órdenes, incluso en el jurídico. La inserción de los ciudadanos en la Res Publica se realizó por razón del territorio sobre el cual se asentaban y se abandonó la organización tripartita de tribus: Títies, Ramnes y Luceres.

En una primera época la lucha por la igualdad se instrumentaliza a través de la resistencia pasiva de los plebeyos que realizan secesiones o retiradas pasivas fuera de la civitas dejándola inerme frente a cualquier ataque militar externo. El primer conflicto social, el el monte Aventino tiene como causa las continuas levas o reclutamientos militares y la prisión por deudas de los plebeyos insolventes.

A partir del año 494 a.C. los plebeyos consiguen el reconocimiento de los Tribunos de la plebe que se elegían en la Asamblea plebeya denominada Concilia plebis. Más tarde una Ley declara a sus personas como inviolables, sacrosanctae, por lo que se condena a pena capital a quien atente contra ellos.

En el año 445 a.C. la Lex Canuleia suprime la prohibición de matrimonios entre patricios y plebeyos. La definitiva aceptación constitucional plebeyas se produce en el siglo IV a.C. con las Leyes Liciniae Sextiae que permite el acceso de los plebeyos al Consulado y las Leyes Publiliae Philonis y Hortensia que equipararon los Plebiscitos adoptados en las Asambleas de la plebe, a las Leyes votadas en los Comicios. Se consolida la Constitución de la civitas patricio-plebeya que alcanza su apogeo en los siglos III y II a.C.

Constitución republicana romana. Rasgos fundamentales

En Roma no existió nunca un texto que podamos señalar para referirnos a una Norma fundamental o suprema.

Ello no obsta para que pueda hablarse de Constitución republicana romana, al igual que en la actualidad también puede hablarse de Constitución británica.

Es preciso distinguir entre Constituciones escritas y no escritas. La Res Publica romana en cuanto a su organización del poder político es tributaria de la organización política griega.

En este sentido, desde un punto de vista doctrinal es trascendental la contribución de Platón al propio concepto de "constitucionalidad".

Aristóteles formula una triple división entre lo que denomina formas puras y formas impuras de gobierno. Son las primeras: Monarquía, Aristocracia y democracia; siendo las segundas: Tiranía, Oligarquía y Demagogia.

En las puras lo que se persigue es alcanzar el interés general de los gobernados. En las formas pervertidas, el ejercicio del poder se corrompe por la búsqueda del interés particular de quien ejerce el propio poder.

La República romana se organizó como un sistema de Constitución no escrita y se apoyaba en tres pilares fundamentales: los Comicios o Asambleas Populares, el Senado y las Magistraturas.

Los Comicios o Asambleas Populares encarnan el poder legislativo; el Senado representa una función consultiva carente de poder político efectivo, pero con un peso trascendental en las decisiones de la comunidad; y las Magistraturas se corresponderían con el poder ejecutivo.

Tanto en Grecia como en la Roma republicana la democracia era directa no como ocurre en la actualidad en los sistemas democráticos que son de democracia indirecta o representativa. Otros conceptos y categorías que el mundo clásico ha legado y siguen vigentes son: el concepto de ciudadanía; la participación popular en la elección directa de los cargos públicos; el derecho de voto y el sufragio; la votación y aprobación de la Ley por consulta popular; y la responsabilidad de los cargos en el ejercicio de las funciones públicas.

La Constitución republicana romana es sólida y dúctil. La solidez la demuestra frente a las convulsiones sociales, políticas y económicas. La ductilidad la demuestra en la capacidad de adaptación a las nuevas necesidades políticas, sociales y económicas. Constitución que ya en su tiempo despertaba la admiración de los extranjeros, así, es muy conocido el asombro del militar, historiador y politòlogo griego Polibio al no poder encuadrar la Constitución republicana romana en ninguna de las tres categorías aristotélicas.

La cuestión de la preeminencia orgánica

Algunos autores han hecho hincapié en que la soberanía en la Res Publica recaería en el Populus Romanus. Es partidaria de esta tesis la doctrina romanista alemana ya que otorgan siempre gran predominio a la comunidad dentro de las estructuras político-sociales.

El Populus Romanus tenia su asentamiento en la urbs y por ello se considera que la crisis de la República no sería más que el desbordamiento del pueblo fuera de los recintos amurallados, lo que lleva inexorablemente a que la estructura de poder ciudadano ya no sea viable en una comunidad política que se extiende territorialmente.

Otros autores piensan que la soberanía residiría en el Senado. No puede hablarse en la época republicana de una auténtica democracia, dado el poder restringido y con importantes limitaciones que atribuyen a las Asambleas. Constatan como los Comicios deberían ser convocados por un Cónsul que tenía el ius agendi cum populum.

Antes de comenzar la reunión comicial se tomaban los auspicios. Ésta era un arma política en sus manos ya que si los sacerdotes señalaban que los dioses no eran favorables, no podía celebrarse la reunión comicial.

Por estas razones se considera que la soberanía no radica en los Comicios, sino en el Senado. La tesis más viable sea una teoría intermedia que estima que debe hablarse de un equilibrio entre dos órganos: el Populus Romanus y el Senatus. El binomio Senado-Pueblo es inseparable en el gobierno de la civitas.

En conclusión, la Res Publica romana encarna el máximo ideario democrático y el sistema político más evolucionado y perfecto que fue posible hace más de veintitrés siglos.

La unidad de Europa a través de la Historia

Preliminar

Entre las pretéritas realidades y la actual Unión Europea, existen notables diferencias.

Existen también, coincidencias y concomitancias.

Una de las más claras diferencias entre una y otra realidades políticas unificadas, lo constituye el distinto proceso de configuración. Roma comienza siendo una insignificante comunidad política y va a transformarse en una inmensa entidad política territorial consecuencia de la conquista militar.

La historia de Roma conforma gran parte de la historia de la Humanidad y constituye uno de los elementos formativos más influyentes y trascendentes en el proceso de conformación del ser político europeo.

La mayor parte de los reinos que se constituyen como realidades nacionales, fruto de la desintegración del Imperio, se conforman como continuadores de la realidad romana precedente.

Roma mantiene su presencia histórica como realidad política a través del Imperio de Oriente con capital en Constantinopla. Este Imperio oriental se considera que representa a la misma Roma, de la que mantiene las estructuras hasta su destrucción por los turcos del Imperio Otomano en 1453.

Roma también es un elemento esencial en el proceso de conformación del ser europeo y por extensión de la civilización en la que vivimos. El mundo queda conformado y determinado tanto en el ámbito de organización político-administrativa, como en la realidad normativa del Derecho público y privado, según los clásicos esquemas romanos.

La grandeza de Roma radica en su prodigioso proceso de fusión y de integración de los pueblos, las culturas y las comunidades conquistadas que supuso un proceso gradual de incorporación de los habitantes del Imperio, como miembros activos de la vida política de la comunidad romana.

La condición de ciudadano romano se adquiere durante siglos por ius sanguinis, no por ius solii. La condición de ciudadano romano se extendió hasta llegar en el año 212 d.C, con la Constitución Antoniniana, del Emperador Antonino Caracalla, a todos los habitantes libres del Imperio.

Allá donde el poder militar conquistaba, la sociedad romana civilizaba. Todo lo que estaba dentro de sus fronteras quedaba impregnado de su cultura.

Roma civiliza todo lo que toca; por contra lo ajeno y lo extraño a la civilización romana, es considerado durante siglos lo inculto, tosco y primitivo.

Referencia al Sacro Imperio Romano

Su origen se encuentra en el Imperio carolingio de fines del siglo VIII y comienzos del siglo IX de nuestra era. La coronación del Rey de los francos, Carlos I el Grande da lugar al nacimiento de una realidad política y en parte jurídica unificada que comprende una gran parte del territorio europeo.

El Imperio carolingio dominaba la Galia, la Germania, el macizo alpino y la Italia del norte.

El orden político del Medievo quedaba así sustentado en virtud de la potestad real del Emperador, regalis potestas y de la autoridad moral del Papa, sacrata auctoritas.

En occidente se mantiene la diferenciación entre el poder del Emperador y la autoridad del Papa, Sumo Pontífice de la Iglesia de Roma.

En esta parte del Imperio se consolida la teoría de las dos potestades, por lo que el Papado puede mantener su poder independiente configurando una potestad en parte espiritual y en parte temporal, al margen del sometimiento a otro poder temporal, así el Papa fue considerado como Princeps ecclesiae.

El renacimiento imperial en la persona de Carlomagno vuelve, pues, a la vieja idea de dos poderes coadyuvantes y complementarios. Su unión procede de la defensa de un interés común que consiste en el bienestar material y espiritual de sus súbditos.

Por el contrario en la concepción política de la parte oriental, la Iglesia y el Imperio forman una simbiosis, en la que no se podía diseccionar fácilmente uno de otro. El imperium del Domimus impone su poder normativo tanto vinculando pues a la Iglesia a su mandato. Por ello, el Patriarca de Constantinopla se ve sometido al Emperador, por lo que se acaba convirtiendo en una especie de representante imperial para los asuntos religiosos.

Así, desde el siglo VI, con Justiniano se declara, bajo un único poder, ya que su gobierno ponía el mismo empeño en los asuntos temporales que en la defensa de los dogmas divinos. A la muerte de Carlomagno se pierde. En Germania los carolingios son sustituidos por la casa de Sajonia. En el siglo X será el Rey germano Otón I, quien se proclame continuador del Imperio Romano a través de la fórmula de la translatio imperii. Este hecho histórico, dará lugar al Sacro Imperio Romano Germánico que se mantiene vigente hasta el siglo XVIII.

El Emperador del Sacro Imperio pretenderá la aplicación del Derecho Justinianeo. En el año 1519, la Corona Imperial es asumida por nuestro César Carlos quien acumula un patrimonio político que le convierte en el Señor más poderoso de su tiempo. Carlos I de España y V de Alemania soporta sobre sus espaldas el peso de un gran Imperio, pero ello no le impide ser fiel a la herencia imperial y ciñe también sobre sus sienes la corona del Sacro Imperio. Su tarea consiste en inyectar al Imperio el contenido positivo del que carecía. Su nueva fórmula “República Cristiana” mantenía un ideal común y un objetivo compartido: lograr la universalidad de la cultura europea. Lo que equivalía a adoptar el cristianismo entendido como realidad política.

En síntesis, el Sacro Imperio pretende la conjunción de diversos pueblos y naciones europeos, con una causa o proyecto espiritual y cultural común.

Somera reseña al origen de la Unión Europea

La Unión Europea comienza prosàicamente como una simple yuxtaposición de intereses económicos que va derivando hacia una realidad más consistente que va creando nuevos vínculos que intentan rescatar la identidad europea desde la diversidad estatal existente.

En su origen, la idea ha sido la del funcionalismo o de la integración sectorial. Su inspirador es el francés Monnet.

Esta conjunción de intereses comunes se inicia con el carbón y el acero. Estos elementos se sustraen al control nacional. Después vendrá el Mercado Común, con sus libertades comunitarias en materia de comercio, la supresión de las barreras intercomunitarias y la creación de medidas de protección frente al producto extracomunitario.

Superada esta fase comienza un proceso de unificación política que provoca una progresiva cesión de parcelas de soberanía por parte de los Estados miembros. Esta nueva organización supranacional, tiende a convertirse en una única realidad política común a todos los miembros que la han alumbrado.

Hoy, la unificación de la Unión Europea trata de alcanzar no sólo una realidad económica común y una auténtica realidad política unificada convertir a nuestro continente en un espacio común que presente una entidad homogénea y unitaria. Así, Europa no puede renunciar a estar presente en la toma de decisiones sobre política internacional junto a los grandes. Europa debe también proyectar sobre el mundo extracomunitario ese pasado cultural y espiritual que durante tantos siglos fue referente intelectual en todo el mundo.

Apéndice. Roma conforma a España

Preliminar

Roma ha conformado con sus propios mimbres esta realidad multisecular nuestra que llamamos España. Una realidad sociopolítica que, siglos más tarde de haber sentido la presencia político-administrativa y cultural de la civilización romana, sentirá la necesidad de constituirse, configurándose como una nación que precisa ser dotada de una estructura jurídica estatal.

Afirmar que Roma conquista España constituye un evidente error. No son españoles quienes se enfrentan a las legiones romanas, sino turdetanos, ilergetes, celtíberos, vacceos, etc.

Sólo cuando, tras la pacificación augústea toda esa diversidad de pueblos y culturas se fundieron, Roma hizo surgir una unidad política, Hispania.

Una de las ramas de la civilización romana fue la antigua Shepham-im de los fenicios y la Iberia de los griegos: un territorio mítico en el que se contempla el ocaso del sol, allí donde Hércules formó sus columnas y venció al monstruoso Rey Gerión, en suma, el finís terrae tras el cual se abría el misterioso y proceloso Mar-Océano.

La romanización en la península será tan rápida que Hispania se convertirá en una de las más brillantes provincias romanas. Aportará gran abundancia de productos agrícolas y riquezas mineras; proporcionará pensadores y emperadores ilustres tales como Séneca o Quintiliano, Trajano o Adriano y en su territorio se librarán cruentas guerras civiles entre Pompeyo y Julio César.

Contrariamente a lo que cabría suponer las guerras civiles entre las tropas de César y los ejércitos de Pompeyo, en vez de provocar un efecto distanciador y de rechazo de la civitas contribuyen, de forma decisiva, a hacer a Hispania cada vez más romana.

En suma, Hispania se identifica con Roma y fruto de ello se asemeja y emula a la civitas, en suma, se civiliza.

Hispania dejará de ser romana, como consecuencia de la conquista de los pueblos visigodos cuando Eurico, Rey visigótico, deja de reconocer la soberanía del último Emperador de Occidente. Rómulo Augústulo, en el 476, depondrá las armas ante Odoacro y se producirá la caída del Imperio de Occidente.

Los distintos pueblos y reinos godos que, inmediatamente, pueblan las diversas regiones de España no se alejan mucho de las realidades socioculturales que estaban presentes en la Hispania romana.

La presencia goda en nuestro suelo comienza en el año 418 d.C. en el que este pueblo recibe del poder romano licencia para instalarse en el territorio peninsular, de acuerdo con las Leyes de la hospitalidad. Los Monarcas Germanos no tundan España sino que la reciben.

La invasión musulmana produce una disgregación, de la unidad nacional gótica recibida de la romana, que se inicia en el 711.

Y cuando parecía que la huella romana había desaparecido, los reinos cristianos logran, paulatinamente, reconquistar la península. Fruto de esta segunda romanización nuestra península vuelve a tener una unidad común a todos sus pueblos y comienza a conformarse la Historia moderna y contemporánea de la España actual.

Roma arriba a Iberia

Roma penetra con sus legiones en la península ibérica en el año 218 a.C. Estrabón manifiesta que es difícil determinar de forma precisa cuantos y cuales sean los pueblos pobladores de Iberia debido al pequeño tamaño y entidad de los mismos y a la falta de rigor de que adolecen los textos por él consultados. En ese año 218 a.C, las tropas de los Escipiones se disponen a atacar e intentan derrotar al enemigo cartaginés. Se inicia así la Segunda Guerra Púnica. Es entonces, como recuerda Livio cuando Hispania es adscrita por el Senado como provincia romana. La resolución senatorial reviste el carácter de una simple decisión militar. Se asigna el imperium a Publio Cornelio Escipión. La decisión del Senado de Roma se limita a configurar una zona de interés militar situada más allá de los Pirineos. En el 206 a.C. los cartagineses son expulsados definitivamente de la península. Este mismo año, los generales Cornelio Lentulo y Manlio Acidímo fueron investidos de imperium pro consulare. En el 197 a.C. el doble mando militar fue sustituido por dos propraetoribus a los que el Senado encomienda que delimiten el territorio de cada una de las provincias Citerior y Ulterior.

La nueva regulación senatorial establece como frontera provincial el saltus Castuionensis, de Cástulo, actual Jaén.

Cástulo establece con Roma un foedus que la convierte en ciudad libre e inmune, parcialmente, del pago de tributos. En contrapartida se compromete a albergar una guarnición romana y a proporcionar tropas en caso de conflictos bélicos.

El marco provincial de Hispania

Al llegar César al poder en el siglo I a.C. se encuentra con catorce provincias, de las que siete están en territorio europeo y de ellas dos en el territorio peninsular denominado Hispania: son éstas, la Hispania citerior, con capital en Cartago nova y la Hispania ulterior, con capital en Corduba.

A partir del año 27 a.C, la administración del Imperio se asigna a Octavio Augusto el control peninsular.

Augusto se traslada a España durante los años 26 y 25 a.C. Convierte a Tarraco en la nueva sede del gobierno de la Hispania citerior, que antes estaba en Cartago nova. La nueva capital tenía la ventaja de que dominaba toda la zona del Ebro y las comunicaciones con el Noroeste de España y con los Pirineos.

Los astures, cántabros y vacceos insumisos, obligan a Roma a mantener una guerra de más de ocho años. El sometimiento total de la península Ibérica se produce en el año 19 a.C. La Hispania ulterior presenta una manifiesta dualidad. Podía distinguirse entre una zona meridional y una zona occidental.

Por ello se considera conveniente desdoblarla en dos provincias independientes: la Bética y la Lusitania. No se conoce con certeza la fecha de esta división, aunque la mayoría de la doctrina entiende que debe referirse al año 13 a.C.

La inestable situación militar en el norte y este de la península, provoca la construcción de numerosas calzadas debido a la necesidad del rápido desplazamiento de los contigentes militares. Será en tiempos de Diocleciano cuando sólo se mantenga en Hispania la Legio 7a Gemina.

Por el contrario, el sur peninsular que conforma la Bética se consolida rápidamente un intenso proceso de romanización. Las tropas militares que se mantienen no obedecen a necesidades bélicas, sino únicamente a medidas defensivas frente a eventuales ataques de los piratas del Rif.

La Bética estaba gobernada por un procónsul designado para un mandato anual. La triple división provincial va a mantenerse a lo largo de casi dos siglos.

En el siglo III d.C. se constituye la diócesis Hispaniarum encomendada a un Vicarius del Prefecto del pretorio y pasan a integrarse en la prefectura de la Galia. La antigua citerior se divide en tres: Tarraconensis, Carthaginensis y Gallaecia; y la antigua ulterior continúa dividida en dos: Lusitania y Baetica. Se añade a ellas una sexta provincia, la Mauritania Tingitania y posteriormente, en el 385, d.C. se configura la séptima, que será la Baleárica.

La ciudad, base de la administración hispana peninsular

A partir del concepto de civitas, Roma se expande y se reproduce en los territorios que conquista y se organizan desde un punto de visto político-administrativo a imagen y semejanza de la urbe, es decir, de la Roma capital.

El concepto de civitas se encuentra integrado por dos dimensiones: una urbana y otra sociopolítica. El Imperio Romano se expande y conforma la civilización y la cultura.

En pleno apogeo del Principado, distintas ciudades preexistentes de la Bética asumieron la condición jurídica de municipios. Roma suplanta a través de su nuevo régimen ciudadano el orden existente en diferentes núcleos de población de origen púnico o griego.

Las colonias fueron ciudades de nuevo cuño fundadas por Roma. En algunos casos, la población de las mismas procedía de proletarios de la urbe que ven elevado su status social al convertirse en propietarios agrarios. En otros casos, las colonias de la Bética se conforman con veteranos legionarios.

La primera en amoldarse a los usos y costumbres romanos fue la Bética. Su causa principal obedece, muy principalmente, a que Roma favorece a la Bética con numerosas fundaciones de ciudades. Los avances más relevantes se dan en dos etapas sucesivas: en primer lugar, la que comprende la época de la Julio César y Augusto; en segundo lugar, la que se corresponde con la etapa de la dinastía de los Flavios.

A fines del siglo 1 a.C. son muchas las ciudades de la Bética que, aún sin poseer un estatuto jurídico romano, presentan ya un aspecto urbanístico y un ambiente social totalmente romanizado.

En tiempos de Augusto ya había crecido de forma importante el número de ciudades que    alcanzaron el estatuto de municipio. Puede cifrarse en unos cincuenta los municipios de ciudadanos romanos y otros tantos los que habrían recibido el derecho latino. Según Plinio, a fines del primer siglo del Principado, en la Bética se contaban 175 ciudades.

A la cabeza de los municipios romanos de la Bética figuran Corduba (Córdoba) y Gades (Cádiz). Gades ocupa por mucho tiempo el lugar preeminente en la Bética siendo el emporio económico más importante en su comercio con Italia.

Ya en tiempo de Augusto contaba en su seno con unos 500 caballeros romanos. Era además la capital del convento jurídico que llevaba su nombre. Merecen también especial mención entre los municipios de la Bética, Malaca y Salpensa.

El rasgo más característico de la romanización del territorio peninsular hispano es la fundación de diversas coloniae que se lleva a cabo sobre todo a partir del año 45 a.C. Suetonio afirma que se asentaron más de 80.000 ciudadanos romanos. En un principio existen colonias de ciudadanos romanos, que eran las más importantes y también colonias de Derecho latino.

La primera fundación colonial en la Bética fue Itálica, fundada por Publio Cornelio Escipión en el 206 a.C. con el fin de proporcionar tierras a sus veteranos. La establecida en Hispalis (Sevilla) es tomada por César con la confiscación de sus campos. Otras colonias romanas representativas enila Bética son: Urso (Osuna), Ucubi (Espejo) y Hasta (Mesa de Asta).

En su estadio inicial, el estatuto de colonia en la Bética surge como un castigo de César frente a diversas poblaciones que en las guerras civiles habían apoyado a las tropas de Pompeyo. En tiempos más evolucionados este estatuto fuera codiciado ya que a él aspiraron muchas ciudades ya constituidas y reguladas jurídicamente.

Se puede hablar de colonias titulares, que se hacen frecuentes en época de Trajano y Adriano. Un ejemplo elocuente de esta categoría de colonias en la Bética lo representa Itálica a quien Adriano le concede el derecho colonial.

Dión Casio refiere que Itálica debe tal privilegio por haber nacido en su suelo los Emperadores Trajano y Adriano. Son los emperadores Flavios quienes inician una política preocupación por los territorios provinciales.

Las provincias de Hispania reciben un decidido reconocimiento. La ruptura con el monopolio de los privilegios ciudadanos a favor de Italia se manifiesta de forma notoria con la concesión del ius latii a Hispania. Esta medida adoptada por Vespasiano, estaba sin duda plenamente justificada por los grandes niveles de romanización existente.

Para algunos autores, solamente determinadas ciudades peregrinas, sobre todo de la Bélica, se configuran como municipios flavios. La concesión del estatuto de municipio latino convertía en latinos a una gran parte de la población libre y además producía la posibilidad de la concesión de la ciudadanía romana per honorem.

El ius latii de Vespasiano establece las bases estatutarias para la integración en la ciudadanía romana de grandes masas y posibilitó que muchas ciudades abandonaran el uso del Derecho local para reglamentar su vida conforme al orden jurídico romano. Dado el carácter anual en el desempeño de las magistraturas la práctica totalidad de las oligarquías locales gozaron de la ciudadanía romana.

Cada nuevo municipio contaban con una Ley que reglamentaba su funcionamiento. Una Ley Flavia Municipal, que sería el marco general en la que se inspirarían las concretas Leyes municipales de la Bética. Roma nos lleva pues, a la unidad legislativa; nos da la lengua latina; pone en labios de nuestros oradores y poetas el hablar de Cicerón, etc… España debe su primer elemento de unidad en la lengua, en el arte, en el derecho, al latinismo, al romanismo.