La actividad económica y financiera en Roma

El comercio y las finanzas en la época de la expansión comercial

Las victorias militares y el botín de guerra fueron las que proporcionares las mayores fortunas al pueblo romano. En las tierras de los cartagineses los vencedores se encontraron con tesoros acumulados durante varias generaciones. Acrecían también a la hacienda romana a las cantidades pagadas por los gastos de las campañas militares y los tributos anuales tanto en dinero como en especie.

Se recaudaba la décima parte de los productos de la tierra: cereales, vino, frutas y legumbres etc. Roma sustituía a los pueblos vencidos en la titularidad de sus bienes: fundos rústicos, minas y yacimientos de oro y de plata, canteras, bosques y salinas, que se explotaban por medio de sociedades y particulares.

La concesión a los particulares de contratas y servicios públicos

Mediante la concesión administrativa, los órganos de gobierno otorgaban a particulares y sociedades la gestión y el aprovechamiento de bienes públicos. Las más importantes de estas concesiones eran:

  • Tierras del campo público (ager publicus) y solares para la construcción en arrendamiento a largo plazo a particulares que se obligaban a pagar una renta o vectigal.

  • Construcción de grandes obras públicas, como puentes, faros, vías y carreteras, acueductos, templos, foros y plazas públicas, termas, anfiteatros y teatros, de los que todavía se conservan restos y ruinas de edificios en todas las provincias del Imperio.

  • Explotaciones mineras, de canteras y de salinas.

  • Arrendamiento de las exacciones y cobros de impuestos, tributos y rentas publicas, encomendadas a las sociedades de publícanos, que se identificaron con los recaudadores de impuestos y cuyos métodos de extorsión eran temidos y criticados.

  • Aguas públicas para servicios de los particulares, como las desviaciones de aguas procedentes de ríos o de acueductos.

  • Pesca en el mar o en los ríos.

  • Solares para edificaciones de villas y casas de recreo en el mar o en la playa.

  • Servicios de Correos y transportes (cursus publicus).

Según la importancia de las concesiones se otorgaban por Ley (leges locationes). Decreto del Senado (Senadoconsulto). Edicto o Decreto de los Principes y Decretos de los magistrados (Cónsules, censores. Ediles y cuestores). En las provincias los proPretores y gobernadores y en las colonias y municipios el Senado municipal, los curatores, los duoviros y los cuatroviros.

Las formas jurídicas de esta concesiones en arrendamiento a sociedades y particulares eran las siguientes: a) La publicación de una Ley aprobada por los censores (lex censoria), por el Senado o por los municipios con las condiciones de los arrendamientos, fianzas exigidas y plazos para la ejecución de las obras, b) la licitación o subasta entre los particulares o empresas interesadas o también las concesiones directas: c) la firma de los contratos o compromisos con el pago de las fianzas o la presentación de avales.

Las Sociedades de los Publicanos

La primera noticia que nos llega sobre la aparición de estas sociedades se remonta a la guerra contra Aníbal, en el año 215 a.C, según nos relata Tito Livio. El Senado hace una llamada patriótica a cuantos habían acudido otras veces en ayuda de las finanzas públicas para dotar de aprovisionamientos a los ejércitos y a las naves de estancia en España. Acuden a la subasta 3 sociedades y 19 individuos. Estas sociedades también se dedicaban entonces a la construcción y sostenimiento de edificios públicos y sagrados (ultra tributa).

En el año 199 a.C. los censores Cornelio Escipión Africano y Elio Peto crearon las tasas portuarias (portoria) de Capua, Pozzuoli y Castrum. Los publicanos intervienen también en la administración de los pastos públicos y en el cobro de la tasa de scriptura.

En virtud de las condiciones fijadas por los censores (lex censoria) para el cobro de los impuestos públicos por parte de los publícanos se otorgó a estos concesionarios el Derecho de toma de prenda contra aquéllos que resultaran deudores tributarios por ministerio de la Ley.

Estas entidades tenían en sus órganos directivos y sus socios, una organización parecida a lo que hoy son las sociedades capitalistas o por acciones. El magistrado contrata con el gestor representante de la sociedad (manceps) en las condiciones previstas en la lex locationes. En función de la lejanía de Roma se mantenían en las diversas localidades familias de esclavos y de directivos con funciones ejecutivas. Las funciones directivas se desempeñaban por los jefes o directores generales (magistri) en Roma y los delegados territoriales o promagistri en las provincias. Su cargo era de un año.

Según una noticia procedente de Cicerón, existían tres magistri para una misma sociedad que operaba en Sicilia. Entre estos dirigentes tenía una especial y delicada misión el que se encargaba de las cuentas y libros contables, que dirigía la oficina de los escribientes o tabellara. Cada magister debía entregar al terminar su mandato todas las escrituras y libros contables a su sucesor, pero para protegerse de eventuales reclamaciones solía conservar una copia (exempla) de lo entregado. Otros cargos eran los decumanos que eran ex directores o magistri encargados de la documentación de la sociedad. Cicerón habla con sentido equivalente del decretum decumanorum y del decretum sociorum, calificando a estos directivos como príncipes et quasi senatores publicanorum. Los delegados en las provincias o promagistri debían ser también directivos pues tenía la delicada misión de pactar con los gobernadores y las ciudades las tasas a aplicar.

Los adfines eran personas con vínculos en la socidad, pero sin ser socios. Eran titulares de partes en la sociedad. Las sociedades a veces se agrupaban para encargarse de los impuestos de las provincias, hasta el punto de que se escribe sobre societas multipartita o en términos modernos de holding de sociedades.

Los autores se plantean la cuestión de las escasas noticias que nos han llegado de las elaboraciones de la jurisprudencia republicana y clásica sobre estas grandes sociedades capitalistas, sobre todo en las cuestiones de las relaciones internas entre los socios.

En algunos textos de Alfeno Varo se plantean cuestiones referentes a la concesión de impuestos o vectigalia.

En un fragmento de Ulpiano, existen claramente diferenciadas cuatro tipos de sociedades:

"Las sociedades se contraen bien sobre todos los bienes (sive universorum bonorum), bien para algún negocio determinado (sive negotiationis alicuius) bien para contratas públicas (sive vectigalis) bien para una sola negociación (sive etiam rei unius)".

Existen decisiones jurisprudenciales que afirman la existencia de determinadas reglas específicas que se aplican a este tipo de societas vectigalis. Un texto de Pomponio referente a la extinción de la sociedad por la muerte del socio afirma:

"En la sociedad de concesiones públicas la sociedad perdura también después de la muerte de alguno de los socios, pero únicamente si la parte del difunto fue atribuida a su heredero, de modo que deba entrar éste como un socio más; lo cual debe ser estimado por la voluntad del disponente. ¿Qué ocurriría si hubiese muerto aquél en consideración a cuyos servicios se constituyó principalmente la sociedad o sin cuya colaboración no puede ser ésta administrada?".

Por otra parte, de los textos se deduce también que existe en estas sociedades una especial resistencia a llevar ante un juez privado, que podía pertenecer o no al orden equestre más favorable, asuntos de gran importancia económica que podían proporcionar datos que no era aconsejable divulgar. Por ello, los socios con discrepancias acudirían a los oficios de magistrados amigos o pactarían arbitrajes privados, como ocurre hoy en muchos asuntos mercantiles. Puede también aducirse que es probable que en mentalidad de los juristas se fuese abriendo paso la idea de considerar a estas sociedades de publícanos como un cuerpo independiente (corpus) y hacerle reconocer una limitada personalidad jurídica. En un texto de Gayo se afirma:

"Los que pueden constituirse como colegio, sociedad, o cualquier otra corporación (corpus), tienen como si fueran una ciudad, bienes comunes, caja común y un apoderado o síndico, por medio de quien, como en una ciudad, se trate y haga lo que deba tratarse y hacerse en común".

La sociedad de los publícanos, con sus peculiaridades, era considerada como una sociedad de ganancias. En el siglo I a.C. los juristas definen los caracteres de una sociedad de ganancia (societas quaestus), que suscita dudas sobre todo en relación con el lucro o ganancia que debe ponerse en común, así como el reparto de los daños y pérdidas.

En una sociedad de ganancias, del tipo de la constituida para un negocio determinado (societas alicuius negotiationis), debe incluirse la formada en los años 87-86 a.C. por C.

Quincio, que poseía en la Galia Narbonense tierras de ganado y cultivos muy fértiles, y Sexto Nevio de profesión pregonero (praeco) en las subastas según la exposición de Cicerón.

Quincio aporto a la sociedad sus posesiones en la Galia y Nevio una parte de capital que Cicerón no menciona y su trabajo personal. La sociedad tenía como objeto las cosas que se comprasen en las Galias. Nevio opera en una subasta Gallicana y como adquirente, junto con el hermano heredero de su socio, los bienes del caballero Sesto Alfeno, cuyo patrimonio se vendió en subasta como proscrito por Sila. Se trataba, por tanto de una sociedad de ganancias, con aportaciones de capital muy diferentes pero con amplias posibilidades de beneficios dada la inteligencia y habilidad de Nevio como intermediario en las subastas. Por éste y otros ejemplos podría pensarse que la empresa para determinado negocio fuese la [orina preferida pollos negociantes fueren socios o no de publícanos. Estos negotiatores ejercían su actividad en paralelo a la desarrollada por los publícanos en el cobro de impuestos y la explotación minera.

Junto a estas empresas comerciales existían otras empresas industriales. Las minas estaban en manos de los publícanos y eran explotadas por sus grandes sociedades. Pero junto a las minas, había, además, otras empresas industriales dedicadas a la producción de cerámica, de vidrio y de cañerías para conducir el agua y otras muchas.

Estas sociedades podían tener una duración limitada a cinco años que ordinariamente duraban las contratas. Pero la permanencia de los directivos y de las familias de esclavos en las provincias hacía que fuera frecuente la constitución de sociedades con duración ilimitada que acudirían sucesivamente a los concursos que se convocaban para obras o cobro de impuestos, con la ventaja que reportaba la inversión continua de los capitales y de las ganancias obtenidas. Sus actividades se extienden al ámbito de la banca: cambio de monedas y operaciones de transferencia de fondos entre las varias sedes en que operaban y a la concesión de préstamos a los deudores morosos. 

Las contratas para la exacción de impuestos de aduana se adjudicaban ordinariamente a las sociedades de publícanos por un quinquenio. El publicano responsable podía hacerse representar por un procurador, que de ordinario pertenecía a la familia de los libertos. Este representante o delegado presidía los locales o estaciones, donde debía figurar el nombre del publicano y del procurador, pactaba los acuerdos, recibía los pagos y emitía los recibos y, en general, realizaba los mismos actos de gestión que el publicano director.

En conclusión, las sociedades de los publícanos eran las más parecidas en estructura y funcionamiento a las que hoy se llaman sociedades capitalistas o por acciones. Tenían directivos seleccionados para las diferentes operaciones comerciales tanto en Roma como en provincia, que tenían una duración limitada de un año de ejercicio y encargados de la caja común y de la contabilidad que transmitían a sus sucesores. Junto a los socios ordinarios, que participaban en las asambleas y decisiones de la sociedad, existían otros asociados, los adfines, que sólo eran inversionistas de determinadas partes del capital social. Si esas participaciones eran transmisibles a otras personas no lo sabemos, pero el carácter personalista de la sociedad romana parecen excluir esta posibilidad.

Las crisis del Imperio Romano en relación con la actual

En la República romana la globalización económica que supone la centralización en la Roma-Mercado de toda la organización económica existente a partir de la época en que las legiones romanas extienden su poderío a todo el mundo conocido. Es aventurado estudiar los sucesos ocurridos en las sociedades antiguas y los remedios utilizados a la luz de nuestras circunstancias presentes. Los historiadores debaten el alcance y realidad de estos precedentes históricos: para unos los romanos no tuvieron voluntad ni medios para intervenir sobre los procesos económicos y solo se limitaron a la solución de los problemas que iban apareciendo; para otros, existieron planes y reformas para preveer y combatir los problemas  en una originaria política económica.

Las crisis de mayor importancia ocurren en los finales de los periodos históricos: en el tránsito de la República al Imperio, durante el Principado, especialmente en las épocas de Augusto y Tiberio, en la época de Diocleciano, y en la gran crisis del Bajo Imperio al final del mundo romano.

Las medidas de César contra la crisis económica

Las reformas económicas que César acometió para salir de la crisis causan sorpresa y admiración porque en buena parte se afrontaron problemas y remedios que todavía tienen actualidad.

Elevó la cuantía del Tesoro Público a 700 millones de sestercios para garantizar la solvencia de la República y para que aumentase el capital con el que los prestamistas y banqueros concedían los créditos a los ciudadanos. Combatió la inflación limitando a 60.000 sestercios el efectivo en monedas de oro y de plata, que acuñó, el efectivo que podía poseer un ciudadano, exigiendo que las ganancias fueran invertidas en propiedades en Italia.

En los impuestos, César suprimió las elevadas exacciones que imponían los publicanos en Asia y en Sicilia que al adelantar capitales a la República los repercutían sobre los ciudadanos. Ordenó que fueran los gobernadores los que cobrasen impuestos que no excedieran un cierto límite. Generalizó el sistema del stipendium y permitió a las ciudades el cobro directo de los impuestos.

Préstamos y deudas: Ante las dificultades para el pago de las deudas que sufrían, frente a las amenazas de fe de argentara y feneratores de las que el mismo César se sintió agobiado, concedió la remisión de una cuarta parte de la deuda: El año 49 a.C. se aprueba la Lex lulia de pecuniis mutuis.

Debido a la crisis crediticia, no se pagaban las deudas, por lo que decidió dar arbitros para tasar las propiedades y bienes, y así poderlas entregar a los acreedores, y consiguió con esto disminuir el temor a una renovación de los registros.

Una vez que fue elegido dictador por el Senado, restituyó a los desterrados y rehabilitó en sus honores a los hijos de los que habían padecido por las proscripciones de Sila, y para alivio de carga hizo alguna reducción en las usuras a favor de los deudores.

Alquileres y desahucios: Lex lidia de mercedibus habitationis annuis César perdonó a los arrendatarios el pago del alquiler de un año hasta 2.000 sestercios en Roma y 500 en provincias.

Medidas sociales

Frumentaria y circenses

Fomentó los frecuentes repartos de trigo que aseguraban un mínimo nivel de subsistencia y los juegos públicos que atraían el favor de la plebe.

Revisó la lista de los inscritos en los repartos, cuyo número había llegado a los 320.000 reduciéndolos a un máximo de 150.000, la mitad de los que antes participaba fijando también para el futuro esta cifra. El procedimiento formaba parle de la cura morum que transformó las frumentationes en una obra de beneficencia para los más pobres.

Lex lulia sumptuaria

Imponía límites al lujo en los banquetes, en los indumentos y en general en el tenor de vida para conseguir una moderación en los excesos de los aristócratas y gobernantes. También se prohibía a los ciudadanos que tuvieran entre veinte y cuarenta años el estar ausentes de Italia un periodo de tiempo superior a los tres años.

Además de las finalidades demográficas y económicas se perseguía el aumentar la población de libres en las ciudades itálicas. A los hijos de los senadores se les prohibía salir de Italia si no era para acompañar a un magistrado.

Reforma agraria

Las leyes agraria y de re pecuaria, ratificaron las leyes contra la extensión de los latifundios y el trabajo de esclavos, estableciendo que al menos un tercio de los pastores debían ser libres.

Julio César fomentó el asentamiento en el ager publicus de muchos miles de familias, especialmente en Campania, y juntó a los veteranos en numerosas colonias en África, Oriente, las Galias e Hispania.

César dispuso la adquisición en el mercado de parte de las tierras que debían distribuirse. En la asignación de las tierras no solo tuvo en cuenta a los veteranos. En su proyecto de repoblar las tierras abandonadas incluyó a la plebe ciudadana. Más de 80.000 ciudadanos procedentes de las varias regiones itálicas fueron asentados en las tierras conquistadas y en las colonias.

Disponía que los lotes asignados no podían venderse, y establecía una prioridad a favor de los padres de familia que tuvieran al menos tres hijos.

Las medidas de Augusto, Tiberio y Diocleciano

El valioso tesoro que Augusto trajo de Egipto como botín de la guerra contra Marco Antonio y Cleopatra le permitió poner grandes capitales en circulación para activar la economía en crisis de los últimos tiempos de la República, siguiendo las medidas adaptadas por su padre adoptivo César. Esta invasión de capitales produjo una gran inflación que sobrevino con el descontrol desmesurado de los precios de las mercancías. Tiberio tuvo que ponerle remedio al conceder cientos de millones de sestercios a los Bancos para que concedieran préstamos sin interés o con tasas muy bajas a los ciudadanos. Estos se endeudaron y aumentó la construcción de casas y la especulación inmobiliaria.

El periodo de gastos superfluos y de bienestar duró poco y el año 33 d.C se produce otra gran crisis debida a una ruptura de la burbuja financiera e inmobiliaria parecida a la actual.

Según el historiador Tácito, siguió una gran penuria de dinero contante, con el efecto de que todos querían cobrar sus créditos y al no pagar los deudores se vendieron lo bienes de los condenados que fueron a parar a manos de los usureros y del Fisco. A la abundancia de las ventas contribuyó la caída de los precios ya que cuanto más cargado de deudas estaba el particular con más dificultad vendía. Para evitar las construcciones ruinosas, los emperadores dictaron normas edilicias sobre la medida de los muros y la altura de los edificios así como sobre las especulaciones y abusos.

La Crisis Económica y Social del Bajo Imperio

En los siglos III y IV se produce la gran crisis institucional, económica y social que lleva a la caída del Imperio Romano de Occidente. La progresiva sustitución en el Ejército de los romanos por mercenarios bárbaros ocasionan numerosas derrotas y el derrumbe de las fronteras. El predominio del latifundio, la desaparición de los esclavos, y la adscripción forzoza de los colonos a las tierras, asi como el opresivo sistema de los impuestos, y las frecuentes requisas extraordinarias de cosechas en los campos, ocasionan la huida en masa de los campesinos hacia las ciudades, la falta de mercancias en los mercados y el empobrecimiento general.

Las reformas y medidas acordadas por Dioeleciano proporcionan al Imperio una etapa de paz, aunque los problemas económicos se agravan. La división del Imperio en dos partes: Oriente y Occidente, determina la ruina y desparición de la parte Occidental. Para conseguir una mayor estabilidad económica Dioeleciano pretende fijar el precio de las mercancias y los servicios. El Edictum de pretiis rerum venalium establece el precio obligatorio de las mercancías y artículos, de los jornales de los obreros y de los honorarios de médicos, abogados y profesionales liberales. También se regula el precio de los transportes fluviales, marítimos y terrestres en una autoritaria Ley de tasas que es el precedente de los abusos legislativos en materias económicas ya que sancionaba a los trasgresores con pena de muerte. Los resultados fueron los contrarios a los pretendidos ya que se produjo una elevación de los precios y un regreso a la primitiva economía de cambios y permutas.

La economía de esta época está basada en la agricultura que atraviesa una crisis muy grave cuyas causas son: el escaso número de esclavos, las incursiones de los bárbaros, y el excesivo gravamen de los impuestos. A la economía fundada en el trabajo de esclavos sucede otro tipo de economía basada en trabajo obligatorio de colonos y sometidos a cargas tributarias y militares. Desaparece la pequeña y mediana propiedad y la sustituye grandes latifundistas pertenecientes a las clases senatoriales que ejercen gobiernos autónomos precedente del régimen del feudalismo. Mientras que la parte Oriental del Imperio mantiene sus reservas humanas y sus recursos económicos, la parte Occidental es cada día más difícil de sostener y su resistencia se demuestra débil frente a las crecientes invasiones de los bárbaros. Después de sucesivas invasiones el Imperio de Occidente cae definitivamente en el año 476 d.C. en que las hordas de Odoacro deponen al último Emperador romano Rómulo Augusto.