La voluntad negocial

La voluntad negocial y su exteriorización

El punto de partida del negocio jurídico consiste en la declaración de voluntad en cuya virtud una o varias personas quedan sometidas a las obligaciones dimanantes de su propio sometimiento a la regla de autonomía privada, según la clase de negocio jurídico de que se trate.

La voluntad negocial debe ser exteriorizada.

Los medios y clases de declaración de la voluntad

La voluntad negocial puede manifestarse de diversas formas según las circunstancias del sujeto y el tipo de negocio (la ley 18 de la Compilación Navarra, sintetiza esta doctrina al establecer: "La declaración de voluntad, expresada en cualquier forma, es válida y legítima para el ejercicio de los derechos que de la misma se deriven").

Declaraciones expresas y tácitas

Las declaraciones expresas serían aquellas exteriorizaciones de voluntad dirigidas, de forma directa e inmediata, a manifestar el designio negocial, siendo intrascendente la forma.

Las declaraciones tácitas consistirían en la realización de actos u observancia de ciertas conductas que, aunque no estén dirigidos a manifestar el ánimo negocial, permiten deducir la existencia de este.

El valor jurídico del silencio

Al igual que la conducta activa por parte del sujeto del negocio jurídico, las omisiones o la conducta omisiva puede tener relevancia a efectos negociales. De ahí que se hable del valor jurídico del silencio.

El CC no se refiere a tal cuestión pero la compilación Navarra contempla la temática: "el silencio o la omisión no se considerarán como declaración de voluntad, a no ser que así deba interpretarse conforme a la ley, la costumbre o los usos, o lo convenido entre las partes".

Declaraciones recepticias y no recepticias

Según el valor propio de una declaración, sobre si ha de ser conocida o no por persona diferente al declarante, las declaraciones pueden ser recepticias y no recepticias:
  • Declaraciones recepticias son aquellas manifestaciones de voluntad que no producen efecto alguno mientras que no son conocidas por otras personas y que han de manifestar su aceptación.

  • Declaraciones no recepticias son exteriorizaciones de voluntad que pueden producir efectos por el mero hecho de transmitirlas, sin necesidad, de que su contenido sea conocido o aceptado por otras personas (el testamento).

La Interpretación del negocio jurídico

Interpretación, calificación e integración del negocio

La ejecución del negocio no siempre es pacífica, frecuentemente se plantean problemas de carácter interpretativo sobre la significación de la voluntad de los sujetos.

La interpretación del contrato

Los criterios interpretativos de carácter subjetivo. Conforme al CC, inicialmente la interpretación debe dirigirse a desentrañar la "intención de los contratantes", generándose así la denominada interpretación subjetiva: la que trata de indagar tanto la voluntad de cualquiera de las partes, cuanto la intención común de ambas.

Los criterios interpretativos de carácter objetivo. Los artículos 1284, 1285, 1286, 1287 y 1288 abocan a la interpretación sistemática; la exclusión de anfibología; el principio de conservación del contrato; la interpretación conforme a los usos y la interpretación contra stipulatorem.

La interpretación del testamento

El art. 675 CC dispone que "toda disposición testamentaria deberá entenderse en el sentido literal de sus palabras, a no ser que aparezca claramente que fue otra voluntad del testador. En caso de duda se observará lo que aparezca más conforme a la intención del testador según el tenor del mismo testamento". Debe deducirse que en el caso de testamentos prevalece absolutamente la interpretación de carácter subjetivo, referida a la voluntad del testador.

La voluntad viciada

La voluntad negocial ha de ser libre y conscientemente formada. Si se ve impregnada por factores externos al sujeto declarante que determine la falta de semejante libertad y consciencia, se afirma que la voluntad se encuentra viciada.

Los vicios de la voluntad son el error, la violencia, la intimidación y el dolo.

El error como vicio de la voluntad o error propio

El art. 1266 CC establece que "para que el error invalide el consentimiento, deberá recaer sobre la sustancia de la cosa que fuere objeto del contrato, o sobre aquellas condiciones de la misma que principalmente hubiesen dado motivo a celebrarlo".

Casos en que no se puede invalidar: error en los motivos y error de cálculo.

La violencia

Conforme al art. 1267.1 CC: "hay violencia cuando para arrancar el consentimiento se emplea una fuerza irresistible".

No es que la voluntad del sujeto actuante se encuentre viciada, sino, en rigor, no hay voluntad alguna, ya que la manifestación externa del querer individual se debe en exclusiva a la violencia ejercida sobre quien acaba exteriorizando una voluntad que no es su propia voluntad.

La intimidación

Art. 1267.2 CC: "consiste en inspirar a uno de los contratantes el temor racional y fundado de sufrir un mal inminente y grave en su persona y bienes, o en la persona o bienes del cónyuge, descendientes o ascendientes".

Evidentemente, la amenaza ha de ser injusta y extravagante al Derecho, ya que el posible ejercicio de un derecho (una ejecución hipotecaria o embargarle una parte del sueldo) no conlleva intimidación alguna.

Régimen común de la violencia y la intimidación

Art. 1268 CC: "los contratos celebrados bajo violencia o intimidación serán anulables".

Tanto si es causada por la otra parte contratante como si es causada por un tercero que no interviene en el contrato.

El dolo

Nociones y requisitos. El dolo como vicio del consentimiento consiste en inducir a otro a celebrar un negocio jurídico mediante engaño o malas artes.

Art. 1269 CC: "hay dolo cuando, con palabras o maquinaciones insidiosas de parte de uno de los contratantes, es inducido el otro a celebrar un contrato que, sin ellas, no hubiere hecho".

Art. 1270 CC: "para que el dolo produzca la nulidad de los contratos, deberá ser grave y no haber sido empleado por las dos partes contratantes. El dolo incidental sólo obliga al que lo empleó a indemnizar daños y perjuicios".

El dolo omisivo. Las "maquinaciones insidiosas" del art 1269 pueden lograrse tanto por acción como por omisión. Además la ocultación atenta el principio de buena fe.

El dolo del tercero. Ha de propugnarse la anulación del negocio jurídico cuando una parte conoce la actuación insidiosa de un tercero que ha provocado el error de la otra parte, aunque no haya conspirado con él.

Discrepancia entre la voluntad y la declaración: la voluntad oculta o no declarada

Existen declaraciones de voluntad que, pese a encontrarse correctamente formadas, se transmiten o declaran de forma tal que el resultado final provoca una notoria discrepancia entre la voluntad propiamente dicha y la declaración. Por tanto, procede ver los distintos supuestos que, de ordinario, se adscriben a dicha temática.

Declaraciones iocandi causa o docendi causa

Se considera comúnmente que cuando una persona realiza manifestaciones que podrían ser consideradas negociales, pero de broma o a modo de ejemplo, se produce una divergencia entre la voluntad real (no realizar negocio jurídico alguno) y la voluntad declarada.

La reserva mental

Comprenden los variopintos supuestos en que una persona emite una declaración de voluntad cualquiera mientras que, simultáneamente, en su fuero interno, contradice lo declarado. Dado que el Derecho no regula los pensamientos, el declarante quedará vinculado por su voluntad exteriorizada frente a terceros, y por tanto, la reserva mental no tiene relevancia alguna.

La simulación: los negocios simulados

Doctrinalmente se distinguen los supuestos de simulación absoluta y relativa. El primer caso señala que la apariencia de un negocio es sencillamente eso, una ficción, y no responde a ningún designio negocial verdadero de las partes en los negocios bilaterales o del declarante en el caso de los negocios unilaterales. En el segundo caso, la ficción negocial trata de encubrir otro negocio verdaderamente celebrado y que, por distintas razones, se pretende mantener oculto.

El error obstativo o error impropio

Se trata del error sufrido por el sujeto del negocio al efectuar la declaración, sin que haya tenido incidencia alguna en el previo proceso de formación de su voluntad.

El error sufrido al realizar la declaración se denomina obstativo en cuanto se considera que supone un obstáculo insalvable para la celebración del negocio, por producirse una discordancia entre la voluntad negocial y la declaración de tal gravedad que, en términos generales, debería conllevar la inexistencia o la nulidad radical de la propia declaración y, por ende, del pretendido negocio.