Los presocráticos. Los sofistas. Sócrates

Presocráticos

La Filosofía del Derecho aparece como disciplina autónoma en el s.XVII de la mano de pensadores racionalistas; y la expresión “Filosofía del D” surge en el s.XVIII.

El pensamiento filosófico aparece a comienzos del s.VI a.C., donde se produce un “paso del mitos al lógos” (=razón). Era entonces frecuente atribuir el orden cósmico a un lógos divinizado, con lo cual vemos que ese paso del mitos al logos no significaba un paso “completo” a la razón.

Así, la primera generación de filósofos son los presocráticos, también llamados cosmólogos o fisiólogos, ya que el objetivo principal de sus preocupaciones es el kosmos (=mundo) y la Physis (=naturaleza), entendiendo que ese cosmos estaba ordenado aunque en perpetua mutación. Todas las cosas tienen un origen común (“arjé”), que cada pensador va a situarlo en un elemento distinto: aire, fuego, agua… La denominación de “presocráticos” no es del todo correcta, ya que había algunos que eran ya del s.V (coetáneos de Sócrates), como Demócrito.

Las doctrinas de los presocráticos las conocemos parcialmente, con escasas referencias a la filosofía jurídico- política. Estas referencias suelen recibir una explicación cósmica o naturalista y divina. Así, Díke es la diosa Justicia, pero también es la justicia o equilibrio que debe existir en las relaciones entre los hombres. En esta línea se sitúan Heráclito, Parménides… Algo diferente es la consideración de Pitágoras de la justicia: el número y la cantidad constituyen la esencia de las cosas. La justicia es la estricta igualdad aritmética entre dos miembros; así, la justicia exige que la pena sea igual al daño causado por el delito. Ya están en esta concepción presentes las ideas de igualdad, equilibrio, proporción, que constituirán siempre el elemento medular de la idea de justicia.

El nómos no es simplemente producto de la voluntad del legislador, sino que debe reflejar la justicia que late en el orden del kósmos. Así, Heráclito afirma que “todas las leyes humanas (=leyes positivas) se alimentan de la ley única divina (=ley natural)”, que es el modelo en el que han de inspirarse las primeras. Éste es el precedente de la idea cristiana de ley eterna.

Sofistas

Llamados asimismo antropológicos o humanistas, porque lo que importaba era el “hombre político”.

Las victorias atenienses con que concluyeron las dos Guerras Médicas de Maratón y Salamina, hicieron de Atenas la más importante ciudad de la Hélade. Destacan historiadores como Heródoto y Tucídides, trágicos como Esquilo, Sófocles y Eurípides, y el padre de la comedia, Aristófanes. Este apogeo provoca profundas reformas en la política interior, sobre todo a impulsos de Pericles. Surge el sistema democrático, la isonomía (igualdad de todos ante la ley) y la isogoría (derecho de todos a hablar). En cuanto al sistema procesal, las intervenciones ante el Tribunal eran siempre personales. Ello hizo aparecer la figura del logógrafo, que escribía el discurso que el “cliente” había de pronunciar en el Tribunal. Este logógrafo procuraba siempre a favor de su cliente, de ahí que lo que importase no fuera lo justo o injusto, sino el modo de exponer. Ello creó un clima de relativismo del que participaron tb los sofistas.

La retórica y la dialéctica adquieren importancia. El mejor orador era Demóstenes.

Los sofistas no constituyen escuela, sino que van aisladamente impartiendo sus enseñanzas, cobrando por ellas. Su posición era escéptica y toda tesis era defendible (Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”).

A fines del s.V, adquiere la palabra sofista un sentido peyorativo.

En el terreno de la Filosofía del Derecho, la más interesante aportación de la sofística es la contraposición entre phýsis y nómos. El nómos o ley humana (aunque el término comprende tb la costumbre y el uso) es cambiante. Por el contrario, la phýsis es fija. El nómos es producto de la voluntad humana y no puede actuar sobre la naturaleza. Lo auténtico es lo natural. Y como la justicia sólo puede hallarse en la autenticidad, será justo lo que responda a la naturaleza.

Así, en el diálogo platónico La República, Trasímaco sostiene que “lo justo no es otra cosa que lo que conviene al más fuerte”. Esto es una concepción de las leyes humanas como instrumento en manos de una oligarquía dominante. Sin embargo, en la doctrina expuesta en el Gorgias platónico por un personaje sofista, Calicles, las leyes son utilizadas por una mayoría gris y mediocre como único modo de tener dominados a los hombres fuertes. Esto es lo que se ha considerado como precedente de la doctrina del “superhombre” de Nietzsche.

Sócrates

La juventud de Sócrates coincide con el período de desarrollo de Pericles; pero cerca de los 40 años comienza la guerra del Peloponeso, con sucesivas derrotas atenienses. Al caer la democracia de Pericles y triunfar la oligarquía de los Cuatrocientos, se desemboca en la dictadura de los Treinta Tiranos. Aunque se restablece la democracia con Trasíbulo, no puede volverse a la época democrática de esplendor que se tuvo con Pericles. Cuatro años después muere Sócrates.

La actividad fundamental de Sócrates fue la docente, mediante la práctica del diálogo, con el que se iba conduciendo poco a poco al interlocutor al descubrimiento de la verdad. Así, mientras los sofistas se caracterizaban por el escepticismo epistemológico, Sócrates creía firmemente en la existencia de la verdad.

Filosofía Jurídica.: Para Sócrates existe, por encima de los hombres, todo un mundo de valores objetivos y, entre ellos, el de la justicia, que articula el orden impuesto al mundo por la Divinidad. Las leyes humanas deben ser fiel reflejo del valor objetivo de la justicia. Dichos valores son siempre cognoscibles por el hombre, de ahí que la moral socrática sea una moral racional: la virtud se capta por el conocimiento, y quien obra el mal lo hace por un conocimiento defectuoso del bien.

El Estado es una realidad natural, encarnando sus leyes el ideal objetivo de justicia, del que en cada hombre hay también una especie de eco, manifestado en el daimon o voz de la conciencia. Este iusnaturalismo de Sócrates es conservador, frente al carácter revolucionario del iusnaturalismo sofista. Precisamente, por la armonía que existe entre la justicia objetiva y las leyes humanas, éstas deben ser respetadas y obedecidas ciegamente; pero incluso en presencia de leyes injustas, Sócrates se inclina también por la obediencia.

Entre sus discípulos destacan cinco que fueron fundadores de sendas escuelas filosóficas: Platón, padre de la Academia, Euclides, fundador de la escuela megárica, Arístipo, fundador de la escuela cirenáica, Antístenes, fundador de la escuela cínica, y Fedón, fundador de la escuela de Elis.