El pagaré (II). La letra de cambio

El pago del pagaré

Llegado su vencimiento el tenedor deberá presentar el pagaré al firmante para su pago. A través del pago, el firmante cumple la promesa que incorporó en el documento con su libramiento. El tenedor podrá presentar el título al pago en la fecha de su vencimiento o en los dos días hábiles siguientes al mismo, no pudiendo ser obligado a recibir el pago antes de su vencimiento, supuesto en el cual, el firmante actuará por su cuenta y riesgo. A su vez, el pago producirá efectos liberatorios para el firmante, a no ser que hubiera pagado incurriendo en dolo o culpa grave al apreciar la legitimación del tenedor, para lo cual la ley le impone el deber de comprobar antes del pago la regularidad de la secuencia de los endosos, pero no la autenticidad de las firmas de los endosantes.

Al vencimiento del pagaré, o en los dos días sucesivos, el deudor podrá consignar el importe del mismo en depósito a disposición del tenedor y por su cuenta y riesgo, judicialmente o en una Entidad de crédito o ante Notario (art. 48). Cuando el deudor no pueda presentar el título para su cobro dentro del plazo fijado por causa de fuerza mayor, dichos plazos se entenderán prorrogados hasta que cese tal causa.

De este modo, la presentación al firmante del pagaré vencido es el presupuesto lógico del pago ordinario. Ante el vencimiento del pagaré la conducta ordinaria del tenedor del título será presentárselo al firmante para su pago. No obstante, la normativa permite que el tenedor se dirija en vía de regreso contra todos los demás sujetos del pagaré, aún antes del vencimiento de éste, cuando el firmante se halle declarado en concurso o hubiere resultado infructuoso el embargo de sus bienes (art. 50 LCCh), si bien en este ssupuesto, los demandados podrán requerir del juez un plazo para el pago, que en ningún caso excederá el vencimiento del título. En los demás casos el tenedor del pagaré sólo podrá reclamar a los endosantes en vía de regreso después de haber reclamado su pago al firmante y no haberlo obtenido.

El pago habrá de realizarse en la especie pactada, de modo tal que en el caso de que el pagaré se encuentre librado en moneda extranjera convertible admitida a cotización oficial, el pago deberá realizarse en tal divisa. Sólo en el caso en que no sea posible realizar el pago en la moneda pactada por causa no imputable al deudor, podrá éste pagar el valor en euros.

El pago por intervención

En los supuestos en que reclamado el pago al firmante, éste no lo haya atendido y en los casos de vencimiento anticipado del pagaré por concurso del firmante contemplados en el artículo 50.II de la Ley Cambiaria, podrá tener lugar el pago por intervención, ya sea antes o después del vencimiento del título, pero no más tarde del día siguiente al último permitido para levantar protesto por falta de pago (art. 74). El firmante, un endosante o un avalista podrán designar en el pagaré una persona que lo pague en el caso de que resulte necesario; e, igualmente, el pagaré podrá ser pagado por una persona que sin estar expresamente indicada en el pagaré, intervenga por cuenta de cualquier obligado en vía de regreso, pudiendo ser en este segundo supuesto un tercero o cualquier obligado cambiario a excepción del firmante.

En cualquier caso, este pago por intervención debe ser aceptado por el tenedor del pagaré, pues en el caso de que rechace el mismo, perderá sus acciones contra todos los obligados cambiarios que hubieran resultado liberados en el caso de que el pago se hubiera aceptado.

En el caso de que aparezcan estos indicados para el pago en el pagaré o personas que hayan aceptado el pago por intervención y que estén domiciliados en el lugar del pago, el tenedor deberá presentar a todos ellos el pagaré para su cobro y cuando ninguno de ellos lo atienda, levantar protesto. De faltar este protesto, se liberará de su obligación a quien realizara la indicación o la persona que aceptara el pago, así como los endosantes posteriores al mismo.

Este pago por intervención se hará constar en el pagaré mediante recibí, en el que se indicará la persona a cuyo favor se ha realizado el pago, debiendo comprender el mismo la satisfacción de la cantidad total del pagaré. A través del pago por intervención se libera a todos los endosantes del pagaré posteriores a aquel por cuenta del cual se ha efectuado.

La falta de pago del pagaré. La acción de regreso

Cuando el tenedor legítimo de un pagaré ve insatisfecha total o parcialmente su expectativa de cobro del mismo, la ley le ofrece una serie de oportunidades para conseguir la reparación de este quebranto patrimonial. Para que se le otorgue esta protección, sin embargo, será necesario que acredite de forma previa su diligencia en el cumplimiento del deber que le corresponde de presentar oportunamente el pagaré para su cobro. No obstante, no será necesario demostrarlo:

  • cuando ejercite una acción directa contra el firmante y sus avalistas;

  • en caso de concurso del firmante -lo cual producirá, al mismo tiempo, el vencimiento anticipado del título-;

  • cuando se haya presentado al pago el documento y éste no se realice haciendo constar el firmante dicha circunstancia sobre el pagaré;

  • cuando media dispensa de protesto, a través de la introducción de la cláusula "sin gastos" o similar.

El protesto y la declaración sustitutiva

Fuera de estos cuatro supuestos, la acreditación de la falta de pago se hará normalmente a través del protesto notarial del pagaré (art. 51 LCCh). Salvo exigencia en contrario del firmante, se puede sustituir este requerimiento de protesto notarial por la llamada "declaración equivalente" regulada en el art. 51.II de la Ley Cambiaria.

El protesto notarial deberá practicarse en los ocho días hábiles siguientes al vencimiento, tratándose de una diligencia que consiste en el levantamiento de acta por el notario, al que se entrega el pagaré no pagado para su copia o reproducción, notificando el fedatario este protesto al librado dentro de los dos días hábiles siguientes para que, si lo desea y en otro plazo igual, comparezca en la notaría a examinar el título, pagarlo o manifestar lo que convenga a su derecho en atención al pagaré.

Por lo que respecta a la declaración equivalente al protesto, la Ley considera que producirá los mismos efectos la declaración del firmante que conste en el pagaré firmada y fechada en la que se deniegue el pago, así como la declaración, con los mismos requisitos, del domiciliatario o, en su caso, de la Cámara de Compensación en la que se deniegue el pago salvo que el firmante haya exigido de forma expresa el levantamiento de protesto notarial. Estos supuesto legales que eximen de la práctica del protesto notarial, así como el frecuente recurso a la declaración equivalente del banquero domiciliatario o la Cámara de Compensación bancaria han hecho que el protesto notarial haya caído en desuso.

La acción de regreso

De frente al impago y levantado el protesto o teniendo declaración equivalente, cualquier obligado por el pagaré contra el que se ejerza o pudiera ejercerse una acción cambiaria podrá exigir, a cambio del pago de su importe, la entrega del pagaré con el protesto, en su caso, y la cuenta de resaca con el recibí (art. 60). Para ello, la Ley ordena (art. 55) que ante el impago se advierta de tal vicisitud a los responsables en vía de regreso que lo ignoren, para que puedan adoptar las salvaguardas oportunas, entre las que puede tener cabida este pago del pagaré y de los gastos inherentes a su insatisfacción.

Este posible pago hecho por un endosante le faculta para repetir contra los que le preceden y contra el firmante, así como contra los avalistas de cualquiera de ellos; por su parte el pago hecho por un avalista le permite dirigirse contra su avalado y contra los que serían responsables frente a éste (los endosantes anteriores y el firmante y sus avalistas si los hubiera).

A estos pagos que realizan los responsables del pagaré (endosantes y avalistas) se les denomina "regreso cambiario" y pueden producirse al margen de procedimientos judiciales -por vía amistosa-. Por el contrario, si se hace recurso a la intervención judicial, se operará la acción de regreso a través del procedimiento cambiario que vemos a continuación.

El juicio cambiario

Los títulos cambiarios presentan como ventaja añadida el disfrutar de un procedimiento judicial especial y singularmente ágil para la tramitación de las controversias judiciales que se pudieran suscitar en su empleo, el juicio cambiario regulado en los artículos 819 a 827 de la LEC.

El legítimo tenedor del pagaré cuando se vea forzado a recurrir al auxilio judicial podrá optar entre dos tipos de acciones, las llamadas acciones cambiarias y las acciones causales. La diferencia fundamental entre ambas reside en el título jurídico que se esgrima en la tramitación: sea propiamente el pagaré, la letra de cambio o el cheque insatisfechos; o, si por el contrario, se recurre a la relación causal subyacente.

Las acciones causales derivan de las relaciones jurídicas subyacentes, cuyos pagos monetarios aplazados se documentaron a través del pagaré, la letra o el cheque. Con el pago del título y, en consecuencia, la extinción de la relación cambiaria, se produce la extinción de la relación causal. Por el contrario, en caso de que no se obtenga el cobro del título, la acción causal renace, pudiendo optar el acreedor entre exigir el cobro de su crédito por esta vía, o utilizar la acción cambiaria. Del mismo modo, si el título resulta impagado o se perjudica por culpa del tenedor, éste perderá tanto la acción cambiaria como la acción causal contra el deudor, ya que se ha producido también la extinción de la relación subyacente. Interesa recordar el art. 1170 CC que reconoce que la entrega de pagarés, letras de cambio u otros documentos mercantiles sólo producen efectos de pago cuando hubiesen sido realizados "o cuando por culpa del acreedor se hubiesen perjudicado". No obstante, en este supuesto conservará la "acción de enriquecimiento cambiario" que regula el artículo 65 de la Ley Cambiaria y que tiene una naturaleza híbrida.

La acción de enriquecimiento se establece como un correctivo que ofrece el legislador en un intento de evitar las eventuales situaciones de injusticia que se pudieran derivar de la aplicación estricta de la normativa cambiaria. De este modo, si el tenedor omite la realización de los actos que la Ley exige para la conservación de sus derechos (presentación al pago al vencimiento o en los dos días posteriores, levantamiento de protesto o declaración equivalente en caso de impago...), decae la responsabilidad de los obligados cambiarios, salvo el firmante.

Acciones cambiarias

Las acciones cambiarias pueden ser de dos clases: directa o de regreso. La acción directa es aquella que se dirige contra el firmante del pagaré o sus avalistas; mientras que la acción de regreso está dirigida contra cualquier otro obligado cambiario, es decir, los endosantes y los avalistas de éstos.

Mientras que para el ejercicio de la acción directa no es necesario el levantamiento de protesto, en tanto que el firmante se obliga pura y simplemente sin condicionar su responsabilidad a tal trámite; el ejercicio de la acción de regreso requiere haber protestado la letra ante notario o haber practicado la declaración equivalente, dentro de los plazos legalmente establecidos.

La Ley Cambiaria contempla la posibilidad de anticipar el ejercicio de la acción de regreso ante las circunstancias del art. 50 que hacen presumir el fracaso del pagaré desde antes de su fecha de vencimiento. Igualmente, son distintos los plazos de prescripción de ambas acciones: mientras que la acción directa prescribe a los 3 años del vencimiento, la acción de regreso prescribe al año del protesto o declaración equivalente.

Excepciones cambiarias

El procedimiento judicial para exigir por la vía cambiaria el pago de un pagaré, una letra de cambio o un cheque insatisfechos se caracteriza por la limitación de las excepciones que puede oponer judicialmente el deudor -sea en vía directa o en vía de regreso- al tenedor insatisfecho. Así, las excepciones oponibles en materia cambiaria están tasadas.

Solve et repete (paga y luego reclama) es el principio que se aplica en el funcionamiento de los títulos cambiarios. De modo que se propugna el pago oportuno del título y sólo una vez su importe se haya en poder del legítimo tenedor, se pasará a discutir sobre las eventuales correcciones que se deban aplicar a la deuda.

El demandado, sin embargo, podrá hacer uso de las excepciones taxativamente enumeradas en el artículo 67 de la Ley. Tales excepciones se dividen en: excepciones personales y excepciones cambiarias.

Las excepciones personales son las derivadas de relaciones jurídicas distintas a las cambiarias, es decir, se fundan sobre la base de las relaciones causales que originaron la creación o circulación del pagaré o bien de relaciones de otra clase que permiten al demandado hacer valer frente al reclamante su exoneración del deber de pago que se le reclama, sea éste total o parcial. Ya que el pagaré es un título abstracto y con autonomía de la posición acreedora, trata de ser independiente de la relación causal en razón de la cual se libra, la Ley Cambiaria permite esta defensa extracambiaria al deudor siempre que la excepción que esgrima se derive de una relación directa con el reclamante y no de vínculos con otros tenedores del pagaré.

Las excepciones cambiarias son aquellas que derivan del propio título, como se enuncian en segundo párrafo del artículo 67. Se trataría de los siguientes supuestos:

  1. La inexistencia o falta de validez de su propia declaración cambiaria, incluida la falsedad de la firma.

  2. La falta de legitimación del tenedor o de las formalidades necesarias del título conforme a lo dispuesto en la Ley.

  3. La extinción del crédito cambiario cuyo cumplimiento se exige al demandado.

Prescripción de acciones

Las acciones en vía directa contra el firmante prescriben a los 3 años desde la fecha del vencimiento. Las acciones del tenedor en vía de regreso contra los endosantes, prescriben al año desde el protesto o declaración equivalente o, en su defecto, desde la fecha del vencimiento en los pagarés "sin gastos". En el caso de que los endosantes hayan pagado el título y se dirijan contra otros o contra el firmante, su acción prescribirá a los 6 meses desde que aquél hubiera pagado el pagaré, o desde la fecha en que se le hubiera trasladado la demanda contra él.

Esta prescripción podrá ser interrumpida sometiéndose a las reglas del art. 1973 CC.

El pagaré electrónico

Pese a la ya considerada generalización de los títulos-valores y títulos afines emitidos de forma electrónica por lo que respecta a los títulos de transporte, la jurisprudencia ha tenido ocasión de pronunciarse sobre la posibilidad de emitir pagarés por vía electrónica, resolviendo negativamente.

Por lo que respecta a la letra de cambio emitida electrónicamente, el hecho de que se requiera compilar el modelo oficial formalizado de ésta para su validez hace que se robustezcan las razones para denegar su admisibilidad.

Pagarés especiales: pagarés del Tesoro, pagarés de empresa

Los pagarés del Tesoro conforman un tipo de valores mobiliarios de carácter inmaterial que no se plasman en un soporte documental, a diferencia de lo que ocurre con los pagarés cambiarios. Se trata, por tanto, de un título de deuda pública emitido por el Estado para obtener financiación, al igual que los bonos y las cédulas.

Los pagarés de empresa se encuentran más cercanos al pagaré cambiario. Se caracterizan por la naturaleza privada del firmante y la variedad de supuestos que se amparan bajo esa denominación, fruto del fenómeno de la llamada "titulización de créditos", o lo que es lo mismo, la tendencia a materializar mediante documentos las relaciones crediticias, aunque luego, en un paso posterior, la materialización se desvirtúe mediante la "virtualización", que es como se denomina a la incorporación a soporte electrónico de lo que se venía materializando en documentos. El pagaré de empresa se emite cuando un empresario beneficiario de un crédito con unas condiciones y un importe determinados, proceda a la emisión singularizada de uno o varios pagarés, vinculados a la devolución del crédito con sus intereses a los vencimientos fijados en el contrato.

No reciben esta consideración las "emisiones programadas" y masivas de pagarés en series que conceden los mismos derechos a cada unidad o ejemplar, las cuales se encuentran más cercanas a la emisión de valores mobiliarios de renta fija que a efectos de comercio.

El contrato de descuento (remisión)

Se trata de un contrato por el cual el banco descontante anticipa a su cliente, llamado cedente o descontatario -y que será el tenedor del documento-, el importe de un crédito no vencido que éste ostenta frente a un tercero, deduciendo del importe entregado los intereses que corresponden al tiempo que resta hasta la fecha de su vencimiento, recibiendo a cambio el banco descontante la titularidad del crédito cedido, y consecuentemente, la titularidad del pagaré. El banco pasará así a ser tenedor legítimo del título y podrá exigir el pago a su vencimiento, como si se tratase de un endosatario más de la relación.

En caso de necesidad de liquidez y estando en disposición de títulos cambiarios, los acreedores tenedores de pagarés y letras de cambio pueden acudir a esta fórmula contractual para conseguir la realización del importe consignado en el título sin tener que esperar a su vencimiento. Obviamente, este anticipo de su cobro tiene un precio (descuento) con el que se materializa el beneficio que obtiene la entidad bancaria de la prestación de tal servicio.

La letra de cambio

La letra de cambio es un título-valor, formal y completo, a través del cual una persona -llamada librador- ordena a otra -llamada librado- a que realice un pago a favor de un tercero designado en el documento -que se denomina tomador-, en el lugar y momento señalados. De este modo, se abandona la estructura bilateral del pagaré, por la que -en principio y salvo endosos y avales- se liga sólo a dos sujetos; para pasar a una estructura triangular, en la que los sujetos mínimos (al menos formalmente) de la relación serán tres: librador, librado y tomador.

Características:

  • Título de pago: se ordena el pago de una suma de dinero.

  • Materializa una orden o mandato de pago: el librador ordena al librado que cumpla un pago a favor de la persona que designe el título.

  • Plazo temporal entre el libramiento y el vencimiento: pese a poder ser libradas "a la vista", lo normal es que medie un plazo.

  • Título formal: debe ser completado en un formato oficial.

Evolución histórica y situación actual

El desarrollo de la regulación en España recibió influencia francesa y adquirió una posición dominante en la normativa de las Ordenanzas de Bilbao y el Código de Comercio.

Función económica

Cumple la función principal de permitir el desplazamiento de un crédito que el librador tiene contra el librado sin necesidad de recurrir a las estructuras más rígidas propias de la cesión ordinaria. Así, a diferencia del pagaré, el librador incorpora al título un derecho de crédito que éste tiene previamente contra el librado; en cambio, en el pagaré, el firmante, en lugar de efectuar el pago de la deuda que tiene con el beneficiario, le extiende el título en el que se articula un aplazamiento de la realización del pago debido. Así, la letra de cambio sirve de instrumento de crédito en las relaciones comerciales entre empresarios.

Igualmente, cumple cierta función de garantía del pago del crédito que en ella se instrumenta. Cada uno de los sujetos que firma la letra (librador, librado, endosantes, avalistas) se compromete a responder del buen fin de la letra.

Elementos subjetivos: librador, librado, tomador, endosatario, avalista

El librador es la persona que emite la letra de cambio y que responde del pago de ésta. Aparece como acreedor en la relación subyacente, ostentando un derecho de crédito contra el que será librado en la letra de cambio. Su posición jurídica en el documento es la de mandante, es decir, ordena al librado a que realice un pago a un tercero -tomador-, con la cuantía, momento y lugar determinados en el título.

El librado aparece como deudor de la letra y como persona que en principio, debiera responder de su pago. Se debe subrayar, por tanto, que esta obligación de pago no la asume realmente hasta la aceptación, que se realizará firmando la letra de cambio girada a su nombre.

El tomador es la persona a favor de la cual el librado deberá atender a la orden de pago del librador. Se trata, por tanto, del legitimado a exigir del librado el pago de la letra. La mención de esta persona es obligatoria, es decir, la letra deberá contener "el nombre de la persona a quien se ha de hacer el pago o a cuya orden se ha de efectuar", al menos, en el momento del vencimiento.

El endosante/endosatario: el tomador de la letra puede transmitir ésta a otros sujetos, que pasarán a estar legitimados para el ejercicio del derecho de crédito que incorpora.

El avalista: sujetos externos a la relación cambiaria pueden intervenir garantizando el pago de cualquiera de los sujetos que firman el documento y frente a aquellos a los que ha de responder.

Elementos formales: mandato de pago, modelo oficial, timbre

La letra de cambio es un título formal de modo que "el documento que carezca de alguno de los requisitos que se indican en el artículo precedente no se considera letra de cambio" -artículo 2 LCCh-, siempre que no se trate de circunstancias subsanables. Los requisitos son:
  1. La denominación de letra de cambio inserta en el texto mismo del título, expresada en el idioma empleado para su redacción.

  2. El mandato puro y simple de pagar una suma determinada en euros o moneda extranjera convertible admitida a cotización oficial. El modelo oficial invita a mencionarla dos veces -en letra y en número-.

  3. El nombre de la persona que ha de pagar, denominada librado. Puede ser persona física o jurídica. En caso de varios sujetos, se considera que están llamados solidariamente. La letra se podrá girar también a la propia orden.

  4. La indicación del vencimiento. Podrá indicarse a fecha fija, a un plazo contado desde la fecha, a la vista o a un plazo contado desde la vista. En el caso de que no se mencione expresamente en el formato, la letra se entenderá pagadera a la vista.

  5. El lugar en que se ha de efectuar el pago. Normalmente se estipulará que la letra de cambio será pagable en un establecimiento financiero en el que el librado tiene cuenta con fondos disponibles, esto es, se librará la letra con domiciliación bancaria -domiciliación perfecta-. También se podrá fijar como lugar de pago el domicilio de cualquier otro tercero, en cuyo caso se deberá reclamar a éste el pago, salvo que exprese que pagará el propio librado. En el caso que no haya indicación sobre el lugar de pago, se entenderá el del domicilio del librado, que figure junto a su nombre.

  6. El nombre de la persona a quien se ha de hacer el pago o a cuya orden se ha de efectuar, esto es, la designación del tomador. Del mismo modo se indicará si éste tiene facultad de ceder la letra, lo cual se presume salvo prohibición expresa -"no a la orden"-. La designación del tomador es requisito imprescindible.

  7. La fecha y el lugar en que la letra se libra. La fecha sirve para precisar en ciertos tipos de vencimiento cuándo tiene lugar éste; por su parte, la relevancia del lugar de emisión se considerará para determinar el OJ al que se somete la emisión y la capacidad del firmante. Si no indica el lugar de emisión, se considerará librada en el lugar designado junto al nombre del librador.

  8. La firma del que emite la letra, denominado librador. Éste podrá firmar por sí o por representante.

El modelo oficial en papel timbrado incorpora, además de los requisitos, el pago del impuesto, que será proporcional a la cuantía y vencimiento fijados en la letra. La falta de timbre implicará que el título carezca de eficacia ejecutiva, perdiendo los caracteres propios de los documentos cambiarios y sirviendo exclusivamente como instrumento de prueba para reflejar un crédito y sus respectivas cesiones.

Similitudes y diferencias con el pagaré

Algunas reglas de funcionamiento son estrictamente idénticas -endosos, avales, juicio cambiario...-, derivando sus principales diferencias de tratamiento jurídico de la diferente estructura de ambos títulos, al ser la letra una orden de pago y el pagaré una promesa.

La premisa de la aceptación de la letra por el librado para que éste asuma obligación cambiaria es la principal diferencia existente entre la letra y el pagaré. En el pagaré, el firmante asume el deber de pago con su firma. En cambio, en la letra, el sujeto que emite el documento es distinto del que ha de pagar, librado, por lo que éste deberá aceptar expresamente la obligación.

Otras diferencias relevantes:

  1. Con el endoso de la letra de cambio, el endosante garantiza la aceptación y el pago, salvo cláusula en contrario, en cambio, en el pagaré, los endosantes sólo pueden adquirir el compromiso por el pago, al no existir la aceptación.

  2. En el caso de que no se indique en el aval el sujeto al que se avala, en la letra de cambio se considerará que el aval se realiza al librado aceptante y, en defecto de éste, al librador. En el pagaré, el defecto era a favor del firmante siempre.

  3. En la letra de cambio, el vencimiento a un plazo desde la vista se determinará desde la fecha de aceptación o, en defecto de ésta, por la del protesto o declaración equivalente. Por su parte, en el pagaré, tal trámite se cumple insertando en el documento la indicación "visto" o equivalente.

  4. La letra de cambio puede ser girada contra dos o más librados.

  5. Cesión de la provisión. Consiste en que a través de ella el librador cede al tomador de la letra también los derechos que corresponderían a éste respecto del librado sobre la base de la relación causal que une a ambos. Esta cesión de la provisión se rige por las normas de la cesión ordinaria de créditos y legitima al cesionario a ejercitar las acciones causales que tendría el cedente, quien se verá sometido, consecuentemente, a las excepciones que el librado podía interponer frente al librador sobre la base de la relación causal.

  6. Se admite la posibilidad de librar letras de cambio en pluralidad de ejemplares.

La aceptación. Concepto y función. Presentación a la aceptación. Actitudes del librado requerido para aceptar. Falta de aceptación y consecuencias

La aceptación se puede definir como la manifestación pura y simple que realiza el librado comprometiéndose a cumplir el mandato de pago que recibe del librador y que figura en el documento. La aceptación puede indicarse en cualquier momento anterior al vencimiento del título. Con ello robustece las probabilidades de cobro de la letra, ya que el tomador sabrá que cuenta con la vinculación expresa del llamado a pagarla y no sólo con la responsabilidad del librador.

La aceptación debe hacerse constar en la misma letra o en un suplemento, si bien, lo normal será su aceptación en el formato de la letra, que reserva un espacio para la firma del librado. En caso de duplicados, puede ponerse en cualquiera de los ejemplares, pero sólo en uno, pues de lo contrario podría significar la asunción de más de un compromiso de pago. Por ello mismo, en las copias tampoco se indicará la aceptación.

Para que sea válida, se ha de indicar al menos la fórmula "acepto" o expresión equivalente, acompañada de la firma autógrafa del librado o su apoderado. Se presume que se ha aceptado la letra simplemente con la consignación de la firma del librador en el anverso del título. La fecha no es imprescindible, salvo que por ella se deba determinar el vencimiento. En tales casos, será preciso el protesto para acreditar la fecha en el caso de que el aceptante no la haga constar o no acepte la letra.

La aceptación no puede quedar condicionada, es decir, ha de ser una declaración incondicionada de asumir el pago de la letra, pudiéndose, no obstante, aceptar el pago de parte de la letra.

En el caso de entrar la letra en circulación sin haber sido aceptada por el librado, se considera la facultad del tomador y sucesivos tenedores de presentar la letra a la aceptación. Ello salvo que el librador -o, a veces, los endosantes-, hayan establecido un plazo para la presentación, que deberá observarse pues, de lo contrario, se extinguirá su responsabilidad por el buen fin de la letra. Esta facultad de presentación a la aceptación, en cambio, deviene obligación en las letras con vencimiento a un plazo desde la vista, para, a partir de ella, determinar el vencimiento. La presentación ha de hacerse a la persona del librado en el lugar de su domicilio.

El librado requerido de aceptación podrá adoptar alguna de las siguientes posiciones:

  • Aceptar, pura y simplemente, la letra por todo su importe: "por la aceptación el librado se obliga a pagar la letra de cambio a su vencimiento" -artículo 33 LCCh-.

  • Aceptar parcialmente, significa que se compromete al pago de una cantidad inferior a la consignada en el título. Por el resto, el portador tendrá que actuar contra los demás responsables de la falta de aceptación.

  • Solicitar un período de reflexión de 24h para decidirse, en función de la confirmación de la situación de su relación causal con el librador.

  • Negar la aceptación, haciendo constar en la letra y dando -o no- razón de su negativa. De este modo se acreditará que la letra fue presentada a la aceptación, no siendo necesario el protesto para demostrarlo.

  • Negar la aceptación sin hacerlo constar en el documento. Este caso exigirá algún medio para acreditar que el tenedor presentó la letra a aceptación.

  • El artículo 34 LCCh considera la posibilidad de arrepentimiento del aceptante, al estimar que cuando el librado tuviere en su poder la letra para su aceptación, la aceptare y antes de devolverla la tachare o cancelare la aceptación, se considerará que la letra no ha sido aceptada; presumiéndose que la cancelación se ha hecho por el propio librado antes de la devolución del título.

Sólo a través de la aceptación el librado asume el compromiso de pagar la deuda cambiaria, sumándose al círculo de los obligados cambiarios como deudor directo y principal. En el caso de negarse a la aceptación, por el contrario, no quedará obligado por la letra, aunque se le pudiera exigir responsabilidad extracambiaria en el caso de que haya faltado a algún deber que tuviera sobre la base de sus relaciones con el librador.

La no aceptación revela también una predisposición evidente a no hacer frente al pago de la deuda a su vencimiento, la cual es considerada suficiente para que el tenedor pueda exigir el pago anticipado de la letra a los responsables en vía de regreso. Para ello se debe acreditar mediante protesto notarial haber intentado inútilmente la aceptación.